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Corro Carrascal Diego

Era clérigo: antes de venir a las Indias estuvo algunos años en Sevilla, ejerciendo el cargo de profesor de Derecho en la Universidad de aquella ciudad: su primer destino en América fue el de Inquisidor en Cartagena, de donde ascendió al de Presidente de la Audiencia de Nueva Granada y de allí a la de Quito. A penas llego a Quito dio motivos de queja a los oidores, quienes llevaron muy a mal que el Presidente infringiera las severas prescripciones del ceremonial de la recepción, convidando a la comida del días de la toma de posesión a personas que no pertenecían a la real cancelería, y sobre todo, dando la presidencia el honor en la mesa, al obispo, cosa que a juicio de los Oidores, ajaba la majestad del tribunal. La armonía entre el Presidente y el obispo se conservo inalterable, y hubo dos años de completa tranquilidad. Don Diego del Corro, aunque no había querido obtener dignidad ni destino alguno en Indiana, de miedo de condenarse, con todo, echo de menos en Quito una plaza de toros, y, como español de raza no pudo pasar sin corridas: todos los juegos hacia sacar de la casa de rastro los novillos que hubiera para el abasto de carne, y los mandaba lidiar en la plaza mayor: la corrida principiaba desde las dos de la tarde; y, aunque los novillos estaban contenidos por lazos, sin embargo, las desgracias eran frecuentes. En la plaza mayor estaba entonces el mercado, y las indias vendedoras de víveres, y sucedió que muchas de ellas fueran estropeadas por los otros. El presidente presenciaba las corridas desde la galería de la Audiencia, Asimismo todos los sábados, a las cinco de la tarde, había corridas en la plazuela llamada de la carnicería, porque estaba delante de la casa de rastro, y el Presidente las veía, lleno de gusto, de una ventana de una casa cualquiera.
El 9 de marzo de 1673, jueves por la mañana, murió en Quito: había tomado posesión de su destino el 20 de septiembre de 1670. Cuando murió estaba ascendido a la presidencia interina de Bogotá; pero la cedula en que se le comunicaba el ascenso, llego después de su muerte.
Había desempeñado antes, por dos años la presidencia interina y el gobierno del Nuevo Reino de Granada, a donde se le mandaba volver, para que por segunda vez, ejerciera los mismos cargos. No contaba ni cuarenta años de edad, cuando murió: era extremeño, natural de Fuente de Cantos, hijo legitimo de doña María de Carrascal y Prado y de Gonzalo Fernández del Corro, alguacil mayor de la Inquisición de Llerena, ambos oriundos de antigua y nobilísima alcurnia.