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Carranza César

El pintor Cesar Carranza de Origen ambateño, realizo sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de Quito, y los perfecciono en la escuela de San Carlos en México, Posteriormente viajo a Italia donde depuro su arte sin perder de vista sus raíces en la cultura mestiza, ni en su pintura popular mítica o fantástica.

En palabras de Eduardo Kingman, Carranza "tiene en sus manos el firme punto de partida para mezclar armonízate hombre, naturaleza y universo". Y añade que el artista "siente, mira y descubre el rico vocabulario de la raza, dicho en cualquier tiempo y lugar". Para Inés Flores en cambio, 2Resulta particularmente interesante el juego cromático de sus cuadros: cada tono es cuidadosamente observado y el dibujo comunica una cándida alegría al conjunto, animado intensamente, porque parece palpitar en cada figura. Con frecuencia encuadra sus pinturas con flores silvestres, a las que anima con el mismo lirismo y el toque barroco que tipifican a toda su obra y que, a lo mejor, son componentes de su personalidad".

Desde el 21 de agosto, una exposición de las obras de Carranza se encuentra abiertas ene l centro de Arte.

Cesar Carranza, ambateño es uno de los primeros nacionales que está en una línea valida, la beneficia con lucidez y buen oficio, y progresa con pasos firmes. No hay, pues, que perderlo de vista. El pintor ha cambiado, pero sin perder autenticidad pictórica: las raíces siguen absorbiendo jugo de la tierra. Acaso en ningún momento de la expresión del joven artista se ve esta doble faz de cambio y permanencia, como en el color. El color sigue siendo personal, de firme raíz mestiza. Pero, sin perder la originalidad americana del color mestizo. Ha domado los colores, ha asardinado los tonos y ha conferido cierta noble gravedad al juego cromático. Todo ello sin renunciar a esos extraños colores y audaces combinaciones que ama el gusto de las gentes campesinas e indias y esos mágicos verdes turquesa con que pintan las fachadas de sus casas, esos violetas cálidos y rojos carmines de sus bayetas, esos dorados con patina de vejez con que sacralizan a sus santos. Los Azules y violetas de extrañas luminosidades son la versión del pintor para la maravilloso campesino esa aura con que rodean sus relatos fabulosos milagreros.

El cambio ha sido, aunque menos hiriente paralelo entre otros frentes. La antropomorfita se ha estilizado, el dibujo de rostros y gestos humanos ha cobrado nueva expresividad. Se ha desplegado cierta ironía que se dio ya en algunos dibujos tempranos.

Y en el estilo se ha recuperado, con muy buen sentido y gran personalidad, conceptos y ejercicios de súper realismo. el espejo, como en los juegos de Magritte: la figura de la mujer reflejada desborda el espejo y reflejo y es figura; el marco que debería encerrar la imagen de lo vital queda sumergió en lo vital, que lo trasciende.