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Andrade Arbaiza Francisco

En 1922 se inició la radio afición en Guayaquil y por primera vez en todo el Ecuador, fundándose de manera formal, el 9 de Mayo de 1923, el Guayaquil Radio Club, que ocupó después un pequeño local en el histórico Colegio Nacional Vicente Rocafuerte, en la esquina de Clemente Ballén y Chile, planta baja, entidad que agrupó a los pioneros de la radio afición de nuestra ciudad.

Los iniciadores de este primer Radio club en nuestro país el tercero en América Latina después de Argentina y Chile y el octavo en el mundo fueron: Arturo González, Leoncio Marín L., Carlos Enrique Bourne A., Gilbero Mancero, Guillermo Dario Maldonado, entre otros.

Todo esto parece indicar, por los datos que hemos conseguido, que la historia de la Radiotelefonía Guayaquileña comenzó con las modestas experimentaciones de un pequeñísimo grupo de radioaficionados, contados como los dedos de la mano. Citaremos, por ejemplo, al Dr. Francisco Andrade Arbaiza, médico especializado en electroterapia; Dr. Carlos Noboa Cooke, dentista graduado en los Estados Unidos; pepe Morla, que vivía frente al Teatro Edén (9 de Octubre y Chile); Dr. Herman Parker, cirujano estadounidense; Víctor Manuel Janer, comerciante español; Dr. Roberto Leví Hoffman, químico alemán; Honorato Zavala; Dr. Julio Navarro; dentista; Ricardo Morán Pereira; radiotelegrafista, Mr. John Mark Reed, Geo Chambers Vivero, Carlos Dolcci, empleado de la Empresa Eléctrica; Justo P. Campaña, Félix Vacas Cherres, Fausto Rodas, estos tres últimos sobrevivientes, y algunos otros más cuyos nombres se nos escapan.

Los ensayos de este reducido grupo al principio de experimentadores guayaquileños y extranjeros fueron realizados de su propio peculio, con su propio esfuerzo, sin ayuda oficial, como correspondía a su condición de aficionados o radiofans. El gobierno ecuatoriano todavía no había reglamentado estas actividades en los primeros momentos.

MAS ANTECEDENTES
Decíamos que en 1922 habían principiado en Guayaquil los ensayos de los radioaficionados, en los que tomaron parte no sólo radioaficionados, en los que tomaron parte no sólo radiotelegrafistas de la época, sino también unos pocos jóvenes entusiastas de nuestra ciudad. Es que por esos años el puerto comercial de Guayaquil no podía ser una excepción en la radio, la gran novelería del mundo a comienzos del presente siglo.

La radio dejó así de ser “un simple juguete electromecánico”, como hasta entonces , en los famosos tiempos de los aparatos de “galena” (piedra de sulfuro de plomo, al natural), que eran receptores rudimentarios construidos en unas cajas vacías de cigarros, con sus torturadores auriculares o audífonos y los infaltables ruidos atmosféricos o estáticas. Pasó a constituirse después en parte de nuestra vida y pieza cotidiana fundamental de la sociedad mundial, en algo sin lo cual en nuestros días ya no seríamos capaces de vivir.

Los “radioaficionados”, por lo tanto, fueron los verdaderos precursores de la investigación en el campo de las comunicaciones inalámbricas, especialmente en la onda corta, y, lógicamente, ellos surgieron mucho tiempo antes que la Radio Comercial se estableciera en Guayaquil desde 1930.

PRIMEROS RADIORRECEPTORES
Según nuestras propias investigaciones, los primeros aparatos receptores de radio se introdujeron a Guayaquil por los años de 1925 a 1927. Contaba el Sr. Jorge Phillippe M., exgerente de los almacenes Reed Reed, de Quito, gran propulsor del folclor nacional y persona que estuvo vinculada con la radio ecuatoriana, el siguiente curioso episodio: “Cuando llegué del exterior a Guayaquil, el 5 de Julio de 1927, la declaración que había preparado para la Aduana, decía efectos personales y un radio. Los empleados que me atendieron tímidamente me preguntaron qué era eso de radio. Les expliqué que se trataba de una especie de teléfono sin alambres y de una sola vía, algo así como un fonógrafo sin discos en que se podía oir, hablar y escuchar música con solo prenderlo. Sonrieron discretamente cambiándose miradas de duda y de burla. ¡Creyeron que estaba loco!”

