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Calderón Pedro

Debieron haber sabido los jesuitas del reclamo interpuesto por Quesada y probablemente temieron que el consejo negase la licencia de publicación a su alegato. Ello es que el libro salió sin licencia del consejo, e impreso en colonia, a no ser que creamos a quesada, según el cual no hubo tal impresión en Colonia: "Aunque para disimular la impresión finge Pedro Calderón haberse hecho este año de noventa y cinco en colonia a diligencia de un Don Gerónimo de Lezcano y Sepúlveda, no le vale: porque Marcos Alvares libero de la covachuela debajo de los estudios del Colegio Imperial el 28 de marzo, que había más de un mes que el dicho Calderón le había entregado aquella gran partida de memoriales para que los encuadernase, que hecho el computo desde enero hasta primero de marzo en que según dice Marcos Álvarez, se los entrego parece mentira imposible que se hayan impreso en colonia y traído a esta corte en dos meses con los embarazos de guerra. y lo que hace evidencia de ser supuesta la impresión, que ni la letra, ni el papel (según los que profesan estas artes) son de fuera de estos Reinos. Porque el papel es de Cuenca y la letra de la que se funde en los moldes que tiene el Colegio Imperial".

Todo esto, que amenazaba extender el pleito mas allá de las fronteras de Quito y de las interioridades de las curias, termino cuando el Consejo mando recoger los dos memoriales impresos, con fecha 1 de mayo de 1695, y ordeno que se expidiesen despachos a las Audiencias de Lima, Quito y Santa Fe con expresas instrucciones de hacer lo mismo por allá los dos libros que cierran el siglo XVII de la prosa quiteña y de modo especial, el memorial del padre Calderón fueron obras prohibidas. Por supuesto circularon en España y América, a pesar de la prohibición, y sazonadas con el sabor que tal tipo de censuras ha dado siempre a los libros.

Pedro Calderón se muestra en su Memorial dialectico de cabeza fría y pasión recóndita, que no da tregua a su presa. Ya en el reparo primero que hace a Quesada, lo pone entre la espalda y la pared: se le ha de creer a él o a la Provincia. y lo acosa nada menos que con una condenación papal en que habría incurrido por mentira y perjurio.

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