<< Antepara Rodríguez Plaza Juan Indice A
 

Antepara y Arenazas José María

 


Nacido en Guayaquil el 2 de Marzo de 1770. Su figura es demasiado conocida. Propulsor de nuestra independencia y factor principal del día 9. Miembro y secretario del Colegio Elector el 11 de Noviembre de 1820. Murió heroicamente en Huachi, el 12 de Septiembre de 1821.
Antepara llegó a Londres y sus amigos le llamaron la atención en cuanto a un enjundioso artículo aparecido  en “Edimgbur Review” sobre la América española y principalmente acerca de un coterráneo Miranda (ellos) de quien había oído, pero vagamente. Entonces su ambición más grande fue conocerlo y a favor de amigos comunes lo consiguió. De allí le vino la idea de publicar una obra sobre esos problemas americanos y el hombre que había consagrado su vida a esos ideales redentores. La avasallante figura del precursor tornó en entusiasta panegirista al remiso y esquivo Antepara y luego de un generoso apasionado cambio de ideas, salió a la luz la obra por entonces más documentada sobre el General Miranda y sus ingentes sacrificios por la liberación de las Colonias Hispanas de América titulada: Emancipación Suramericana. En 1812 Antepara llega a Caracas en unión de Bolívar y Pedro Leleux como heraldos primeros del nuevo Mesías. Portan con ellos el archivo del Gral. Miranda Antepara es de los hombres de confianza del precursor, y después de la capitulación funesta es de los pocos que logran embarcarse la noche misma de la tragedia inexplicable en que se aprisiona al coloso de la libertad de América. Partió en el bergantín “Sapphire” rumbo a Curazao. En 1819 nos encontramos al inquieto Antepara en Guayaquil, su tierra nativa. Conspira contra las autoridades españolas, en pro de la independencia de su patria chica, Gobierna la Provincia del Guayas, Don Juan Manuel de Mendiburu. Antepara o Fajardo, periodista al fin, escribió la reseña de ese baile y a esas jornadas. La conspiración había sido denunciada. Villamil que hacía de cabeza y los otros comprometidos, quisieron dar paso atrás, pero Febres Cordero como León que era se alzó arrogante.
Y el Guayas fue libre. Reunido el 8 de Noviembre el Colegio Electoral fue electo Presidente, el gran poeta Olmedo y Secretario, José Antepara. Luego, el 11 de Noviembre nombrado el Coronel Juan de Dios Araujo, comandante General, solicitó se nombrara su secretario “Al benemérito ciudadano José Antepara, por sus conocimientos, conducta honrada y adhesión a la sagrada causa de la libertad”. Y Antepara, hostilizado más tarde por Araujo, se aliada de nuevo a los Venezolanos. Ahora es ayudante de Campo del General Sucre.
Nace en Guayaquil el 2 Marzo de 1770 y es bautizado en la de 1 mes de nacido, el 2 de Abril; Iglesia Matriz por el R.P. José Valero, Juan Lorenzo de Antepara y Vicenta de Arenaza. Su madre queda viuda muy joven y José María se dedica a la agricultura y el comercio. Viaja a México hacia 1801 y contrae matrimonio en dicha ciudad con Da. María Ignacia de Escurra y Pastoriza, de José Guillermo de escurra y de Da. María de Pastoriza. En 1803 viaja a Londres con el fin de adquirir maquinarias para el ingenio de propiedad de su cónyuge. Secretario privado del precursor Francisco de Miranda, a quien es presentado por el Padre Cortés, Antepara se convierte en su confidente y servidor. En 1810 pública en Londres: “South American Emancipation” volumen que recopila documentos y actualizaciones de Miranda durante los últimos 25 años. Ese mismo año acompaña Miranda en la expedición armada que dirige contra Venezuela Antepara llevó a bordo de la nave “Leandro” todo el archivo del precursor casa/prisionero Miranda en Puerto Cabello, reexpide el archivo donde permanecen dichos documentos hasta con destino a Londres, pasara al poder de Lord Bathurst y encontrado por el historiador William Spencer Robertson quien lo dio a en obra: “Life of Miranda”, Chapel Hill, 1929 la publicidad y el gobierno Venezolano se interesó y lo adquirió posteriormente.
De regreso a Guayaquil en 1814, defiende a la ciudad contra las fuerzas del Almirante Guillermo Brown en Febrero de 1816. Posteriormente recibe clases de francés de Rocafuerte y junto al Padre Cumplido se dedica a preparar la revolución contra los españoles. En Octubre de 1820 invita a los tres jóvenes oficiales del batallón Numancia a sumarse a la revolución (Febres Cordero, Urdaneta y Letamendi) luego a los del granaderos (Escobedo, Cacique Alvares y Sargento Vargas) y preparó la mesita llena de bebidas excitantes en un cuarto posterior de la casa de Villamil, donde se reunieron los próceres a conspirar (Fragua de Vulcano) y jugaron luchar por la Patria o morir en defensa de ella.
