<< Araujo Francisco Indice A
 

Araujo Hidalgo

 


NUEVOS TIEMPOS
Se dirá, con sobrada razón, que la política, hace 30 años, era más pedestre. A los agentes de seguridad del Servicio de Inteligencia de la Policía (SIPE), registrados en el Regimiento Quito N° 1, se les apodaba con el adjetivo que se daba a los automóviles pequeños: <<pichirilos>>. Eran <<provocadores>>: gritaban contra <<el loco>> y a la vez atacaban los domicilios de los enemigos del gobierno. Y, cuando fueron acosados por atacar a Juan sin Cielo, se los protegió desde la más altas esferas y Velasco entabló una polémica con la función judicial aduciendo <<fuero policial>> de los pesquisas.
Ya en el gobierno de Ponce, Araujo y Sáa fueron sobreseídos, en tanto que Noboa y Gómez fueron sancionados como autores materiales del atentado. En la prisión organizaron una mafia de asaltantes que salía de las celdas para cometer sus atracos…
Las responsabilidades de importantes políticos como Araujo, Arízaga y Sáa siempre fueron evidentes y, preso Noboa Landínez, las autoridades de Policía no quisieron entregarle a cargo del juez de lo penal, temiendo que sus declaraciones pudieran resultar muy comprometedoras y el gobierno de Ponce se apresuró en deslindar responsabilidades en las fechorías cometidas. Juan sin Cielo se preguntaba entonces: <<Si los funcionarios del gobierno (de Ponce) nada tuvieron que ver, ¿Por qué se hicieron cargo de la protección de los pichirilos?>> ¿Política…pedestre?
Felizmente han pasado 30 largos años y la situación, con toda seguridad, será distinta. El ataque del 25 de septiembre de 1987, al interpelante diputado Delgado, jamás podrá haber sido tramado en los pasillos ministeriales y aquellos que lo plagiaron a viva fuerza, le propinaron contundentes golpes, le produjeron un hematoma saburral y le botaron como fardo de desperdicios cerca de Sangolquí no podrán, jamás, ser amamantados con la cuenta de Fondos Reservados del Ministerio de Gobierno.
Son largos años. El país está en plena reconstrucción. Aquellas épocas en que las instituciones gubernamentales estaban infestadas de politiqueros y de chullas dispuestos a cualquier estupro, pertenecen al pasado. Al fin y al cabo, la modernidad viene aparejada de una mayor integración de la especie y los derechos propios de la naturaleza humana son mejor reivindicados por las autoridades y el mismo vulgo. La política es, ahora, distinta a la que practicaron, por ejemplo, el <<capitán del pueblo>>, Guevara Moreno, y sus lugartenientes…
Con toda seguridad esto será paladina y prontamente demostrado por <<su excelencia>>, el ministro Luis Robles Plaza. Sólo hace falta que los cuerpos policiales atrapen prontamente a los siete forajidos que intentaron ultimar al diputado Diego Delgado, y los entreguen a la implacable severidad de la justicia…
UNA INTRIGA MINISTERIAL
Cuando en Agosto de 1956, el socialcristiano Camilo Ponce Enríquez asumió la Primera Magistratura afirmó: <<Pensé que me habían elegido presidente de la República, pero parece que me han designado síndico de una quiebra>>… y prontamente rompió con el tercer velasquismo, del cual había sido su candidato oficial. Tanto es así, que el presidente Velasco Ibarra había promocionado personalmente su candidatura en todo el país antes de terminar el único periodo que consiguió lograrlo. Se dice que la coerción moral ejercida por el clero en esa campaña presidencial se manifestó en sermones públicos cargados de amenazas de ex – comunión para quien, siendo católico, no votase por el candidato que lo era. El 4 de Mayo de 1957, el diario <<La Nación>> hizo públicas fotocopias de recibos y otros documentos probatorios de cómo se repartió los dineros del Estado a inspectores de Policía y guardas de Estancos, para gastos de la campaña presidencial del oficialismo.
Lo cierto es que ya en el poder, rotos los fuegos con los velasquistas, los poncistas metieron en la cárcel a quien fuera secretario general de la Administración de Velasco, implicado en el caso de los pichirilos: Manuel Araujo Hidalgo. Esto dio pie a que entre él, y el más importante de los ejecutores del atentado, Alejandro Noboa Landínez, se produjera un careo que develó toda la intriga, aunque Araujo permanentemente negara alguna participación en <<el miserable y cobarde ultraje>>
