<< Arauco Juan de Dios Indice A
 

Araujo Diego

 


El Dr. Diego Araujo, es profesor de Literatura Ecuatoriana en la Universidad Católica de Quito, conocido crítico literario, hombre versado en el conocimiento de la novela ecuatoriana, sus opiniones autorizadas, científicas, justamente le han creado un espacio de respeto por su trabajo. Esto nos llevó a esta conversación de la que esperamos surjan criterios polémicos que le den sentido a sus opiniones literarias.
Diego, eres un estudioso de la novela ecuatoriana, estás al día en la lectura de los textos de narrativa. Dentro de una mirada general. ¿Cómo ves la novela ecuatoriana en los últimos diez años?
Hay un dato estadístico que me parece significativo, en los últimos diez años se han publicado alrededor de 81 novelas, en los veinte años anteriores también se publicaron 81 novelas, es decir este dato es interesante en la medida que nos da un indicio del crecimiento cuantitativo, numérico de las novelas en el Ecuador. Entonces, hay que preguntarse, el porqué de este desarrollo, y si también de alguna forma se puede hablar de un crecimiento cualitativo de la novela y yo creo que el crecimiento de la novela está vinculado al fenómeno; a los cambios que se producen en la sociedad ecuatoriana de los 70, cuando se incorpora como protagonista de muchos episodios de la vida nacional, como personaje de la vida nacional, el petróleo. Este crecimiento de los sectores urbanos, de alguna forma refleja también una mayor bienestar de los grupos medios, creo que de alguna forma va creando un público, mayor número de los lectores; así, en los años 60, por ejemplo, ya hay editoriales que hacen ventas masivas de libros en el país, asunto que no era tan frecuente veinte años atrás. Entonces, creo que el crecimiento de la novela está vinculado a este fenómeno del crecimiento de la ciudad, de cierto “bienestar” ligado a determinados grupos sociales.
Esta modernización refleja de la sociedad ecuatoriana, ¿necesariamente significa hablar de nuevos temas en el arte de novelar?
Yo creo que las condiciones materiales de las nuevas condiciones de la sociedad ecuatoriana han cambiado radicalmente. La cosmovisión o visión del mundo de los grupos sociales, como llaman los sociólogos que con más coherencia ha recogido estas nuevas modalidades en la conciencia colectiva, cuya materialización está todavía en desarrollo, me parece que es la novela, en general el relato. Yo veo que en la literatura de los últimos veinte años, del 70 hasta nuestros días, realmente el relato ecuatoriano es la manifestación intelectual que con mayor coherencia ha recogido estos cambios sociales.

