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Adoum Jorge

Ciudadano libanés que arribó como inmigrante a Guayaquil, a principio de la década de los años 20 a fines de los 10. Cuando el Imperio Turco fue derrotado en la gran guerra del 14 al 18, Francia tomó a cargo el Líbano, en calidad de protectorado.

Gobernaba el Emir Faisal y Adoum fue su secretario, pero algo pasó y tuvo que huir perseguido por los nacionalistas y las autoridades Francesas; pasó al Cairo y de allí, por el desierto del Sahara, llegó a España, de donde salió en barco para el Ecuador, llamado por un hermano que vivía en Ambato. En Guayaquil se enfermó y el Abel Gilbert lo trató por tuberculosis, dándole tres meses de vida. Siguió a donde su hermano en Ambato y allí se casó con Juana Auad Barciona, de baja estatura, blanca viuda de Luis Villamar, con dos hijos, con quienes vivía en Machala. Sus hijos Villamar quedaron con sus abuelos maternos, pero luego viajaron a Ambato.
El matrimonio tuvo cinco hijos y en Ambato Adoum publicó su traducción del árabe del poemario “Las Alas rotas” de Khalil Gibrán. Pintaba con estilo impresionista y también hacía esculturas. No le gustaba el comercio y en los días de feria, que iban muchos indios al almacén a comprar, antes de que preguntaran les contestaba que no tenía nada en venta, para que no lo interrumpieran en sus actividades creativas. Su señora tuvo entonces que darse tiempo para el hogar y el almacén. También hizo él poemas en español y composiciones musicales, entre ellas un “Ave María”. Tocaba el Lamud y el violín muy bien y practicaba en casa.

Estudió medicina naturalista en Ambato y poco a poco fue descubriendo su verdadera vocación hacia las ciencias ocultas (hipnotismo, magnetismo y sugestión) y puso consultorio en la sala de su casa. Por lecturas vagas sobre el esoterismo y el rosacrucismo. En 1935 se trasladó con su esposa e hijos a Quito, compró una casa habitación pequeña el 10 de Agosto y 18 de Septiembre e instaló un consultorio en el Pasaje Miranda. El 37 fue llamado por el Dictador Federico Páez, que tenía una enfermedad grave y como lo curó, éste le preguntó: ¿Qué desea Doctor? Pídame lo que quiera. Deme usted la autorización para ejercer libremente en Quito. 

Y así pudo seguir trabajando libremente. Muchas gentes cuando lo veían en la calle se le arrodillaban, otros le besaban las manos. Escribía mucho y a mano y sus hijos le pasaban en limpio. La editorial Kier de Buenos Aires se las publicó en una colección de más de 41 tomos, también se tradujeron al portugués y a otros idiomas. En Ambato había publicado una revista sobre Ciencias Ocultas. Figura en los almanaques astrológicos de América Latina y en los Diccionarios Esotéricos. El 45 viajó solo a Chile donde permaneció cuatro meses porque no encontró ambiente propicio. Siguió a la Argentina el 46 y luego de un año se estableció en el Brasil. Allí murió en la década de los años 50, sin sus familiares que habían quedado en Quito. El 45 se encontró en Chile con su hijo el poeta Jorge Enrique Adoum y estuvieron juntos en algunas ocasiones, reconciliándose.

Era un hombre extraño, en familia era cariñoso y se hacía querer, pero tenía una disciplina rígida y no le gustaba que se hablara en la mesa. Nunca gustó del comercio pero como naturista hizo dinero y vivió con comodidades. Su vida fue una desgarrada búsqueda permanente por lograr su vocación, que al final encontró y abrazó totalmente.

Sus ojos negros y profundos, tenían poderes magnéticos, por eso las gentes le respetaban en la calle y cuando paseaba para los carnavales con su señora del brazo, la mojaban a ella pero nunca a él. Su estatura elevada, alta, imponente, su mirada penetrante, bigote pequeño y negro, luego se hizo calvo. En Ambato tenía reuniones en su casa con otros amigos árabes. En Quito con los Chediack, con Juan Thone, etc.
Hablaba árabe, francés y entendía el inglés. Fue un intelectual siempre. Se desconoce dónde están sus restos. Sobre el poeta joven César Dávila Andrade, en sus últimos años logró influir mucho. El Fakir, nombre que recibiera porque nunca jamás nadie le vio comer nada, ni en público ni en privado.
Aunque bautizó a todos sus hijos en la religión católica, nunca fue practicante. El Líbano había sido cristiano maronita ortodoxo, como todos los de su raza.