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Cornejo Cevallos Manuel

En los primeros meses de destierro Montalvo recibió la primera misiva afectuosa de Eloy Alfaro, quien residía en Panamá, desde que salió del Ecuador, en 1864. Con auxilio de este patriota, pudo realizar su segundo viaje a Europa. Iba por curarse de heridas, de las muchas recibidas en los zipizapes de Quito. En Paris se hallaban desterrados D. Pedro Carbo, D. Manuel Gómez de la Torre, D. J.M. Avilés, Dr. Mariano Mestanza, el Gral. I. De Veintimilla, los jóvenes Manuel Semblantes y Manuel Cornejo Cevallos, y algunos otros.
Así en diciembre de 1869 los Guayaquileños Pimentel y Sánchez y el joven quiteño Manuel Cornejo Cevallos planearon el asesinato del Presidente. La delación de Sánchez hizo posible descubrir la trama del complot. El consejo de guerra, convocado para juzgar a los complicados en la conspiración, sentencio a Pimentel y a Cornejo a la pena de muerte que le conmuto García Moreno por destierro y trabajos forzados. En combinación con el criminal proyecto anterior se fraguo en Cuenca un levantamiento que tenia puntos de contacto con otros sectores de la Republica. Los compactados lograron apresar al gobernador y al Jefe Político mientras otros penetraban e la Plaza de Armas. El comandante Manuel paredes logro imponer a los revolucionarios, quienes hirieron cobardemente al indefenso Gobernador. La justa indignación del Presidente no vacilo en negarse a las gestiones desplegadas por algunos ciudadanos que aspiraban alcanzar el indulto para los mentores de la fallida revuelta. Previa sentencia del consejo de Guerra fueron fusilados el Jefe Militar y máximo dirigente M. Ignacio Aguilar junto con los ciudadanos Cayetano Moreno y Vicente Heredia. Otros motines y asonados de menor importancia y fácilmente controlados pusieron de manifiesto ante los conspiradores en potencia la solida posición que tenía el Gobierno y la eficiente súper vigilancia que desplegaba en todos los ámbitos de la nación.

A fines del año de 1876, Don Manuel Cornejo Cevallos, Publico un extenso folleto titulado “Cartas a los Obispo”, esencialmente subversivo, en el que atacaba a la religión, a sus autoridades y a cuanto el Catolicismo sostiene como fundamento de la Fe y de la organización eclesiástica. El promotor Fiscal de la Curia metropolitana denuncio el Ilmo. Señor Arzobispo esta publicación y pidió fuera prohibida su lectura bajo las penas eclesiásticas que juzgare convenientes, Monseñor Checan antes de tomar una resolución con la prudencia que la caracterizaba, en todos sus actos, creyó necesario nombrar una comisión para que examinara con todo detenimiento la referida publicación; y designo a la consulta General eclesiástica, creada por el segundo concilio Provincial Quítense para que efectuara eses cometido.
El 1 de febrero de 1877 la Consulta General presento, después de prolijo estudio el referido folleto de veinte paginas. Suscribieron ese voto el doctor Joaquín Tobar, Presidente de la Consulta general y el Dr. José María del C. González, Secretario de la misma. La consulta califico a la “Carta a los Obispos”, como subversiva y sediciosa, tendiente a “predisponer a los fieles contra las autoridades eclesiástica legítimamente constituidas, procura el desprestigio y el menosprecio de los Obispos, contiene imputaciones altamente injuriosas a su dignidad, Acusa de servilismo, de haberse opuesto a, los pies de un déspota como García Moreno aplaudiendo sus abusos. Acusa de ignorancia a algunos Obispos; y principalmente ataca principios de la Fe católica. Dice la Consulta: La carta a los Obispo interpreta arbitraria y temerariamente algunos textos de las divinas Escrituras de algunos SS.PP de la iglesia y de algunos Obispos católicos para ponerlos en pugna con los Prelados ecuatorianos”. Analiza la Consulta los errores filosóficos y dogmaticos de la Carta de los Obispos; en la que, desafiando al obispo de Guayaquil, Monseñor Lizarzaburu, le dice: ¿De qué manera podría probarnos el Ilmo. Lizarzaburu que la ciencia no está en oposición con el Génesis?.. No hay dudas de que en ese panfleto se estudiaba, con afán de polémica, a atacar a la iglesia ecuatoriana, textos y obras antirreligiosas.
Esta carta motivo el famoso informe del entonces Canónigo Doctor Don Federico González Suarez Señor Obispo de Cuenca.
También el doctor Juan de Dios Campuzano publico una importante refutación a la “Carta a los Obispos”.
El Arzobispo Checa y Barba publico un Decreto, Conformándose con el voto y parecer de la venerable Consulta General eclesiástica, y cumplidos los demás requisitos que prescribe el decreto segundo del Concilio Provincial 2° quítense, reprobamos y condenamos los errores contenidos en el folleto citado… y prohibimos bajo pena de excomunión ipso facto incurriendo, a todos los fieles de nuestra Arquidiócesis, la lectura, retención Y circulación del folleto intitulado “carta a los obispos”. 5 de febrero de 1877. Era entonces Secretario y suscribe el Decreto el Doctor Ramón Acevedo.
Quito, abril 8 de 1877 a las siete de la mañana. El decreto que antecede se hace extensivo a Manuel Cornejo Cevallos, contra quien hay también graves indicios de culpabilidad. Deténgasele en la cárcel consérvele incomunicado hasta tomar su declaración indagatoria y notifíquesele con el auto cabeza de proceso y con este decreto. El 23 de junio se dicto Auto de Sobreseimiento para Manuel I. Pareja, Manuel Cornejo Cevallos, José G. Moncayo y Joaquín Chiriboga.