EL RADIOAFICIONADO DR. ANDRADE ARBAIZA
El primer transmisor experimental de radioaficionado en Guayaquil que “Perifoneó” palabra que se usaba entonces breves audiciones de música selecta, con discos, cuando todavía no estaban reglamentadas estas actividades en nuestros país (eso ocurrió después, en 1928, presidencia del Dr. Ayora), fue el Dr. Francisco Guillermo Andrade Arbaíza, según nuestras propias investigaciones.

Es justo pues recordar a los Guayaquileños, que el Dr. Pancho Andrade, nacido en 1884, a pesar del escaso tiempo de que disponía por sus labores de médico especializado en electroterapia, fue también uno de los primeros radioaficionados experimentadores de la “telefonía sin hilos”. El mismo construyó y armó en Guayaquil, allá por el año 1926, antes de viajar a la ciudad luz en 1928, una estación experimental de radioaficionado, de onda corta, que la llamó  Radio París, por su gran simpatía por esta capital europea, la que se encontraba en la casa del Sr. Luis Vernaza, la cuarta al subir por la calle Numa Pompilio Llona, a las márgenes del río Guayas, en el Barrio Las Peñas.

No solamente a él se debió la instalación de este modestísimo equipo, sino que dio su valioso aporte científico al desarrollo de lo que hoy conocemos como electrónica. En vista de que en aquella época había mucha “estática”, se oían ruidos de motores de autos y una serie de interferencias en las transmisiones, producidas por todo tipo de instalaciones eléctricas, timbres, enchufes, etc. El Dr. Andrade inventó un aparato para eliminar estas molestias  y poder así escuchar una audición radial con más claridad. Por su transmisor experimental envió frecuentes mensajes al exterior por cuyo motivo iban a visitarlo muchos amigos y aficionados. Otro de sus inventos que recuerdan quienes lo conocieron, fue, por su aplicación práctica aunque nunca lo patentó como algunos anteriores, el de un mecanismo especial para cambiar la aguja de las llamadas “victrolas” de entonces, lo que constituyó una cuestión revolucionaria en su época.

Panchito Andrade, como cariñosamente lo llamaban sus allegados, siempre se distinguió por su talento desde las bancas escolares, así como después por sus conocimientos científicos y artísticos. En el antiguo Colegio “San Vicente del Guayas”  (Hoy Vicente Rocafuerte), en 1900, ganó Diplomas de Honor en los cursos dictados por el Dr. Francisco, Campos Coello. Fue después miembro de honor de la comisión radiotécnica para organizar el servicio de Radio en Guayaquil, designado por el Intendente General de Policía como se acostumbrada en aquellos días, comandante Enrique Salgado, miembro Fundador de la Orquesta Sinfónica “Amigos de la Música”, en 1936. El 9 de Octubre de 1939, el Municipio porteño le concedió Diploma de Honor y Medalla de Oro en premio a su labor de investigación científica por la construcción, por primera vez en el país, de un aparato de electrodiatermia. Las constancias de estas distinciones las tuvimos en nuestras manos, y de allí entresacamos los datos que hemos transcrito, cuando nos fueron mostradas por su hermana María, a la muerte del Dr. Andrade, en la habitación que ella tenía en el asilo “Vicente Sotomayor y Luna”, en las calles José de Antepara N° 800 y 9 de Octubre, planta baja, edificio de madera que ya no existe.

Del Dr. Pancho Andrade y su afición a las cuestiones eléctricas se cuentan una serie de anécdotas que serían muy largas de mencionar. A su regreso de París, a donde dijimos que viajó en 1928, acompañando a un familiar como médico, este adelantado en la Historia de la Radio Guayaquileña, siempre preocupado por la cultura y el arte, trajo consigo una excelente cantidad de discos europeos de música clásica con los mejores autores e intérpretes de óperas, operetas, zarzuelas, etc., grabaciones que las ofreció semanalmente con entusiasmo a los “dilettantis” radioyentes. En ese tiempo, repetimos, no estaban aún reglamentadas las actividades de los radioaficionados en nuestros país, ya que después se les prohibió la transmisión de música en sus pruebas y ensayos a través del éter. A este científico guayaquileño le gustaba mucho leer los argumentos de las obras que “perifoneaba” y que las había visto representar por algunas compañías teatrales en Europa, así como también dar a conocer la biografía de sus compositores. Casi en los últimos años de su vida, el Dr. Andrade Arbaiza fue Director Artístico del programa “Selecciones Clásicas y Música de los Grandes Maestros” de la revista radial “Vida Porteña” que condujo con sobrado acierto el recordado caballero Sixto Vélez y Vélez.

