<< Araujo Miguel Indice A
 

Araujo Rodrigo

 


Licenciado, cura de Riobamba, designado por el Cabildo de Quito el 4 de Mayo de 1624 continuó gobernando la diócesis hasta la llegada del nuevo obispo, Don Fray Francisco de Sotomayor, a fines de ese año.
“Araujo González Joaquín Miguel”
En 1828 el Obispo Miranda Suárez, al designar al Dr. Joaquín Miguel Araujo para dictaminar respecto al libro de Solano, hace un nombramiento acertado, pues el clérigo Quiteño goza del merecido prestigio de ser entonces quien más amplios conocimientos teológicos posee en el Ecuador, siendo considerado por Prelados y canonistas como varón de consulta en estas materias. Solano, en cambio, es una incógnita todavía. Cumpliendo con lo mandado, Araujo enjuicia la obra de Fray Vicente. Termina su trabajo en Ambato el 6 de Noviembre de 1828 y lo envía sin tardanza al Obispo. “Censura crítico teológica, hecha por orden del Ilmo. Señor don Calixto Miranda, Obispo de Cuenca y Gobernador de la Diócesis de Quito, sobre el libro intitulado: La predestinación y reprobación, según el sentido genuino de las Escrituras y la razón, por Fr. V.S.” Impreso en Cuenca. Año de 1828 al Dr. Araujo ni hay ofensa para nadie, indirectamente se prueba el proceder de éste, quien aplaudía y recomendaba de buena fe la labor de los protestantes que repartían Biblias, actitud que mereció reproches de varios miembros del clero, pero de la cual Solano manifestó arrepentirse confesando públicamente su error en 1828.
El título puesto en su contestación ya indica la forma en que Solano se propone tratar el asunto, recurriendo a términos fuertes, a burlas y aún a injurias: “El baturrillo o censura crítico teológica por don Veremundo Farfulla, analizada y reducida a su verdadero punto, por el fraile V.S.. Imprenta de Cuenca por J. Maya año 1829.” Consta el folleto, además, de cuatro páginas de portada y advertencia, y de sesenta páginas de texto. El Dr. Joaquín Miguel de Araujo. Apuntes biográficos y críticos, por Juan León Mera. “Revista Ecuatoriana.”
Números LVIII, LIX y LX, correspondientes a Octubre, Noviembre y Diciembre de 1893. Quito, Ecuador.
Joaquín Miguel Araujo hijo de don Carlos de Araujo y de Doña Tomasa González nace en Quito, siendo Bautizado el 4 de Febrero de 1774; por lo tanto es diez y siete años mayor a Fray Vicente. Muy joven adquiere los títulos de Maestro y Dr. en Teología, cuya cátedra la desempeña en la Universidad, aunque después ejerce la cura de almas en varias parroquias de distintos lugares de la República, principalmente en Ambato, ciudad en la que, rodeado de toda clase de consideraciones, fallece el día 13 de Febrero de 1841. Afirmación de Sr. Mera de Araujo “Profundizó las ciencias eclesiásticas y filosóficas cual ninguno en su tiempo en América”, la verdad es que su ciencia no aparece en grado tan eminente como para merecer esa hiperbólica alabanza en lo poco, poquísimo, que escribió. La verdad es que el doctor Joaquín Miguel Araujo, a pesar de sus conocimientos teológicos que no se pueden negar y de su erudición también evidente, en toda su larga vida sólo pública dos folletos de alguna importancia. El primero de ellos se intitula: Disertación sobre la facilidad de ordenar y sobre la multitud inútil de sacerdotes, por el Dr. Joaquín Miguel Araujo, sacerdote de Quito residente en la villa de Ambato.
Popayán, imprenta en la Universidad, por Manuel Gregorio Córdova MDCCCXXXV. 2 – VI – 58  páginas. El otro folleto está rotulado así: Disertación sobre la lectura de la Biblia en la lengua vulgar. Con breves notas sobre la vindicación que ha publicado el señor Isaac Wheelwrigh, preceptor del colegio de niñas educandas de Quito por haberle acusado el fiscal eclesiástico de dogmatizante, contra la creencia católica. Por el Dr. Joaquín Miguel de Araujo. Año de 1838. Imprenta de la Universidad Central del Ecuador, por Juan Pablo Sanz. 28 páginas. Este opúsculo contiene la palinodia de Araujo sobre lo que en años anteriores opina favorablemente respecto a las Biblias sin notas, de la Sociedad Bíblica de Londres. Explica que aquella declaración la hace en Noviembre de 1824, ignorando que, en Mayo de ese mismo año, el Papa León XII había ya prohibido la circulación de esa clase de Biblias; proceder que, ahora, en oposición a lo que pensó antes, lo cree sumamente acertado, porque es el tiempo el que ejerce “El gran magisterio de la experiencia”. A estas dos publicaciones hay que agregar la Censura crítico – teológica del folleto intitulado La Predestinación y Reprobación de los hombres, que aunque escrita por Araujo, no la pública éste, pues, como luego se verá, sólo aparece en letras de molde en 1846, cuando ya habían transcurrido cerca de cinco años de la muerte de su autor. Sabiéndose que, al verte al castellano el texto inglés, Olmedo sometía los originales al ilustrado criterio del Sr. Dr. José Joaquín Araujo el censor de la Predestinación de Solano, clérigo de acendrada fe y buen teólogo, pidiéndole y recibiendo consejos y observaciones.