En la madrugada del Lunes 9 de Octubre acompaña a Urdaneta en la toma y rendición del Cuartel del Daule y luego en la Batería de las cruces. Fue de los nueve valientes que actuaron en el ataque al cuartel de Caballería. Diputado por Guayaquil al Colegio Electoral de la Prov. Libre de Guayaquil, electo secretario de mismo colegio el 11 de Noviembre de 1820 y Secretario de la Comandancia General, el mismo día. Junto a Olmedo firma el “Reglamento provisorio Constitucional del Gobierno” sancionado ese día por el Colegio. Posteriormente forma parte del ejército con el grado de Capitán. A la llegada de Sucre a Guayaquil, en 1821, con las fuerzas auxiliares traídas de Colombia, es designado ayudante de campo y Edecán. Actúa en cone, el 19 de Agosto del  12 de Septiembre, de ese año 1821 y triunfa con los patriotas. Luego en el segundo Huachi donde muere de 51 años de edad Villamil en su “Reseña” indica que Sucre le mandó con una orden a la extrema izquierda de la línea y que Antepara estimó indigno de su valor pasar por la retaguardia y que pasó entre ambas, muriendo sin que se sepa de qué bando salió la bala que lo mató.
Sin embargo, esta novelesca muerte parece poco verosímil. El “Patriota” de Guayaquil del Sábado el 22 de Diciembre de ese año, N° 5 del Segundo semestre, trae una Necrologiaexequias fúnebres que han celebrado los amigos de Don José Antepara a su triste y honorable memoria…El cielo le había destinado para morir en la guerra; pero él, demasiado sensible a la más pequeña insinuación tocase su honor, marchó bastante enfermo, a la campaña de Guachi donde en cúmulo de asesinos le arrancaron la vida después de la acción. Murió el filósofo, la humanidad llora su muerte; y su sangre inocente que ha caído sobre nuestros enemigos, será baldón de los españoles que le asesinaron rendido.
Por días antes, el 20 de Diciembre de 1821 se habían celebrado en Guayaquil, sus solemnes honras fúnebres…Un túmulo sencillo y decente como fue su vida, ocupaba el fondo del templo: las columnas y el pavimento estaban enlutado y cubierto éste de blandones y hacheros; encima del túmulo se hallaba colocado un sepulcro y en su pedestal se leía esta inscripción. “Al Dios de los ejércitos aquí ya se Don José Antepara, condecorado con la medalla de los campos de Guachi, a los 33 años de su edad. La Necrología finaliza indicando que… en el curso limitado de una vida de 33 años había desplegado los talentos del hombre de estado, las virtudes de un senador y el al alma del héroe”.
La fecha del túmulo y consecuentemente de la Necrología del Patriota de Guayaquil, que es tomada del túmulo, están equivocadas, porque Antepara falleció de 51 años en 1821, habiendo nacido en 1770.
La juventud sobre todo, que mal educada, casi sin ocupación conocida, malgastando los años en diversiones frívolas, tuvo por ese tiempo materia seria en que ejercitar su espíritu generalmente novelero e inquieto. En ella se contaban unos pocos jóvenes de talento y de mediana instrucción, aleccionados en los principios liberales por el padre dominicano, Fray Miguel Cumplido, natural de Chile, que los había reunido como su maestro de latinidad. El presbítero Maticorena, amigo de Cumplido, le ayudaba en esta tarea. Se distinguían entre estos jóvenes José Antepara y Cruz Correo. Sucre acampo el día 11 de Septiembre 1891 en el pueblo de Santa Rosa a una dos o tres leguas de Guachi, sabiendo ya por sus espías, que al día siguiente tropezaría con el ejército realista. Por su propia voluntad, habría evitado el combate en ese llano, favorable como era los Españoles, que sobre tener un ejército casi noble, disponían de cuadriplicadas fuerzas de excelente caballería. Sucre quería continuar su marcha sobre Quito faldeando las cordilleras, lo que podía proporcionarle un campo de batalla en que no pudiera maniobrar ventajosamente la caballería enemiga. Pero el anciano General Mires, engreído con su triunfo de Cone y animado de una fogosidad que apenas cabe en un joven, le disuadió de esa hábil maniobra. Mires, que llevaba la vanguardia, descendió, aceleradamente de las colinas de Santa Rosa al llano de Guachi, viendo ya aproximarse el ejército enemiga que se adelantaba con igual celebridad al lugar en que se cruzan los dos caminos. El batallón Albión fue el primero que entró en combate rechazando las cargas de la caballería española que precedía a la infantería. El primer batallón de esta arma acudió a reemplazar a la caballería rechazada, el único escuadrón que tenía los patriotas cargó a su turno a la infantería realista y lo fue igualmente.
