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Anzoátegui y Cossío Miguel Antonio

 


La comisión informó que el terreno del “Cerrito” era muy corto para tal efecto y que el sitio más apropiado estaba en la Atarazana, de propiedad de Don Miguel de Anzoátegui y Cossío, quien concedió el permiso con la única condición de que se le diera un documento. Para esta obra, que fue además recomendada por los primeros médicos de la ciudad como Mascote, Bravo y Arcia, se inició una colecta voluntaria entre todos los vecinos.
Cuando Flores trató de defender Pasto de las pretensiones colombianas en 1832 tuvo que hacer empréstitos a altos tipos de interés en Guayaquil, sin embargo, mezcló la defensa de la integridad del país con sus propios negocios, pidiéndole la garantía del préstamo a su amigo Miguel Anzoátegui, a quien engatusó comprándole la hacienda LA ELVIRA, cerca de Babahoyo, en una suma mayor a la normal, con el dinero del préstamo, cuya garantía dio Anzoátegui le había confesado que pagaba el 3% mensual, a los acreedores del estado, para evitar que le metan preso por garante y codeudor solidario. Parece que el dinero era de Manuel Antonio de Luzarraga, que lo había dado a ciertos intermediarios, como Pereira, Mandracha, etc. para que éstos figuren como acreedores.
Luzarraga solo recibía solo recibía el 2 ½%  mensual de interés y el otro ½% quedaba en manos de estos intermediarios, por el trabajo de cobrarle a Anzoátegui. Rocafuerte sugirió que el gobierno debía hacerse cargo de su deuda, para liberar a Anzoátegui de la garantía, pero nada se adelantó al respecto. La tesorería de hacienda de Guayaquil, en 1836, por orden de Rocafuerte, hizo un corte y tanteo de la deuda y de los pagos efectuados por Anzoátegui, desglosando lo pagado por el capital  y los intereses.
Anzoátegui había sido designado en 1825 Jefe Político de Guayaquil y en Agosto de 1827 Tesorero de la Junta de Seguridad Mutua. Tenía fama de rico y en 1824 su cuñado José Domingo de Ordeñana pedía rebaja al gobierno gran colombiano en la parte que le había correspondido en el empréstito de 25000 pesos a Anzoátegui.
Alcalde de Guayaquil, en 1817 don Miguel Antonio Anzoátegui. El Sr. Miguel Anzoátegui, ciudadano de Guayaquil, era propietario hasta 1833 de una hacienda comarcana a Babahoyo: era laborioso y honrado, y su desgracia comenzó desde que tropezó con Flores, quien le pagó con el mismo dinero recibido con la garantía de Anzoátegui.
Anzoátegui fue ejecutado por los acreedores al Erario, o en otros términos, a Flores, hubo de pagar los intereses, y corrió peligro de quedarse en la miseria, siendo como era un propietario acaudalado. Apeló al arbitrio de demandar al deudor principal, al Erario, y como esto era ineficaz mientras la Presidencia de Flores, hubo de pagar los intereses, y corrió peligro de quedarse en la miseria, siendo como era un propietario acaudalado. Apeló al arbitrio de demandar al deudor principal, al Erario, y como esto era ineficaz mientras la Presidencia de Flores, presentó su solicitud en 1835 a la constituyente de Ambato, cuando era Presidente Rocafuerte, quien le mandó pagar los intereses.
Don Miguel Anzoátegui fue uno de los capitalistas que financió la fundación de la República. Se le hacían abonos tardíos y pequeños a su crédito. Y cuando Flores trató de defender Pasto de las pretensiones Colombianas en 1832, tuvo que hacer empréstitos a altos tipos de interés en Guayaquil. Anzoátegui, ya sin plata pero aun con fama de rico aceptó ser fiador. Vicente Rocafuerte, en carta de 9 de Marzo de 1836 le manifestaba al General Flores que Anzoátegui, ya desesperado, le había confesado que sus acreedores le cobraban el 3% mensual, aunque Luzarraga sólo recibía el 2 ½ % . Rocafuerte sugería que el Gobierno debía, en toda justicia, hacerse cargo de la deuda de Anzoátegui. Las dificultades de éste se habían iniciado desde comienzos de 1824, cuando su ciñado, Domingo Santisteban, pedía rebaja en el empréstito de 25000 pesos; pero aun en 1826, su posición era suficiente sólida como para ser designado jefe político y en Agosto de 1827, Tesorero de la Junta de seguridad Mutua. Pero sus actividades financieras le valieron calumnias y su ruina. Falleció pobre y endeudado.
A comienzos de 1827 se integra una nueva Junta de Vacuna con el juez político Miguel de Anzoátegui Cossío de presidente.