Francisco Guillermo Andrade Arbaíza falleció en su ciudad natal el 21 de noviembre de 1957, a la edad de 73 años, de edema agudo pulmonar, y fue asistido por el Dr. Amadeo Moreira Solórzano. Sus restos reposan en la bóveda N° 500 S-C (sin Clasificación), en el Cementerio General de Guayaquil.

Hace algunos años, investigadores como el profesor Hugo Delgado Cepeda llamaron la atención de AER (Núcleo del Guayas y sede nacional) sobre la deuda que tienen los radiodifusores con la memoria digna de respeto del médico e inventor Guayaquileño Dr. Francisco Andrade Arbaiza.

Esta llamada adquiere más vigencia por cuanto en una reciente publicación de la nueva literatura se dedican algunas páginas a la memoria del mencionado galeno, pero se prefieren aspectos nada importantes de su personalidad, acentuando una supuesta afición a la morfina, la mismo libro como preferida por escritores ya fallecidos cuyos nombres se han dado a dos colegios de la ciudad, cuya juventud los tiene como Patronos. El libro, que no enfoca correctamente la singular y ejemplar obra de avanzada del Dr. Francisco Andrade Arbaiza, se lo ha destinado para un Concurso del Libro Leído, lo que no deja de causar extrañeza, pues alumnos de los colegios Pino de Icaza y Adolfo H. Simonds ¿Qué podrán decir de enaltecedor de los escritores que han dado nombre a sus planteles?

Ahora que por todos los medios se trata de enseñar a los jóvenes los buenos ejemplos  que los buenos ejemplos que los alejen de las drogas, el libro único puesto para compatir en el certamen de lectura y resumen, muestra como drogadictos a cuatro valores de la cultura nuestra; dos de ellos fueron profesores del Vicente Rocafuerte, poetas, periodistas y sus nombres llevan dos colegios… Quizás la Dirección de Estudios deba tomar cartas en el asunto y reglamentar ese concurso, al menos para los alumnos de los colegios cuyos Patronos se presentan como morfinómanos. Esos alumnos, ¿estarán eximidos de participar?
Como en el caso del Dr. Francisco Andrade Arbaiza no se presenta su imagen correcta, resumimos su importancia y recordamos que merece un homenaje de las entidades que velan por el progreso y la actividad de la radio.

Nació en Guayaquil en 1884, pues contaba con 73 años al fallecer en 1957. Fue médico especializado en Francia en la entonces revolucionaria electroterapia. También fue precursor de la electrónica al inventar un mecanismo que eliminaba las interferencias que molestaban al escuchar una transmisión radial.

Fue de los primeros radioaficionados con trabajos experimentales (1926) al servicio del arte musical y la cultura en general. En 1926, por vía radial se dirigió al público. Fue en su primera estación experimental de carácter cultural. Entre 1925 y 1927 se introdujeron los primeros receptores de radio en esta ciudad. El Dr. Andrade Arbaiza construyó con sus propias manos una estación de radio. Su nombre fue Radio París y difundió músico clásica. Viajó a Francia y a su retorno perfeccionó sus emisiones. Por su labor como médico, la Municipalidad de Guayaquil le premió con Medalla de Oro y Diploma al alcanzar sobresaliente prestigio en sus investigaciones, ya que el primero en construir un aparato de Electrodiatermia. Fue miembro fundador del núcleo sinfónico  Amigos de la Música, en 1936. Cuando difundía por la radio música culta, explicaba previamente las obras. Al transmitirse muchos años después la revista radial Vida Porteña, se confió al Dr. Andrade el espacio “Selecciones clásicas y música de grandes maestras”. Así educaba el gusto de los oyentes. Cuando fue colegial ganó Diplomas de Honor en los cursos de Filosofía del Dr. Francisco Campos Coello. Por su dominio de la Física creó una especie de electrocardiógrafo.

Con este precursor de la radio en Guayaquil también merecen recuerdo los doctores Herman Parker, Julio Navarro, Carlos Noboa Cooke y Roberto Leví Hoffmann; y los señores José Morla, Honorato Zavala, Ricardo Morán Pereira, Fausto Rodas, Félix Vacas Cherres, Víctor Manuel Janer, Juan S. Behr, John Mark Reed, Carlos Dolcci, Justo P. Campaña. También hay que reconocer que en 1923 se fundó en Guayaquil el primer Radio Club donde se acogieron los pioneros de la radiodifusión porteña.

Carlos A. Andrade C.