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Alcázar Ascázubi de García Mariana

Doña Rosa Ascázubi tenía una sobrina casi niña, quien se educaba en uno de los conventos de monjas. García Moreno se enamoró de ella, y este amor fue una de las causas de la tragedia de que acabamos de hablar, como lo comprobó el mismo sin escrúpulo. Pocos días después del fallecimiento de la esposa, solicitó la mano de la sobrina al padre de ésta; pero él se negó a concederla. La muchacha había vivido algunos días en casa de García Moreno mientras vivía la señora Ascázubi por vacaciones que concedieron las monjas y entonces fue cuando comenzaron los amores.

El 1 de Abril de 1866 cinco meses después del fallecimiento mencionado, García Moreno salió de la casa sin corbata, cosa que llamó la atención y como el Sr. Alcázar estaba ausente sacó raptada la niña, llevó al templo, obtuvo la bendición nupcial en presencia de los padrinos Don Juan Aguirre y  Doña Leonor Klinger y se alojaron los desposados en casa de una amiga de García Moreno, la señora Rafaela Jaramillo quien vivía en donde ahora es Palacio Arzobispal. De allí se trasladaron a la Carolina, hacienda de los padrinos. Las hermanas de la primera esposa, tías de la recién desposada, comprendieron, de lleno el envenenamiento y tomaron una de esas venganzas tristes, la única que estaba a su alcance, en una carretilla de mano, amontonaron ropa vieja, zapatos, calzoncillos, pantalones y le enviaron a García Moreno, con el siguiente recado: “Le devolvemos el caudal que aportó ud.  en su primer matrimonio” A los pocos días del casamiento, apareció en la ciudad un periodiquillo satírico titulado “El Marcelino”, en el que en frases indirectas, se hablaba de los crímenes narrados.