Consta en <<La Calle>> N° 14, de Junio de 1957: <<El nombre de un exministro: Dr. Rafael Arízaga Vega. El número de un Cheque: 09152, por la cantidad de 8.000 sucres, y once largas horas de inculpaciones fueron lo destacado del careo entre los pichirilos Araujo Hidalgo, Rodrigo Álvarez Sáa y Alejando Noboa Landínez… fue el doctor Araujo quien diligenció la orden de allanamiento del domicilio proporcionó vehículo, chofer y ayudante para la práctica de tan tremenda diligencia y que fue el mismo doctor Araujo quien escogió el sitio para el atropello…>> Y en la edición N°15: <<…uno de los autores, cansado de estar a salto de mata, acaba de enviar una carta… en la que se declara culpable, conjuntamente con Gómez Olmedo y acusa de que quienes le ordenaron cometer este acto fueron el ex – secretario general de la Administración, el ex – subsecretario de Gobierno y el ex – ministro; por eso están presos los doctores Araujo Hidalgo, Álvarez Sáa y Teniente Pedro Concha Enríquez>> Y en un artículo de Juan sin Cielo (<<La Calle>>, N° 16): <<Arízaga Vega sostiene…que no puede declarar sobre el cheque, porque eso sería como declarar sobre sí mismo y causarse implicaciones penales… Dicho en otras palabras, ha tácitamente confesado: 1° Que pagó esa cantidad al pichirilo Paredes Landínez, de dinero del Estado, cuenta Gastos Reservados del ministerio de Gobierno, como honorarios por el atentado contra mi vida. 2° Que el gobierno del Dr. Velasco Ibarra pagada a plazos, con dinero del Estado, por medio de sus ministros de Gobierno, el atentado cometido contra mi vida por los pichirilos. 3° Que el contralor…aprobó e que se invierta, por el gobierno del Dr. Velasco Ibarra, el dinero del Estado en pagar criminales que atenten contra la vida de los periodistas de la oposición>>
Y, como los gastos, por más reservados, no dejan de ser gastos, he aquí la cuenta obtenida de la misma revista, edición N° 18:
<<1.- Sueldos del agente Noboa Landínez: S/. 34.000,oo
2.- Sueldos del agente Gómez Olmedo: S/. 25.000,oo
3.- Viáticos de los agentes y de sus acompañantes: S/. 40.000,oo
4.- Gastos de prensa en aclaraciones, remitidos, papeleo, arreglo de pasaportes: S/. 10.000,oo
5.- Cheque entregado por Arízaga Vega al hermano de Noboa Landínez: S/. 8.000,oo
6.- Costo del cargo diplomático en Bélgica concedido al ministro de Gobierno: S/. 220.000,oo
7.- Costo de cargo consular en Bonn al subsecretario de Gobierno: S/. 160.000,oo
8.- Costo del cargo consular en Bogotá al jefe de Seguridad Nacional: S/. 140.000,oo
9.- Fondos administrados por Araujo Hidalgo: S/. 80.000,oo
TOTAL: S/. 717.000,oo>>
Una cuenta en sucres de 1957…que alguien denominó <<el puñetazo>>
OSCURA COMO BOCA DE LOBO…
Por Diego Cornejo
De Editorial El Conejo
15 de Abril de 1955. La <<Avenida de los Sauces>>, hoy Gaspar de Villarroel, en Quito, fue el escenario escogido para atentar contra la vida del periodista. <<Oscura como boca de lobo – dice la revista La Calle – parece el ámbito propio de la tiniebla y de la muerte. Hacia allá, torciendo cien calles, fue la camioneta verde de la Policía llevando al periodista y a sus cuadro verdugos…Aquella tarde había llovido torrencialmente. Las fábricas de la zona de “El Inca” se habían inundado y los caminos eran un solo fangal…Allí se obligó a Juan sin Cielo a descender para que en su persona los cuatro verdugos cumplieran la justicia de Velasco Ibarra…Lo golpearon una y cien veces en el rostro y la cabeza…Entonces el periodista perdió el sentido. Al caer, la cabeza se hundió en el agua helada…Volvió en sí el herido en el momento preciso en que alguien le decía: “Tírale el carro encima, ¡carajo!” El hondo instinto de la vida hizo de Juan sin Cielo se arrastrara fuera de la cinta empedrada…y se refugiara en la cuneta…Los verdugos siguieron hacia La Carolina, Juan sin Cielo, cayendo y levantando, se dirigió hacia la fábrica “Itesa”… cuando oyó que el carro de sus verdugos regresaba…llegaron hasta el camino de “El Inca”, dieron curva y volvieron a la Avenida de los Sauces, más lentamente aún, buscando a su víctima. Juan sin Cielo, hundido en el agua hasta el cuello, ni respiraba…Al fin, el carro se perdió a los lejos…En el camino de “El Inca” hizo parar un automóvil que pasaba…Era el gran industrial don Emilio Isaías, quien venía de su fábrica San Juan en compañía de su hijo don Estéfano y de su amigo don Fuad Dassum…”¡Llévame a El Comercio” les pidió. Así lo hicieron. En la redacción del decano una profunda sensación se produjo cuando el periodista, bañado en sangre, manchado de lodo, cubierto de heridas apareció. Era la viva imagen de la prensa Ecuatoriana bajo Velasco Ibarra!>>.
Este testimonio apareció en <<La Calle>> del 4 de Marzo de 1957, semanario dirigido por el mismo Juan sin Cielo. Entonces, era subdirector Pedro Jorge Vera, que firmaba sus artículos como <<Diablo Cojuelo>>
Con el tiempo los periodistas se distanciaron, y Vera después editó por varios años, entre clausura y persecuciones, la revista <<Mañana>>
Allí, en cierta oportunidad de septiembre de 1961, dejó entrever que la afrenta soportada por Juan sin Cielo fue un <<castigo antihigiénico>>, mayor que el relatado inicialmente…