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Almeida Eduardo

Doctor en Jurisprudencia el 10 de Junio de 1927

Abismal, el mundo pictórico de Eduardo Almeida – vayan a verlo este jueves en la Galería D’Art, parece centrarse en la inquisición de las formas primarias, en las arcanas estructuras donde la vida cobra asidero, en las figuraciones orgánicas de lo vegetal y lo acuático, en la pesadilla y el sueño, símbolos extremos de una realidad en descomposición, en perpetuo cambio.

Almeida trabaja con pasión, casi con desesperación, la acuarela, género urgente y necesitado de rápidas soluciones, de instantáneos alumbramientos. Todo transcurre, en el mundo de este creador, como visto a través de innumerables, multiplicados cristales: líneas traslúcidas que rompen abruptas el universo de las formas apenas perceptibles, y que nos devuelven una y otra vez, de manera distinta, contradictoria, en sucesivas visiones, la vasta extensión de su inquisiciones cromáticas.

Almeida, que no ha dejado la pintura a pesar de su dedicación a los quehaceres teatrales, está como centrado, en este instante de su evolución creativa, en el descubrimiento de las estructuras más elementales que sustentan la materia y la vida, cuanto también lo anímico y las revelaciones recónditas del inconsciente. De ese caos, de todo eso latente, espectral y quizá amenazante, se vislumbra un proceso que, conforme se vaya profundizando, nos entregará nueva formas, una concepción cada vez más clara de la realidad circundante, tal cual es también, de algún modo, la evolución de la naturaleza y de toda existencia.

Por el momento, ha cortado sus amarras; libre de ataduras, navega enfrentando a lo desconocido. Acosado, tal vez, por agobiantes preguntas, Almeida recala en lo abstracto, y sus colores son limpios, trabajados hasta lograr un matiz preciso que nos habla siempre de inicio, de punto de partida de un mundo en que todo está por hacerse o por descubrirse. La poesía, en su sentido de apropiación más extrema, y acaso más lícita, del universo, está como omnipresente en las visiones de Almeida, llenas de formas que aparecen y desaparecen.
Conocido sobre todo por su trabajo como hombre de teatro, la pintura es la vertiente menos conocida en la trayectoria de Eduardo Almeida y, sin embargo, no se trata, en su caso, de una actividad  accesoria, aleatoria.

Fue el gran novelista cubano, Alejo Carpentier, quien recomendó a todo creador la convivencia de ejercer un arte paralelo: la fotografía, por ejemplo, o la música, como en el caso de Cortázar. Pocos, no obstante, parecen haber recibido el don de la ubicuidad artística, el poder realizarse, con igual eficacia, en dos o más dimensiones del quehacer creativo.

Lograr aquello, es algo relacionado con la pasión por el hombre y las cosas; un exceso de posibilidades, de mundos por expresar. En el fondo, hay un intento por aprehender e interpretar la realidad desde las más distintas perspectivas, y late en ello un profundo sentido humanista, un ademán de solidaridad dirigido al resto de la especie, puesto que el arte es, ante todo, un compartir y una comunicación.

Uno de esos casos privilegiados constituye el de Eduardo Almeida. En su actividad teatral, ha sido por más de tres lustros Director del Teatro Experimental Ecuatoriano, Director Ejecutivo del Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral (CELCIT), filial del Ecuador, y presidente del Centro Ecuatoriano del Instituto Internacional del Teatro (ITI). Ha participado en múltiples festivales y talleres teatrales y, entre obras, ha escrito obras como “Oratorio para una muñeca”, “Crónica de la vieja banda”, “Misterio Barroco”, etc.. Investigador, tiene ensayos como “El teatro popular en el Ecuador” y “El niño y el teatro”, documentos que recogen experiencias individuales y colectivas. Trabajos en torno a la evolución del teatro en el Ecuador y acerca de las manifestaciones campesinas en este campo se encuentran listos para ser publicados. Larga y memorable es la lista de los montajes teatrales que ha dirigido.

En el campo pictórico, ha presentado diversas exposiciones, particularmente en Quito y Guayaquil. La muestra que Eduardo Almeida presenta el próximo jueves permitirá conocer, desde un sorpresivo ángulo, y habida cuenta de que el expositor atraviesa un momento de renovación de su actividad creativa, las preocupaciones más agudas de un reconocido y polifacético artista.