En este estado llegó el batallón libertadores de Guayaquil a sostener a Albión, como lo hizo con buen éxito. También iban llegando los batallones españoles que venían en escalones y la batalla se hizo general sostenida al principio por libertadores y Albión. Con la llegada del batallón Santander se esperaba que la victoria se decidiera por los patriotas. Sucedió todo lo contrario. Los enemigos quisieron probar si ese cuerpo le prestaría menor resistencia, y el hecho fue que no presentó ninguna; pues perdieron su formación buscó un refugio en los edificios de la hacienda inmediata. Solo uno de sus compañías, mandada por el Capitán Garcés, resistió con firmeza a la caballería española que perdió uno de sus principales jefes, el Coronel Payol, que se había hecho célebre en Riobamba con sus insolencias y crueldades. Albión y libertadores siguieron combatiendo, aunque envueltos por sus enemigos, que les había cortado la retirada, apoderándose estos del parque. El General Sucre viendo que sus esfuerzos eran inútiles, y que la batalla estaba perdida, después de haber sido herido en una mano, se salvo protegido por unos pocos ginetes mandados por el Sargento Rangel, que se abrieron paso con sus lanzas. Trinidad Morán, entonces Capitán y más tarde General en el Perú, se jactaba de haber salvado a Sucre. Testigos presenciales del hecho aseguran que fue Rangel, Morán se incorporó con Sucre en la fuga fuera del campo de Batalla. Los soldados de Albión y Libertadores quedaron muertos, heridos o prisioneros, en el mismo orden de formación en que habían combatido. El viejo Mires, no quiso abandonar su puesto fue tomado también, con los comandantes de esos cuerpos; el capitán Elizalde y otros varios oficiales casi todos heridos. Allí murieron los jóvenes Benítez, Antepara que se había hecho notable entre sus paisanos por sus talentos y sus virtudes patrióticas.
Sucre acampó el día 11 en el pueblo de Santa Rosa a unas dos o tres leguas de Guachi, sabiendo ya por sus espías, que al día siguiente tropezaría con el ejército realista. Por su propia voluntad, habría evitado el combate en ese llano, favorable como era a los españoles, que sobre tener un ejército casi doble disponían de cuadriplicadas fuerzas de excelente caballería. Sucre quería continuar su marcha sobre Quito faldeando  las cordilleras, lo que podía proporcionarle un campo de batalla en que no pudiera maniobrar ventajosamente la caballería enemiga. Pero el anciano General Mires, engreído con su triunfo de Cone y animado de una fogosidad que apenas cabe en un joven, le disuadió de esa hábil maniobra. Mires, que llevaba la vanguardia, viendo ya aproximarse al ejército enemigo que se adelantada con igual celebridad al lugar en que se cruzan los dos caminos. El batallón Albión fue el primero en que entró en combate rechazando las cargas de la caballería española que procedía a la infantería. El primer batallón de esta arma acudió a reemplazar a la caballería rechazada, el único escuadrón que tenían los patriotas cargó a su turno a la infantería realista y lo fue igualmente. En este estado llegó el batallón Libertadores de Guayaquil a sostener a Albión, como lo hizo con buen éxito. También iban llegando los batallones españoles que venían en es calores y la batalla se hizo general sostenida al principio por Libertadores a Albión. Con la llegada del Batallón Satander se esperaba que la victoria se decidiera por los patriotas. Sucedió todo los contrario. Los enemigos quisieron probar si ese cuerpo les prestaría menor resistencia, y el hecho fue que no presentó ninguna; pues perdiendo  su formación buscó un refugio en los edificios de la hacienda inmediata.
Solo una de sus compañías, mandada por el Capitán Garcés, resistió con firmeza a la caballería española que perdió uno de sus principales jefes, el Coronel Payol, que se había hecho célebre en Riobamba con sus insolencias y crueldades.
Albión y Libertadores siguieron combatiendo, aunque envueltos por sus enemigos, que les habían cortado la retirada, apoderándose estos del parque. El general Sucre viendo que sus esfuerzos eran inútiles, y que la batalla estaba perdida, después de haber sido herido en una mano, se salvó protegido por unos pocos jinetes mandados por el Sargento Rangel, que se abrieron paso con sus lanzas. Trinidad Morán, entonces Capitán y más tarde General en el Perú, se jactaba de haber salvado a Sucre. Testigos presenciales del hecho aseguran que fue Rangel y no Morán se incorporó con Sucre en la fuga fuera del campo de batalla.
Los que soldados de Albión y Libertadores quedaron muertos, heridos o prisioneros, en el mismo orden de formación en que habían combatido. El viejo Mires, que no quise abandonar su puesto fue tomado también, con los Comandantes de esos dos cuerpos; el Capitán Elizalde y otros varios oficiales casi todos heridos. Allí murieron los jóvenes Benítez, Antepara que se habían hecho notables entre sus paisanos por sus talentos y sus virtudes patrióticas.