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Chaperra

Esta  ocasión no se dejo esperar. Muerto Chamba, gobernador de Tomebamba y del territorio Cañari, le sucedió su hijo Chapera, el que influido por algunos enemigos de Atahualpa, restos de la corte del Cuzco, le aconsejaron, que la confirmación del gobierno cañarí fuese expedida y ratificada por Huáscar y así sucedió. Atahualpa sabedor de este suceso, que era un desacato a su autoridad real y una manifiesta insubordinación, ordeno que dos mil hombres de sus ejercito al mando de un general se trasladaran a Tomebamba a castigar al gobernador infiel y sus cómplices, estos sabedores de la aproximación del ejercito quiteño, huyeron a las montañas y no fueron encontrados. Esta división tenía la consigna de permacer allí para velar por la paz y seguridad de la provincia y perseguir a los revoltosos. Chapera de inmediato comunico a Huáscar todo, lo sucedido, solicitando ayuda para contrarrestar la actitud de Atahualpa, quien a su vez, prontamente atendió el pedido de Chapera y el envió un fuerte contingente de tropas veteranas al mando de un general.

El ejército sureño a marchas forzadas llega y ataca a la pequeña guarnición, que se defiende heroicamente causando estragos en el ejército invasor, pero estos unidos con los cañarís, triunfan en la batalla y las tropas de Atahualpa retroceden ordenadamente, hasta la fortaleza de Tiquizambi.
Atahualpa al tener conocimiento del descalabro de esa guarnición, caso al siguiente día, reunió un buen contingente de tropas que las puso a ordenes de los generales Quisquis, Calicuchima y Rumiñahui y el, en persona, siguió con mas contingentes de guerreros, ansiando reparar la derrota anterior. Sabedores los sureños del avance de las tropas quiteñas y envalentonadas con el triunfo anterior, se propusieron atacar al enemigo en sus mismos campamentos, en cuya pretensión fueron derrotados y aniquilados.
Con nuevos contingentes de orejones, volvieron a poner resistencia, mas el ímpetu arrollador del ejército quiteño, hizo imposibles toda resistencia. El enemigo huyo en desbandada, y las tropas de Atahualpa entraron victoriosas en Tomebamba.
El emperador para ejemplarizar a los traidores de cañarís, que de tiempo atrás fueron falsos, ordeno el exterminio de todo hombre capaz de tomar las armas en su contra, así como también la demolición y arrasamiento de los suntuosos templos, palacios y tambos de la gran ciudad del Tomebamba; fue tal la destrucción de la hermosa ciudad, que hasta ahora no se sabe con certeza donde estaba ubicada, porque no quedaron ni siquiera las ruinas de la ciudad imperial, cuna de Huayna Capac.
En vísperas de marchar hacia el norte, Benalcazar recibe una embajada de los Cañarís, enviada por el Gobernador Chapera, pidiéndole auxilios inmediatos para no cooperar con Rumiñahui, que se preparaba a defender el suelo de su patria y libertar a su cautivo soberano.
El capitán Benalcazar, alentado con esta ayuda inesperada, sale de San Miguel de Piura el 25 de febrero de 1534 (según Jijón y Caamaño) llevando como Alfares Real a Don miguel de Muñoz, de Maestre de Campo a Falcón de la Cerda y los capitanes Francisco Pacheco de Puelles, Ruiz Díaz y otros esforzados oficiales.