<< Carrillo Manuel Indice C
 

Carrión Aguirre Alejandro

Alejandro Carrión Aguirre nació en Loja en 1915. En 1927 nos conocimos en el colegio "Bernardo Valdivieso". Desde entonces mantuvimos una cordial e inalterable amistad. La noticia de su muerte súbita, como el la deseaba, acaecida en Quito el 4 de enero anterior me perturbo sobremanera. Recordé, una vez más, con sentido pesimismo, que la vida es una ilusión transitoria. Que, como dijera Bolívar, no es sino"....el relámpago que fulgura un instante en el firmamento, para tornarse a perder en el abismo". Estas notas, sin otras galas que la sinceridad y la afectuosa evocación de su vida y de su obra, las escribo cuando mi ánimo ha encontrado equilibrio emocional para mirar con serenidad la fuga de la escena de nuestra generación, que se inquieto por encontrar una orientación transparente en la vida que supere sus deficiencias. Un camino para encontrar la felicidad. Y soñó y se afano en realizar una obra renovadora, altiva y sugerente. Que se preocupo de ser un factor positivo en el desarrollo de la comunidad. Que amo y soñó que la vida es también alegría y belleza.

En "Hontana" (1931-32), la revista dirigida por el entonces profesor de literatura del "Bernardo Valdivieso", Dr. Carlos Manuel Espinosa, probamos armas con Alejandro Carrión en el vasto campo de la literatura. Desde aquella lejana década de los 30 sabíamos sus compañeros que Alejandro seria poeta, realista y ensayista. Debuto brillantemente en estos difíciles géneros literarios cuando aún era un adolescente.

Luego se radico en Quito en donde realizo su gran carrera literaria. Pronto comenzaron a editarse sus libros de poesía, de relatos de crítica y finalmente su revelación como periodista. Como tal escribió en El Universo de Guayaquil la columna Esta Vida de Quito bajo el seudónimo de Juan sin Cielo. La vida le dio tiempo para utilizar su extraordinaria capacidad de trabajo en realizar una esplendida, una estupenda obra escrita contenida en veinte volúmenes, lo que le ha consagrado como una de las más altas figuras de la literatura ecuatoriana contemporáneas. Ha sido galardonado en los principales países de americanos. Su actividad periodística le trajo dificultades, hasta el atentado contra su vida. Sin embargo el murió como todo héroe en pie de guerra, luego de haber escrito su poster comentario periodístico.

El 18 de noviembre de 1956 el I. Municipio de Loja designo a Alejandro Carrión como "Ciudadano Distinguido: 1956". Al agradecer la distinción.

"La espina" (1959) de Alejandro Carrión (1915), hermosamente escrita, obsesiva de su ambiente y cruel para penetrar en los más obscuros recovecos de la pasión humana. (Ya Carrión había anunciado estas calidades en otro libro bello y desolador: "La manzana dañada" (1948).

En efecto, Alejandro Carrión hizo en la revista "Montanar" sus primeros escarceos literarios, sorprendiendo antes, a los lectores, con la publicación de su primer poema "Nariz", que nos llevaba a recordar el viejo poeta madrileño. Acusaba originalidad y firmeza versificadora. "El cuento que se perdió sin que lo lean", publicado por Carrión en la mencionada revista, era ya un trabajo perfectamente logrado. Al "irreverente" articulo literario que publicara criticando a ciertos "príncipes" de las letras arcaizantes y que originara un violento y duro epíteto por parte de los "intocables", el poeta lojano, de dieciocho años contesto gallarda y orgullosamente con "Poemas de un portero", dedicado a Pablo Palacio. Versos como puede apreciarse de indudable corte vanguardista, cercanos a "Poemas Automáticos" de Manuel Agustín Aguirre, colmados de bellas imágenes, y, sobre todo, de una Luminosa hermosura, como todos los demás que en la obra le siguen: "Poema del cuerpo Luminoso", "Poema de la sonrisa", "Poema de los ojos inútiles”. 1934 "Luz del Nuevo Paisaje", bellísimo Libro, de profundo contenido humano, vale decir, de fervoroso y entusiasta anhelo revolucionario. A los años 1934-1944 corresponde "Agonía del Árbol y la sangre". Alejandro Carrión prosigue es este libro, la brillante línea poética trazada desde el primer momento de su aparición en el panorama de nuestra literatura contemporánea.

Se titula "Laurel de Sombra" y se encuentra inserto en su libro "Poesia2 que recoge gran parte del caudal lirico de Alejandro Carrión. Fue escrito en 1944. a los veinticinco años de la muerte de quien fuera trágico lirico. El poema canta la soledad en que cayera Héctor Manuel Carrión. Le sigue a "Laurel de sombra", la "Noche Oscura", publicado entre los años 1934-1954.

En "Sangre sobre la tierra" 1946-1957 el poeta sale del marco lirico en que viniera labrando su poesía agrupada en algunos volúmenes, hace una especie de "cante grande" lirico que se eleva y se ensancha hacia la inmensidad cósmica. El mismo sentido heroico y patriótico tiene el último poema "Túmulo de Vargas Torres", que es de una patética y hermosa evocación del héroe esmeraldeño llevado al patíbulo y luego arrojado a una quebrada pestilente, por la barbarie ultramontana que entonces gobernara nuestro país.

