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Andrade Rodríguez Roberto

Diciéndonos en prosa inflamada, que está “Tierra baja”, crecerá, se alzará a cumbre, relampaguear como un Sinaí, arrojará en fin de sí el cardumen de malvados que la cumbre de vilipendio con su avaricia, con sus vicios, con sus crímenes. Montalvo está en usted con toda su excelsitud, con su noble esquivez, con su arrogancia hidalga, con su chic petulante, con todo lo que hacía que don Juan no pudiera alternar si no varones de su temple.

Roberto Andrade, al cual, por venganzas profesionales y odio a una familia fatal para el liberalismo ecuatoriano de los últimos veinte años, dejamos a merced de la hidrofobia conservadora, neciamente, inadvertidamente, en la improvisación del momento y el recuerdo de las injurias provocadas a grande por su pluma de neurótico empedernido, y Roberto Andrade, digo, ha cuándo en indigencia casi supo aprovecharse de sus servicios, de su inteligencia clarísima, hoy exasperada por el despacho, sino en forma de bajezas nunca satisfactoriamente pagadas, habiendo corrompido a ese hombre por medio de la pobreza.

Nació 1852
Diputado por Manabí – 1896 – 1897
Diputado por Bolívar – 1900 – 1901
Ministro Tribunal de Cuentas Guayaquil 1901
Presidente Tribunal Cuentas Guayaquil 1901
Diputado por Imbabura 1906 – 1907
Senador por Carchi 1908 – 1909 – 1910 – 1911
Miembro Academia Lit del Salvador 1905
Rector Colegio Olmedo 1898 – 1899 – 1906
Cónsul de Antofagasta 1906
Miembro correspondiente centro de investigaciones históricas Guayaquil 1934
Profesor Colegio Vicente Rocafuerte 1934
Miembro correspondiente academia nacional cuba 1929

Nació en Puntal, hoy Bolívar el 26 de Octubre de 1850 y murió en Guayaquil el 31 de Octubre de 1938. Polemista polígrafo, principales obras: “Seis de Agosto” Portoviejo, 1896, “Pancho Villamar”, Guayaquil, 1900, “Caín”, Guayaquil y Quito, 1903; “Tulcán y Cuaspud”, Quito 1907; “Campaña de veinte días”, Quito 1908. Sangre ¿Quién la derramó?, Quito 1912, “Montalvo y García Moreno”, Guayaquil, 1925; “La mujer y la guerra”, Quito 1926, “Antonio José de Sucre”, la Habana 1930, “Historia del Ecuador”, 7 tomos, Guayaquil, sin fecha.

El 6 de Marzo de 1886, Eloy Alfaro, después de permanecer más de un año en Centro América, desembarcó en el Puerto del Callao, donde, a la sazón, lo esperaban un núcleo, Martinez Aguirre, Francisco Hipólito Moncayo, Jacinto Nevares, Roberto Andrade Rodríguez, estaban allí, en primera línea.

“Dos Polos” poema dedicado a su padre, desde Lima, Nov. De 1887 en 12 pag.
Deseoso de que la posteridad de su fallo imparcial fundamentándolo en un relato veraz y minucioso de los hecho Don Roberto Andrade, escribió el año de 1891 mientras guardaba prisión en una cárcel de Lima por su heroica participación en el tiranicidio consumado el año de 1875, un libro de 415 páginas titulado “El seis de Agosto, o sea, muerte de Garcia Moreno”.

En Panamá se imprimió en Octubre de 1874 un opúsculo escrito por el ya entonces egregio Montalvo: El Quito comenzó a circular en Mayo de 1875, y tal era la curiosidad del pueblo que se lo arrebataban en secreto y lo copiaban. Cayó en mis manos la DICTADURA PERPETUA, y leíla en presencia de dos amigos de confianza, los jóvenes Manuel Cornejo Astorga y Florentino Uribe, a puerta cerrada a la luz de una bujía, con el más grande disimulo para que nadie no oyera. Horas antes la había leído a los señores padres de Uribe; y el padre, médico de muchos crédito, notable por su veracidad, franqueza, había disertado largamente acerca del deber de conspirar.

