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Calero Gaibor Evangelista

Iniciamos hoy la publicación de la tercera imagen biográfica histórica, de uno de los inolvidables empresarios industriales empresarios industriales y comerciales que dinamizaron las actividades de Guayaquil a partir de 1920. Nos referimos, concretamente, a don Evangelista Calero Gaibor, un ciudadano bolivarense que muy joven emigro de su provincia natal busco asentamiento en esta ciudad para perfeccionar sus conocimientos como artesano en la confesión del calzado. Llego animado de muchos sueños y se integro como operario de un maestro zapatero que tenía su modesta tienda en Aguirre y Chimborazo, donde reparaban calzado y los confeccionaban también. Pronto el joven Calero Gaibor mejoro sus prácticas como aprendiz de zapatero y se abrió campo, independizándose, demostrando sus grandes empeños por mejorar su situación y alcanzar metas superiores. Fue el tipo clásico del "Selfman" que sin mayor preparación puso meta a su vida y logro satisfacer sus ambiciones.

El 15 de noviembre de 1922 se recuerda en Guayaquil como una fecha trágica, porque encontraron la muerte muchas personas, por la intromisión de delincuentes que trataron de aprovecharse de la serie de huelgas que venían dándose en la ciudad, con motivo de los reclamos de los líderes sindicales que protestaban por el alza del dólar que había alcanzando un nivel de cinco sucres, encareciendo el costo de vida, de la vivienda, escasez de empleos. Pronto aparecieron los líderes políticos de la oposición al régimen que presidia el Dr. José Luis Tamayo. El Presidente había respondido que estaba estudiando los problemas sociales y que pronto daría una acertada solución: Los líderes se habían tornado más exigentes y las huelgas se extendían a mayor número de gremios.

En la fecha que mencionamos, la concentración alcanzó mayores proporciones. Los gremios se habían movilizado para escuchar a los oradores políticos que intervendrían para fortalecer sus reclamos planteados al gobierno central. Los oradores políticos lo harían desde los balcones de la clínica Guayaquil de esa época. Ubicada en Pedro Carbo y Clemente Belén. La concurrencia fue masiva de ciudadanos para escuchar a sus líderes Intervinieron los doctores José Vicente Trujillo, Carlos Puig Villazar, Gustavo Monroy Garaicoa y muchos otros más que contribuyeron a caldear los ánimos de la gran concentración popular, luego de haber escuchado a uno de los lideres que dijo frenéticamente: hasta hoy hemos venido vestidos con la piel de borrego, pero mañana lo haremos con la piel de tigre.

Se disperso la manifestación y grupos aislados de antisociales se dirigieron hacia el sur, arrebatando las armas de un pelotón de policías que custodiaba una mesa electoral frente a la iglesia de San Alejo. Con esos fusiles se lanzaron a saquear los almacenes ubicados en el Malecón que vendían víveres, telas, herramientas agrícolas y armas de caza. Al tumulto tomó proporciones y avanzó hacia el norte por Malecón, Pichincha y Pedro Carbo, saqueando los almacenes a su paso. El batallón Marañón salió a restablecer la paz seguridad en Guayaquil. Lo demás es historia. Yo había concurrido como curioso a escuchar a los líderes políticos y cuando sonaron los primeros disparos, emprendí una sola carrera hasta mi casa en Colon y 6 de marzo, sin mirar bocacalles. Iba a cumplir los 17 años. El 9 de julio de 1925 Guayaquil fue el escenario de una revolución militar, cuyo líder el comandante Ildefonso Mendoza Vera, un ideólogo manabita, jefe de una unidad militar de la plaza, tuvo el apoyo del resto de los jefes de las demás unidades, consolidándose tranquilamente en esta ciudad, la conducta sumida por el comandante Mendoza Vera, se puso en contacto con las fuerzas militares de la Republica y lo respaldaron. Fue dispuesto el Presidente Constitucional de la Republica Dr. Gonzalo S. Córdova, un destacado jurisconsulto y político azuayo. Hubo prisiones y muchos abusos. Se formo una junta militar en Quito y Fue designado presidente de ella el comandante Ildefonso Mendoza Vera. Fue el caramelo con el que sedujeron los políticos quiteños al comandante Mendoza Vera. Pronto estaban ellos apoderados de la revolución Juliana, teniendo como el gran manipulador al viejo político Dr. Luis Napoleón Dillon, perteneciente a los grupos de prisión social y económico de Quito.

