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Cauja.

A veces pulcro y nítido en el pulido total de la obra, otras respetando parcialmente la textura natural del mármol y el paso del cincel por ella; Cautja busca, reflexiona y combina la técnica para encontrar así como el poeta la rima, como el cineasta el conflicto, el fotógrafo el Angulo, el pintor el color, el actor la emoción, etc. la forma de expresar los recuerdos, los sueños, las inquietudes de hombre contemporáneo creativo y superpuesto, el anhelo y amor por la libertad, que le viene no solo de raza histórica, sino como esencia humana universal.

Tras un breve devaneo con la chatarra como materia de trabajo y con el que no le fue mal prometió fidelidad el mármol en todo sus matices y aunque no descarta valerse en el futuro de otros materiales, reconoce y admite feliz que “lo suyo” es el mármol. Un enamoramiento que se desborda feroz, sobre todo después de respirar afuera, cuando y donde los vientos europeos o neoyorquinos soplan tan fuerte, que Cauja quiere multiplicarse y demostrar demostrarse a si mismo que no se estanco que sus manos aparentemente frágiles y de su espíritu inconforme aun van a surgir muchas creaciones más, es decir, algunos manifiestos de vida muy latente.

Desde la primera escultura

Varios tanteos tuvo Cauja, antes de descubrirse en la escultura. El recuerda el teatro como uno de sus primeros impulsos, mientras se guiaba con algunas famosas lecturas como brújula para descifrar y orientar lo que quería en la vida.

Cuando ingreso a la Escuela de Bellas Artes en Guayaquil, ya intuía que el mármol seria su camino definido y definitivo. Por eso fue tan ingrato que después no lo admitieran en ese instituto cuando ese se transformo en colegio. Cargando ese gran dolor y una subrayada timidez, continuo trabajando al margen de la miopía academicista, que no vislumbro en su incipiente arranque a un escultor de potencial buena cepa. Con la venta de su primera escultura un cheque de dos mil quinientos sucres que el recuerda luminosamente compro mas piedra y herramientas para forjar obras que luego ganarían reconocimiento de público, de crítica y premios.

En 1974, el Salón Nacional de escultura de Guayaquil le entrega el segundo premio. Al año siguiente ganaría el premio Único del Festival de Arte, así como los primeros premios de los Salones Nacionales de 1976, 1984 y 87.

En el intermedio, expone en Quito en 1977 yen Caracas, 1979-80. Comienza a amarse su carrera, con la misma solidez y el brillo de su material predilecto. En 1981 es becado a la Unión Soviética: Moscú y Ereván fueron los centros que legitimaron y reforzaron su truncada formación vocacional.

Ameniza, pueblo pedregoso y volcánico de la ex URSS, es también una de sus mas fuertes fuentes de inspiración, ya que sus monumentales templos y edificios tallados en la roca natural, paridos de ella misma, fueron para él la más viva lección de lo que el hombre puede crear con férrea voluntad, perseverancia y espíritu creativo. De allí salió una de sus "series" que de alguna manera reproducen a escala esa grandiosidad impresionante e inolvidable.

Crear las series: Temas que son recurrentes en la obra de Cauja, se han convertido en series con firma de identidad: "Torsos" para comenzar, con la figura femenina como inspiración; " Pájaros", la clásica representación de la libertad y después una mixtura de ambas: "Mujer pájaro", seguida por "Maternidad"; "América", Luego de la interesante creación de "Nudos" y recién, la escultura funcional, el intento de integrar la escultura al ambiente cotidiano de la gente, sin que se convierta en objeto meramente decorativo.

Son huellas en el camino de mármol transitado y que ya conforman un patrimonio artístico personal digno de tomarse en cuenta y en serio Mármol negro, blanco, jaspeado. Gris, verde y rosado ahora, escaso, hermoso y enigmático; encuentra un contorno y una expresión singular, "a lo Cauja".

Incursión en mercado foráneo

Lo más trascendente de Cauja en su quehacer reciente, es su incursión en el mercado latino y norteamericano, gracias al apadrinamiento de la galería Marta Morante, cuyas sedes en nueva York han reconocido su talento asumiendo su representación para difundir su obra en espacios muy competitivos, pero que por la calidad del artista, hay opciones prometedoras, ya que varias obras suyas han sido vendidas, lo que es un signo de aceptación entre gustos conocedores y exigentes. Después de haber expuesto en ambos países, Cauja aprovecha volver con nueva obra en este mes a Nueva York, ciudad adonde se trasladaría a residir temporal y eventualmente con su taller; pues la visión de la galerista venezolana Marta Morante augure un periodo de intenso trabajo que sin duda derivaría en el merecido reconocimiento internacional.

Parte de esta proyección seria la edición de un libro de artista con la obra versátil de Cauja. La labor de Marta Morante es clave en la difusión de la obra de este escultor, pues ella lo incluyo inicialmente en una colectiva de arte latinoamericano contemporáneo, junto a importantes creadores como Soto, Armando Receron, Héctor Poleo, iris Vargas, Henry Mujica, entre otros.

Posteriormente sus muestra individuales han recibido alentadores elogios y la galería ahora anuncia la obra de Cauja a través de conocidas publicaciones especializadas, como la revista Art Nexus Internacional. En Guayaquil, su obra se verá otra vez en octubre, en la galería Madeleine Hollaender, su representante nacional, para volver nuevamente a nueva York en noviembre de este año. Para marzo de 1994, lo espera Quito en Art Forum.

Es verdad que Cauja aun debe recorrer un sinuoso y extenso camino, pero no es menos cierto que la actualidad es uno de nuestros escultores más representativos y productivos, que está trabajando actualmente por sus honestos ideales creativos. Como para no traicionarse.