Roberto Andrade estudiante universitario de 20 años de edad, próximo a doctorarse en 1875.
Al amanecer del 7 de Agosto, Roberto Andrade y Abelardo Moncayo hallaron asilo en la casa de una bondadosa familia Villacreses, que los ocultó en un desván. Desde ese escondite supieron el fusilamiento de Gregorio Campuzano que ninguna participación había tenido en el hecho, y oyeron los disparos del fusilamiento de Cornejo. Ambos sollazaron por dos horas en una quietud y silencio sepulcrales, hasta que Moncayo exclamó “¡Infames!”… No puede haber patria grande.

Cuando así son tratados los más grandes patriotas…. Roberto Andrade fugó a Colombia y fue a refugiarse en los brazos de Montalvo. Jóvenes idealistas, reencarnaciones de mancebos legendarios de Grecia o Roma antiguas, fueron saludados por pocos y entre ellos por Montalvo, en primer término como salvadores que fueron del honor patrio y por los más acosados como vulgares y abominables criminales. Hasta hubo liberales que los tildaron de cobardes y asesinos.

Camino al destierro, Andrade poeta de veinte años escribió una sentida despedida el 25 de Septiembre, en que decía:
Este suelo, señor, también es mío… Porque le amo me expulsan y me afrentan.
¡Oh! Si exterminar déspotas no es gloria, maldigo al hombre y su furor provocó!
…¿Y a dónde voy? ¡Oh Dios de los humanos mira como me arrojan! Esparcidos
Andan aquí y allí dando rugidos:
No son fieras, señor, son mis hermanos…
¡Caiga tu rayo, Dios de las alturas si a un pueblo al liberar pequé de impío!
….De la muerte no huyó, ¡no! Ya visteis que esta fuerte
Dice Alfaro, de la campaña de Esmeraldas con las fuerzas mencionadas emprendí la marcha. Llagamos a Rioverde el 14 de Julio de 1882, en donde encontré varios tripulantes del vapor Esmeraldas con su capitán, tomados prisioneros por nuestra avanzada. Una fuerte fiebre que nos atacó al señor Valverde y a mí nos hizo perder muchos días en Rioverde. Allí se nos presentaron también algunos voluntarios. El 23 de incorporó el señor Roberto Andrade que había salido de Imbabura con tal propósito; y en el acto como un homenaje tributado a sus heroicos méritos, le nombré Jefe de Estado Mayor con el Grado de Comandante.
Diestra venció le en su infernal dominio… Relumbrará la gloria: ¡Decreto el siervo vil vuestro exterminio! No al porvenir se extiende su dominio. Ya nuestros hombres arden en la historia, los que mi dicha  juvenil corrompen sepan que ufano y sin rencor me alejo, Montes que disteis vida a tantos bravos. Yo, a quien negáis hospitalario abrigo, yo vencedor de un déspota os bendigo, nunca desde hoy engendrareis esclavos.
Andrade quiso unirse a Montalvo “en Colombia para ver si era posible una conflagración en Imbabura”. Pudo viajar ocultándose bajo varios disfraces, y gracias a una carta que Montalvo hizo circular dando una pista falsa del proscrito, éste llegó a salvo. Acogido en Cumbal por un excelente Colombia, fue conducido hasta su Maestro que se había refugiado de años atrás en Ipiales. Entre refiere Montalvo se adelantó a prisa, miróme la cara un buen espacio y me estrechó en sus brazos con ahínco. Se le humedecieron los ojos, y yo estaba medio sofocado de emoción y me devoraban las llamas de amor patrio…Montalvo dominaba  la escena con su continente regio y reposado, su balanceo suave en la butaca y su mirada inmensa y soñadora. Siempre he sido admirador de los hombres ilustres, y Montalvo era el primero que iba a entablar un diálogo conmigo.