Quedo al frente de la gran empresa que controlaba todos los negocios el Ing. Pedro Briones, quien aparecía con su salud muy quebrantada. Al poco tiempo del deceso de su cuñado falleció también y tomo las riendas el Ec. Juan Calero Briones, como gerente, compartiendo sus responsabilidades con su hermana Angélica Calero de Weber, que tenía igual proporción de acciones. Al comienzo todo marchaba satisfactoriamente. Juan amanecía en su mujer y a sus hijos al Canadá, para que estudiaran sus hijos al Canadá, para que estudiaran sus hijos y retornaron después como profesionales, para ponerse al frente de sus empresas. La gran soledad era su compañera, porque Juan no era hombre de fiesta ni de clubes, prefería escuchar música en su casa y revisar el trabajo que se llevaba. Pero un día, revisando el área de los inquilinos, se encontró con que la propietaria del almacén Lido, ubicado en Pichincha y 9 de octubre, bajos del edificio del hotel Trivoli, de propiedad de la casa E. Calero debía varias pensiones del local arrendado.

Hablo con la propietaria, una húngara muy atractiva, una especie de estuche de monerías. Se conocieron y luego surgió una relación y posteriormente un romance. Lo cierto que este hombre sencillo, de gran capacidad de trabajo, fue sacudido en su soledad y cambio completamente. Concurría a los clubes nocturnos con su bella húngara que le enseño a bailar muy pegadito.

Dejo de asistir a la gerencia de casa E. Calero, con la disciplina que lo había caracterizado. La hermana Angélica le reclamo por este comportamiento, porque era notorio que estaba viviendo un tórrido romance. Se exhibí en automóviles descapotados con su diosa húngara. Juan respondió a los requerimientos justos de su hermana Angélica, que tenía otros planes y que le proponía venderle su paquete accionario. La hermana Angélica de Weber le acepto la propuesta.

El romance de Juan Calero Briones con la bella húngara duro el tiempo que liquidó su patrimonio. Lo había arruinado moral y económicamente y solo quedaban el despojos de un Juan aturdido, desorientado, empobrecido, que recurrió a su hermana Angélica para compartir los buenos recuerdos. Un día encontré a Juan Calero Briones, que estaba gestionando un préstamo de 20.000 sucres en el Banco de Fomento, para impulsar una fábrica de hormas para fabricar calzado. Juan murió hace unos diez años y Angélica, hace unos dos años. Le sobreviene a Juan, su viuda y sus hijos. Angélica no tuvo descendencia.

El Partido conservador del Guayas lo puso en su lista como candidato a senador funcional por la industria nacional. Coincidía con las elecciones presidenciales. Ganó la elección a la primera magistratura el señor Neptalí Bonifaz, prominente miembro del partido conservador, ganadero, financista y aristócrata. Renunció a la elección que había ganado para Presidente de la Republica, porque se informo de buena fuente que sería descalificado por una mayoría del congreso Nacional, por imprudentes declaraciones hachas en su despreocupada juventud. Lo demás en historia.

Don Evangelista Calero resulto electo senador alterno y tomo las cosas con muchas seriedad y responsabilidad, constituyendo una especie de secretariado para que lo asesoraran y provocó reuniones con los representantes de los más importantes sectores de la industria, para conocer sus problemas y como resolverlos. La respuestas fue unánime, lo que halagó al senador alterno, quien decidió ofrecer una suntuosa comida, que se llevo a cabo en los salones de venta de la Empresa Eléctrica del Ecuador, Inc., ubicados en 9 octubre y Pedro Carbo, la asistencia estuvo constituida por unos 200 invitados. Cuando leía su discurso de ofrecimiento del acto, de pronto, se interrumpió en su lectura y expresó, que debido a la emoción que lo embargaba de encontrarse frente a un auditorio tan numeroso como distinguido, se la había nublado la vista y no podía seguir. De inmediato se puso de pie el señor Jaime Puig Arosemena, Presidente de la Cámara de Comercio e Industrias de Guayaquil, quien dijo: Feliz usted, don Evangelista que el embarga la emoción, lo que a algunos de nosotros nos embargan los acreedores, risas y aplausos y continuo con la lectura.

Un firme impulsor del progreso

El fallecimiento de su señora, doña Delia Briones de Calero, lo afectó mucho en sus programas de trabajo a don Evangelista. Sin embargo, recordamos que fue un efectivo líder en el programa industrial y comercial como en el desarrollo urbanístico de Guayaquil. Construyo uno de los primeros edificios de 10 pisos de hormigón armado, bajo la dirección del arquitecto alemán Emil Weber, su hijo político. Precisamente, una tarde que inspeccionaba la construcción, dio un traspié y sufrió un infarto del cual no se repuso. La sociedad ecuatoriana lamentó mucho su fallecimiento, porque fue el empresario altamente creativo y de grandes condiciones humanas.