Hablas del relato en general…
Del cuento y de la novela, e incluso me parece                que hasta cierto punto, como hacía notar hace poco, Ernesto Albán Gómez, el cuento ha estado un poco siempre a la vanguardia; el caso del relato ecuatoriano se adelantó un poco en los años 30. El primer gran libro de narrativa es un libro de cuentos:
“Los que se van”; la gran figura de esos tiempos es De la Cuadra, un gran cuentista; es decir, antes de la maduración de la novela en los años 30, hacía notar Ernesto Albán, y yo comparto plenamente ese juicio, había madurado tanto el cuento. Yo creo que aquí, en los 70 u 80, pasa también algo análogo. Realmente el cuento, como en este encuentro de literatura, por ejemplo, ha hecho notar muy bien Cecilia Ansaldo, ha conseguido una madurez especial.
Diego, hablemos de las tendencias. Tú como crítico y decía al comienzo del diálogo, lector atento de nuestra novela ¿Puede hablarse de una novelística ecuatoriana, para utilizar los términos de Alejo Carpentier?
Pienso que es una novelística en construcción, que una novelística en el mismo término de Carpentier, es algo que se va haciendo, es algo que se va haciendo, es algo que se va edificando, una novelística en proceso, que no es del todo aislada, ni distinta de la tradición novelística hispanoamericana, latinoamericana. Creo que puede hablarse de proceso de formación, de consolidación de la novelística en el Ecuador, que es parte de la novelística latinoamericana en el sentido en el cual hablaba Carpentier.
¿Para tener un sitial respetable en el concierto novelístico de América Latina?
Pienso que sí. Tú me averiguas en relación con las nuevas temáticas de la novela, y me parece que una temática muy frecuente de la novela de estos últimos años ha sido la crisis de ciertas utopías revolucionarias. Esto lo veo muy claro en algunas novelas; por ejemplo, en el caso de “Sueños de Lobos” de Abdón Ubidia, en “Teoría del Desencanto”, de Raúl Pérez; antes estuvo ya en “El Desencuentro”, de Fernando Tinajero, incluso en “El Desbastado Jardín del Paraíso”, de Alejandro Moreano, está en “La tarde del antihéroe”, de García Calderón, está en la última novela de Juan Valdano; de algún modo que todas las novelas anteriores que he mencionado tienen un poder testimonial relativamente cercano a nosotros, las euforias revolucionarias de los años 60, la crisis de las izquierdas, los desencantos, incluso de esas euforias revolucionarias. En el caso de la novela de Juan Valdano, “Mientras llega el día”, se ambienta la novela en los días anteriores, a la matanza del 2 de Agosto de 1810, pero es un tema en ese sentido muy actual, porque también es la crisis de una propuesta revolucionaria, en la crisis de una utopía, me parece que este es un tema muy importante en la novela ecuatoriana de estos años; creo que Fernando Tinajero se ha referido como signo no sólo de la novela sino de la literatura ecuatoriana de los últimos años, a una literatura del desencanto y creo que en gran sentido tiene razón.
De pronto hay una ruptura en el tema del desencanto, por una temática histórica, como es la de Valdano, que justamente se aleja en más de ciento cincuenta años a las propuestas de estas novelas del desencanto.
Bueno, yo no estoy de acuerdo en esto último que tú dices, que se alejan, la novela de Valdano. En verdad, la novela de Valdano se aleja en el tiempo, es en definitiva en el siglo XVIII y concretamente durante la revolución Quiteña a comienzos del XIX; la novela tiene un carácter histórico, cívico, nueve días antes de la matanza del 2 de Agosto de 1810, pero es un tema en ese sentido muy actual, porque también es la crisis de una propuesta de independencia, de una propuesta revolucionaria, es la crisis de una utopía, me parece que este tema muy importante en la novela Ecuatoriana de estos años; creo que Fernando Tinajero se ha referido como signo no sólo de la novela sino de la literatura Ecuatoriana de los últimos años, a una literatura del desencanto y creo que en gran sentido tiene razón.
De pronto hay una ruptura en el tema del desencanto, por una temática histórica, como es la Valdano, que justamente se aleja en más de ciento cincuenta años a las propuestas de estas novelas del desencanto.
Bueno, yo no estoy de acuerdo en esto último que tú dices, que se alejan, la novela de Valdano. Es verdad, la novela de Valdano se aleja en el tiempo, es en definitiva en el siglo XVIII y concretamente durante la revolución Quiteña a comienzos del XIX; la novela tiene un carácter histórico, cívico, nueve días antes de la matanza del 2 de Agosto, pero ese desplazamiento histórico hasta cierto punto es un pretexto; la novela de Valdano es absolutamente contemporáneo, en la medida en que también  está representado el fracaso de una utopía revolucionaria; no son las guerrillas, como pueden ser en la obra de García Calderón o en la obra de Alejandro Moreano, pero se trata también de una crisis, de un proyecto revolucionario; en ese sentido; yo veo más bien una cierta cercanía, es decir no veo una oposición entre esta preferencia por la novela histórica que también es algo que se puede notar en la novela ecuatoriana de los últimos años y este tema de la desilusión. En relación con lo primero, fíjate que hay algunas novelas que han hecho una deliberada propuesta de novela histórica, la novela de Iván Egüez, por ejemplo; “pájara la memoria”, algo también en el “Poder del Gran Señor”; la novela de Jorge Velasco “Tambores para una Canción Perdida”, en la novela de Alicia Yánez, en la “Virgen Pipona”, es muy fuerte la referencia, la crónica histórica, en general me parece que en la novela Ecuatoriana de los últimos años, se retorna a la historia y la historia es muchas veces la fuente de la temática narrativa.