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Almeida Manuel

Del ya legendario padre Almeida, el de las salidas nocturnas del convento hacia turbias aventuras, haciendo de una talla del crucificado escalera, y a quien Cristo preguntara “¿Hasta cuándo padre Almeida?”, recibiendo por respuesta del fraile, entre cínico y gracioso; “Hasta la vuelta, Cristo mío”, se conserva una décima. Para cuando la compuso, ya fray Manuel Almeida – que este es el nombre del famoso personaje – , recoleto de San Diego y Visitador de Provincia a finales del XVII, debe haberse convertido de sus andanzas de mocedad. Porque esa décima devota dice así:

 “A vos se deben, señor, por vuestro infinito ser, Todo amor, todo querer, toda alabanza y honor. Oh, sí se hallara mi amor en tan encumbrada esfera, que, sí que nada quisiera y sin que nada esperara, a Vos, por Vos, os amara, a Vos, por Vos, os temerá”.

El P. Fray Manuel Almeida nació en 1646; entró en el noviciado de los franciscanos a os diecisiete años y profesó en 1664. De sus tan traídas escapadas nocturnas apenas hay constancia histórica; hay, en cambio, tradición sólida y constante de su fama de santidad , con la que se obró un proceso mitigador, (Y acaso la operación  mitigadora de esa santidad penitente exigía, por necesidades épicas, para que se diese la serie pecados, conversión, penitencia, santidad, la otra parte del mito, la del tránsfuga sensual e inescrupuloso), La fama de santidad de fray Manuel se vinculó a un lugar, como escenario de sus excesos penitentes: el sitio  Llamado “Miraflores”, extramuros de la Recolección de San Diego, hacia la cantera del Pichincha. Nuestro personaje escribió, además de la décima ya dicha, un “Viacrucis” y un “Novenario del Niño”