El Ecuador Cadalso del 18 de diciembre de 1869. A la juventud Quiteña, por Manuel Cornejo Cevallos” Pág. 13 Panamá, 1870 Imprenta del “Star and Herald”.
En la noche del 16 al 17 de enero de 1869, el grupo de liberales de Quito llego a tener por segura la conspiración de García Moreno contra Espinosa. En casa de Dn. Domingo Paz, Calle de San Sebastián se reunieron en numero de 80 liberales entre ellos se hallaban los Dres. Carlos Cáceres y José Vaquero Dávila, y Teodomiro y Alejandro Rivadeneira, Antonio Cevallos Salvador, Isidro y Federico Cevallos, Juan V. de la Gala, Santos Cevallos, Víctor Guerra, Rafael Suarez, Rafael Quijano, Rafael Portilla, Manuel Semblantes, Manuel Cornejo Cevallos, etc.
A mediados de 1869, se reunieron una noche, en la barranca de Jerusalén, los conspiradores ya nombrados, acompañados del Dr. Alejandro Cárdenas, de Alejandro Cevallos, de Aguilar, el Atormentado en Guayaquil, quien furtivamente salió del escondite. Uno de los más entusiastas, El Dr. Carlos Cáceres, se embriago y empezó a disparar tiros de revolver. Disolvieron en el acto: por milagro no fue descubierto este proyecto. Otra conspiración más seria fue la del 14 de diciembre de 1869, en la que concurrieron a mas de los mencionados, el Comandante Diego Pimentel, Guayaquileño confinado en Quito, el Dr. José Antonio Sánchez, quien acababa de soportar prisión y grillos, en compañía de Verdesoto, Gamarra, Aguilar y otros; Juan Elías Borja, hijo del patriota que murió en la barra, Manuel María Maldonado, hijo del Gral. Muerte en el patíbulo, Rafael Gonzalo, Rafael Suarez, Rafael Quijano, Manuel María Zambrano, Antonio Marcos y los militares A, Dalgo Gregorio Campusano. Sánchez fue el delator. El 14 fueron aprehendidos el Dr. Alejandro Rivadeneira, Manuel Cornejo Cevallos. El mismo día 14 fueron declarado en estado de sito las provincias de Pichincha y León, y el 16, toda la Republica. El tirano dio esta proclama.
Varios de los presos fueron sometidos a juicio, en el Consejo de Guerra Verbal; pero no hubo prueba concluyente de delito, sino solo la aseveración del delator. Sin embargo, fueron condenados a muerte Diego Pimentel y Manuel Cornejo Cevallos, el ultimo, joven estudiante de 22 años. Tanto significaba que no hubiese juicio, como cuando el suplicio del Gral. Maldonado o que los hubiera, como cuando la conspiración cuando el suplicio del Gral. Maldonado o que los hubiera, como cuando la conspiración de que hablemos. Antes no había estado de sitio ni consejos verbales, pero después ya se habían aumentado estos gráficos en la sala de torturas del infeliz Ecuador. El tirano se empeño en que Cornejo Cevallos comprometiera en sus declaraciones al Dr. Marcos Espinel, a quien aborrecía de muerte, desde antes. Mando sentenciar al joven Cornejo y después de la sentencia, le obligo a prestar declaraciones. Para acusar al Dr. Espinel, no hubo pruebas convincentes, pues Cornejo Cevallos solo hablo con el consabidor; sin embargo aquel anciano, digno de consideraciones por muchos conceptos, fue perseguido a sol y sombra, se publicaron adictos citándolo oculto a Colombia. En Ipiales publico un cuaderno, con pruebas y razones convincentes. Se le había confiscado aun la biblioteca. Todos los efectos, verdad es, le fueron devueltos años más tarde; y se le indemnizaron algunos perjuicios.
Como Cornejo Cevallos y Pimentel pertenecían a familias distinguidas, y el primero tenía madre y hermanas, personas del bello sexo interpusieron sus suplicas; y el tirano conmuto la pena a los dos condenados: A cornejo Cevallos le sentencio a ocho años de destierro a Europa, y a Pimentel, a diez años de obras públicas, Pimentel era un militar denodado y generoso, indigno de la tribulación a que le condeno el tirano. Dos mese después, fue dichosamente indultado.
Había permanecido en Europa más de cinco años y tenido ocasión de presenciar los efectos que produjo en Francia el Discurso que el Conde Montalembert pronuncio en el Congreso Católico de Malinas el año de 1863. El folleto estaba destinado a los obispos del Ecuador, cuyas directivas contrastaban con las adaptadas por los obispos contemporáneos de Francia. El Hno. Señor Toral encargo a González Suarez que presentase su informe sobre el contenido de la “Carta a los Obispos”, el 22 de febrero de 1877. El joven canónigo dio por escrito su parecer, analizando todos los puntos tratados en el folleto. Desde el principio manifestó su opinión sobre el contenido de la famosa carta. “No puede menos de causar sorpresa ver acumulados tantos errores en tan pocas páginas. La negación del derecho natural el materialismo, la separación de la Iglesia del Estado, la libertad de conciencia, la tolerancia de cultos, la absoluta libertad de imprenta, el desconocimiento de la divinidad del cristianismo, y la aseveración de que el Génesis está en contradicción con las ciencias físicas: tales son, en resumen los errores, de la carta a los obispos”. Para sostener esos errores se valía el autor de textos de las sagradas escrituras y de la autoridad de algunos Padre de la Iglesia y del testimonio de los Prelados de Francia.