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Alvarado Olea Teodoro

En este Junio se cumple un cuarto de siglo de la prematura partida del inspirador de esta revista, el doctor Teodoro Alvarado Olea. En la inmensidad sin orillas del tiempo que fluye sin pausa y sin prisa, parece que fue ayer. Veinticinco años son suficientes para que nuestra mirada se llene de justicia y objetividad.

En esa perspectiva, el juicio acerca del fundador ratifica y consolida todo cuando se ha dicho y escrito antes respecto de él.

Teodoro Alvarado Olea nació a comienzos de siglo en Manta, población en la cual se dibujaron sus primeros sueños. Domiciliada su familia en el solar guayaquileño, se formó aquí como un mozo prometedor, graduándose de bachiller en 1921. Pronto lo atrajo la política. Lo inclinaban hacia ella sus estudios en ciencias sociales y jurídicas, lo mismo que la impaciencia febril de su ardiente corazón. Integró la Asamblea Constituyente de 1928 – 1929 que dictó una nueva carta Fundamental muy progresiva y legalizó la jefatura suprema del gran médico lojano, Isidro Ayora. Casi una década más tarde, el doctor Alvarado Olea integraba el gabinete del general Alberto Enríquez Gallo, como Ministro de Educación. Los criterios respecto de ese gobierno coinciden en afirmar que fue honesto, respetable, rico en realizaciones aunque de fugaz ejercicio. Alvarado Olea dejó una huella perdurable de su paso mediante la promulgación de una nueva Ley de Educación Superior. Enríquez convocó a una Convención, reunida en 1938. Ante ella declinó sus funciones y la Asamblea designó entonces como Presidente Interino a Manuel María Borrero. Había ganado con un solo voto de diferencia al otro candidato, Alvarado Olea, quien ese mismo año fue designado Rector del Colegio Nacional “Vicente Rocafuerte”. Ese rectorado fue una de las épocas de oro del añoso establecimiento. Su dirigencia invitó a los intelectuales más prestigiosos de la ciudad a honrar la docencia vicentina, sin tomar en cuenta ni colores políticos ni diferencias ideológicas. Alvarado Olea conducía al Colegio con mano paternal pero enérgica. Se imponía por su alma más que por su ademán. Era 1941 un año excepcional. Se cumplía el centenario del Instituto nacido de los desvelos de quien lleva su nombre, don Vicente Rocafuerte. Con esa ocasión fue convocado en Guayaquil el primer Congreso de Educadores Secundarios, dándose realización a una programa amplio y fecundado. 

La guerra con el Perú constituyó el acontecimiento que nos llenó de pesares y rebeldías en ese pretérito que los bachilleres de la época recordamos con inmenso amor. Con la muceta recién estrenada, tras haberme graduado en el “Vicente Rocafuerte”, me matriculé en la facultad de Jurisprudencia, en cuyo primer curso encontré de nuevo al doctor Alvarado Olea como mi profesor de Derecho Político, asignatura que mucho lo entusiasmaba. Fue años después nuevamente Ministro, esa vez de Economía, en el interinazgo feliz de don Carlos Julio Arosemena Tola, allá en 1947 y 1948. Volvió a esa cartera en 1961, cuando su hijo, Carlos Julio Arosemena Monroy, en su condición de Vicepresidente de la República, sucedió a Velasco Ibarra, Presidente por cuarta vez.

La otra dimensión de la existencia de Alvarado Olea fue el periodismo. Cuando seguía estudios superiores fundó el semanario universitario “La Idea” con Antonio Parra Velasco, José de la Cuadra, Colón Serrano y otros jóvenes de los años veinte. Más tarde los encontramos como conductor de “Artes Gráficas Senefelder”, momento propicio para que reviviera sus anhelos de lanzar a todos los vientos del país una publicación nueva. Dice una conocida expresión que es hermoso para el hombre realizar en la madurez los sueños de la juventud. Ese fue su caso al convertirse en 1957 en suscitador, en aliento fermental de la revista VISTAZO dirigida desde ese año hasta hoy por su hijo, Xavier Alvarado Roca. El padre, feliz de proyectar en sus descendientes los mejor de sí mismo, fue su consultor, su consejero, su guía. Era la etapa en la cual esta revista se imprimía con viejos linotipos de plomo y se encuadernaba a mano. Se escribía más que todo con el corazón iluminado con el deseo de una Patria mejor. Nada hacía presumir que estaba cercana la partida de su fundador, que escribió el último editorial pocos días antes de que cayera en forma imprevista la pluma de sus manos.