Estoy admirado de que ustedes sean Ecuatorianos fue su primera frase, y me miró. Estaba muy infamado ese pueblo, pero ustedes le han lavado de su infamia. No lo hubiéramos hecho sin usted le contesté. En Ipiales hube de permanecer oculto, porque Montalvo temía que fuera yo asesinado. Andrade recorrió las cárceles de tres repúblicas hasta el advenimiento del Liberalismo.

Posteriormente a instigaciones del Gobierno Ecuatoriano de Veintimilla, las autoridades de Colombia tuvieron a Andrade preso en las cárceles de Pasto con peligro inminente de asesinarlo, hasta cuando la Corte Suprema de Bogotá falló en su favor. Viajó al Perú, y por intrigas del general Salazar y de su hijo, se le intimó prisión de orden del propio Presidente de esa República.

Mi peligro de fusilamiento era inminente refiere y temblé a la consideración de que iba a morir sin vindicar a mis amigos. Este fue el motivo porque compuse este libro en la prisión salí de ella el 21 de Septiembre de 1891.

En 1894 viajaba a Panamá para regresar a la frontera del norte, donde podría ver a mi esposa y a mis hijos…y caí preso en Guayaquil…Allí me pusieron grillos y me remitieron al panóptico de Quito. Como asesino fue juzgado ni crimen ni delito he cometido en mi vida dije en mi declaración indagatoria: García Moreno murió en conspiración patriota. Quien me defendió fue un jurisconsulto eminente, el Dr. Don Luis Felipe Borja, hijo del ilustre mártir Juan Borja…Mi prisión duró once meses…Durante ella murió mi padre…Bienaventurados los hombres que han padecido persecución por la justicia…Aún estaría yo en el Panóptico, si de repente no hubiera retumbado Gatazo.

Más el advenimiento del Liberalismo no fue de la justicia para Roberto Andrade: Su vida fue todavía una senda de sufrimientos porque hasta el día de su plácida muerte en Octubre de 1938 en Guayaquil, la ingratitud se cebó en él, regalando al olvido o la indiferencia la heroicidad de su acción sublime y la perseverancia en su patriotismo ejemplar. Altivo, digno y sereno, luchó hasta el último instante de su vida dejándonos la preciosa herencia de varias obras de imponderables valor histórico.

Es un joven apasionado de los estudios, lector de tragedias, amigo de la historia, exaltado entusiasta hasta el delirio. Era el más locuaz y alegre de nuestras reuniones: hablaba de liberar a su patria: repetía de memoria los trozos de las historia relativas a Bruto; leía en voz alta las páginas que le habían iluminado e infundido valor, y siempre acababa con una risa ingenua y amable. Sus profesores y condiscípulos son testigos de que el resultado de sus exámenes correspondió siempre a su constancia y laboriosidad.
En los bancos del colegio Jesuítico Andrade devoraba a hurtadillas los escritos de Montalvo, su alma juvenil de la tiranía. Esas lecturas despertaron en él la vocación para el patrimonio heroico, como en otros alumnos otras lecturas despiertan la vocación para una profesión cualquiera, las leyes, la medicina.

Y Roberto Andrade fue fiel, religiosamente fiel a su vocación excelsa de abnegación y de entrega al bien de la Patria, hasta el último instante de su azarosa vida.

Otra airada protesta publicó del Dr. Flores en Biarritz, en Junio de 1906 contra la perpetración de ese nuevo crimen ”Las lecciones de Historia del Ecuador para los niños” por el que cometió antes del asesinato y que se ha jactado de él en documentos públicos hasta doce años después.

Impulsó al Dr. Antonio Flores a escribir esta energía Protesta, por las “Lecciones de Historia del Ecuador”, declaradas textos de enseñanza. El autor Roberto Andrade había publicado en la Revista Masónica de Lima, en Febrero de 1887, un artículo en el que decía: “Yo contribuí a derribar a Gabriel García Moreno y le di un balazo en la frente”. Con mucha razón el Dr. Flores protestó “contra la inmoralidad de imponer como texto de enseñanza un libelo informatorio”.

En realidad, la obra de Andrade, que fue declarada texto de enseñanza, es una síntesis crónica de acontecimientos ocurridos en el Ecuador.