Dadme la lanza de letales filos, un ciprés de ramaje sollozante, una rosa ilutada, un hielo airado, como su muerte.

En ¡Nunca! ¡Nunca!, poemario que llena el lapso 1955-1957, Carrión continua entregándonos poemas de alta calidad lirica. El libro está dividido en dos partes. "Poeta y peregrino", publicado en Caracas hacia el año 1966. Lo componen veinte y tres poemas, atestiguadores de una tenaz vocación, no siempre advertida por los hombres de letras ecuatorianos. Estamos ahora con un nuevo poemario de Carrión Titulado "El tiempo que pasa" y que corresponde a 1964. La Obra precedida de un pequeño poemario de Arcione Moratorio, esta como si dijéramos a valida por los cuadernos Julio Herrera, de fama continental

Alejandro Carrión. "la Elegía del Desterrado" y su Autor", Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Azuay. Revista, tomo VII, No.11 Cuenca-Ecuador, 1955, pp. 130. "Los Poetas Quiteños de "El Ocioso en faenza". Casa de la Cultura Ecuatoriana. Historia y Critica; Quito, 1957. Tomo primero, PP.343.

Alejandro Carrión, Amigo entrañable, compañero de bancos de colegio y de Universidad, ya se destacaba en las prepoces lides de prensa estudiantiles. Pronto se hizo popular su pseudónimo de "Juan sin cielo" en las columnas de mayores rotativos y en varias revistas de combate doctrinario.

Venia de una estirpe lojana de poetas y era de inquietud filosófica y universal, tan preocupado de la expresión de la esencia como de la metáfora. Los que él llamaba sus versos de juventud se agruparon en sus primeras ediciones desde sus adolescentes "Poemas de un portero", dedicados a Pablo Palacio, hasta cuando ganaba concurso literarios en el Colegio "Mejía", Junto a Ignacio Lasso, Humberto Vacas Gómez, Pedro Jorge Vera y Jorge Fernández; eran los del grupo "Elan", el antiguo "Lampadario". Creo después y fue secretario general del Síndico de Escritores y Artista. Avanzo en su " Poesía de la Soledad y el Deseo", Saliéndose de la poesía comprometida y entrando a lograr merecida repercusión internacional con una poesía independiente y de verdad En Loja fundo "Hontanar" y publico "Agonía del Árbol y la Sangre"; entre a representar al sector de poesía de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. En Quito en 1935, apareció su "Luz del Nuevo Paisaje".

Exploro el Terreno de la época y produjo "La sangre sobre la tierra", donde se rebeló su "Canto a la América Española" y su "Túmulo de Vargas Torres". Decía Alejandro que su poema preferido era "Nupcial" que apareció en su poemario "Nunca, Nunca":

"Llegas como la lluvia: de los ojos del cielo eres como la mano que cierra una ventana y abre una luz y enciende una voz en la noche y llena de humo tierno una canción que llora".

Carrión ha entrado en el ensayo histórico y en el relato en el ensayo histórico y en el relato con elevados meritos. La crítica literaria aplaudió los cuentos de su primera obra "La manzana Dañada", un Libro de la vida cuotidiana.

Isaac Barrera cree que con esa obra Alejandro inauguro un nuevo periodo del relato. Su novela "La Espina" publicada en Buenos Aires, se laureo en concurso continental. Más tarde lanzo su "Mala Procesión de Hormiga", otra radiografía de la vida popular en la cual, el, mismo lo confiesa, como decía Stendhal, "paseaba su espejo a la vera del camino". Allí describe la vida burocrática, los altos y bajos de la rutina oficinesca y de la existencia conyugal de las clases modesta. así también sus otros libros de precisos relatos, siempre sazonados de toques de irania y de una suerte de fotografía social o sea de las cosas como son, sin arengas, catecismo ni prejuicios doctrinario. Así se sucedieron "Muerte en su Isla", "La llave Perdida", "Divino tesoro2, "Una Pequeña Muerte", "La espina"; los Ojos de los otros y "La otra historia" que comienza por un resumen prehistórico en el cual, en la península de Santa Elena, Adán y Eva se establecieron como agricultores y por tanto, como ecuatorianos.

Alejandro Carrión fue critico político. Aplico su talento para tratar los temas en su dimensión real y para elevar la importancia del detalle relevador. Así derribo armazones consagradas y arremetió contra todo perjuicio y, sobre todo, contra los sabelotodo, los engominados, los trepadores y los prestigios de campanario. Sus crónicas fueron siempre divertidas, oportunas y valientes, a veces con la pimienta de lo implacable. Vino a seguir, en los escaños del periodismo ecuatoriano la tradición de pluma flamígera de Manuel J. Calle, el conocido "Ernesto Mora" y de José Antonio Campos, el acertado costumbrista "Jack the Ripper".

De la discusión de café resulto una tarde la ocasión en que tuve el placer de presentar a Alejandro Carrión al entonces presidente ecuatoriano Galo Plaza. De tal entrevista en el despacho presidencial nació una amistad perdurable. Carrión trabajo en la sede de la Organización de Estados Americanos donde hallo amplios horizontes para su fecundo quehacer literario. Sus libros y sus poemas han sido traducidos a varios idiomas y se citan con alto encomio en todas las antologías.