Han pasado cinco lustros y año tras año se lo sigue, se lo seguirá recordando en ésta, su casa. Se actualiza su memoria especialmente en Junio, mes en que apareció VISTAZO, mes en que seis años más tarde, él se alejó de nosotros.

Con su remembranza, ligada indisolublemente a él, reaparece su esposa, la compañera de triunfos y esperanzas comunes, doña Amelia Roca. Ambos duermen su sueño interminable en el Camposanto de Guayaquil. Ambos fueron sembradores. Por eso su obra no ha terminado con su muerte. Se prolonga en el mañana y en el pasado mañana. Crece con el tiempo. Se multiplicará en el porvenir.

PERIODISTA DR. TEODORO ALVARADO OLEA
Por Dr. Francisco José Correa Bustamante

El Dr. Teodoro Alvarado Olea nació en el Puerto de San Pablo de Manta, provincia de Manabí, el 20 de enero de 1902. Su educación primaria la recibió en el colegio de los Hermanos Cristianos y la secundaria en el “Vicente Rocafuerte”. Ingresó a la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Guayaquil, donde se graduó con honores de doctor en leyes, el 19 de agosto de 1932.

Fue un destacado jurista y maestro de Derecho Político. Cumplió tareas educacionales, Diplomáticas y Administrativas. Ejerció con gran empeño y honestidad suma, los Ministerios de Economía y Educación Pública. Recorrió el país, informándose personalmente de las necesidades culturales, recibiendo al concluir sus funciones, el aplauso y reconocimiento de todos. En la provincia centinela de nuestra serranía sur: Loja lo denominó el primer maestro de nuestra frontera, por su constante preocupación en dotar de excelentes maestros para dichas comarcas.

El Dr. Teodoro Alvarado Olea, fue un diplomático de verdad, con el rango de Embajador nos representó en las Naciones Unidas en 1951. Aprovechó su permanencia en la ciudad capital del mundo: New York, para estar junto a nuestros compatriotas que por aquella época llegaban ya a los tres mil (Hoy más de trescientos mil). En la prestigiosa institución “Ecuador Sporting Club”, la misma que en noviembre próximo cumplirá 52 años de existencia, dictó una brillante conferencia sobre “El 9 de Octubre de 1820”.

El maestro Alvarado Olea tuvo una innata inclinación por las letras, manifestada a través de su fructífera existencia. Su tarea periodística la inauguró cuando en compañía del gran maestro e internacionalista, fundador de la escuela de diplomacia de la Universidad de Guayaquil, Dr. Antonio Parra Velasco, y del erudito periodista Lcdo. Colón Serrano Murillo, fundaron el seminario Universitario “La Idea”. En Junio de 1957, fundó “Vistazo” publicación considerada nacional e internacionalmente. La primera del País, su tiraje sobrepasa con holgura los cien mil quincenales y me consta como en el exterior es vendida “como pan caliente” en busca de una información veraz y oportuna. En esta revista el Dr. Alvarado Olea ejerció las funciones de Co – Director y Editorialista hasta el día de fallecimiento ocurrido en Guayaquil el 11 de Junio de 1963, es decir hace veinticinco años.

Rosas y claveles en la tumba de preclaro compatriota, cuya luminosa y fecunda obra periodística, la continúan con singular acierto sus hijos y colaboradores, brindando al país el deleite de un periodismo ágil y orientador.

– En 1963 miembros del Gabinete del Dr. Carlos Arosemena Monroy: Ministro de Economía Dr. Teodoro Alvarado Olea – 
Licenciado en Ciencias Sociales el 23 de Septiembre de 1929
Doctor en Jurisprudencia en 1932
Rector del Colegio Vicente Rocafuerte
Ministro de Instrucción Pública – 1938
Profesor del Colegio Vicente Rocafuerte – 1925