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Báez Pepino Alonso


En el año de 1629 de Ibarra principio a levantar una casa en un solar situado en el centro de la villa, pues uno de los ángulos del plano del edificio daba en una de las esquinas de la plaza principal: era la voz común que aquel solar pertenecía a los jesuitas y se aseguraba que la casa que había comenzado a construir Báez era para ellos: tratase en el cabildo de la villa acerca de este asunto y el procurador se presento ante el corregidor y pidió que se le mandara a Báez suspender la obra y se le obligara a declarar bajo juramento cuyo era el solar y para quien estaba edificando la casa. Héctor Villalobos, corregidor de Ibarra, acogió la solicitud del procurador del cabildo y el 14 de noviembre de 1629, pronuncio un auto, por el cual ordeno que Báez suspendiera la obra y declarara a quien pertenecía en propiedad el solar y con qué fin estaba edificando la casa. Báez comenzó por ganar tiempo dando declaraciones ambiguas; mas constreñidos por el juramento, acabo al fin por descubrir la verdad; dijo que el solar era propio de los jesuitas y que estaba edificando la casa por disposición expresa que para ello había recibido de parte del padre Alonso Gamboa, Ministro del colegio de Quito: la casa, según le había asegurado dicho Padre, era para vivienda de los sirvientes indígenas y de los esclavos negros que tenían los jesuitas en sus haciendas de Pimampiro. Con esta declaración el corregidor decreto se apoyaba en la cedula expedida por Felipe cuarto, en el Escorial, el 27 de octubre de 1626; pero los jesuitas del decreto del corregidor a la Audiencia que acepto la aplicación, en virtud de la declaración que hicieron los padres que la casa no tenia mas objeto que servir de posada a los misioneros, que entrarán a las comarcas orientales o regresaran de ellas; y , el 29 de enero de 1630 les permitió acabar la casa prohibiéndoles poner campanas, edificar iglesia y celebrar en ella los divinos oficios.