<< Cuenca Juan Indice C
 

Cuero Caicedo José

 

Obispo de Quito, nacido en Cali a rines de 1734 o a principios de 1735, del español Cuero Bernabela Caicedo Jiménez (Caicedo Hinostrosa), nacida en Cali en 1701, ya viuda en 1789. Esta familia ufana base no poco de lo claro de su estirpe y el propio José obtuvo que la cancillería de granada les despachase sus ejecutorias de la nobleza. Este prelado empezó su carrera en Popayán, en cuyo Seminario hizo sus estudios. Allí obtuvo el 27 de Diciembre de 1756, siendo rector el padre Tomas Larrin, el grado de bachiller, juntamente son sus condisipulos Miguel Quintana, Nicolás Ospina, Martin Soto, José y Juan Riascos, Pedro Moran, Francisco Mosquera, Juan Agustín Frías, Vicente Valencia, Mariano Lemos, Francisco Quintana, Francisco Revolledo, Carlos Hurtado, Joaquín López, Tomas Muñoz, Ignacio Montalvo, José Ignacio Nagle, Juan Francisco Velarde, Agustín Salamanca, Mariano Dominguez, Joaquín García e Ignacio Montenegro. El 2 de julio de 58, último año del rectorado del Padre Larrín se le confirió el grado de maestro, lo mismo que a los Quintanas, Ospina, Soto, Moran, Juan Antonio Riascos, Mosquera, Frías, Valencia, Lemos, Rebolledo, Montalvo, Nagle Velarde, Salamanca, Domínguez, Montenegro y Alendro Iribarri. Para optar el grado de maestro, los postulantes picaban (así dicen las actas) tres veces en cada cántaro de lógica, física y metafísica y de las nueves cuestiones que les salían dos para responder a ellas. Bajo el rectorado del Padre José Escobedo, el 5 de mayo del 62, alcanzo el titulo de Dr. Así como también Mosquera, Frías, Montalvo y Valverde. Ocupo en el coro catedral de Quito la Canóniga penitenciaria; paso de nuevo a Popayán, de cuyo cabildo fue sucesivamente dignidad de tesorero, de maestrescuela y de deán. Ejercía este última cargo cuando fue preconizado obispo de Cuenca, Ecuador, diócesis erigía el 13 de junio de 1779 por real cedula expedida en Aranjuez, e instituida canónicamente por Pio VII.
El primer prelado fue José Carrión y Marfil, español, posesionado el 87, traslado a los once años a Trujillo, en el Perú. Cuero se consagro en Popayán y se posesiono desde Quito por apoderado, que lo fue la penitenciaria Dr. Tomas Landivar y Centeno, el 13 de Agosto de 1799. En 1802 fue promovido a Quito, donde en su anterior permanencia había mostrado empeño para que continuaran los cursos en el seminario y la universidad, que regentaban los jesuitas al ser expulsados en 1767. Sus esfuerzos tuvieron éxito feliz, pues habiendo salido en Agosto de aquel año los discípulos de Loyola, en Octubre se reabrían los mencionados establecimientos con otros profesores. Al estallar la revolución de Independencia, fue de los más ardientes partidarios de ellas, y se le nombro Presidente de la junta formada a raíz del 19 de agosto de 1809; dos años después fue presidente de la junta Suprema de Gobierno. Al restablecerse el régimen español, el capitán General, general Toribio Montes, lo desterró a España, lo envió primero a Lima, de donde debía seguir viaje con el general Nariño y otros ilustres patricios, pero enfermo gravemente y murió en esa capital el 10 de diciembre de 1815. Los españoles habían hecho tocar a sede vacante en su diócesis desde 1813.
Titulo existían en aquel tiempo en el seminario de San Luis y en la Universidad de San Gregorio Magno establecimientos estrechamente vinculados entre sí nueve cátedras. La de Prima de Sagrados Cañones, por el Relato de la Audiencia Dr. José Cuero y Caicedo.   
El doctor Cuero y Caicedo fue nativo de Cali, ciudad que pertenecía entonces a la jurisdicción de la Presidencia de Quito, se traslado muy joven a Quito en la que hizo la mayor parte de sus estudios, hasta recibir la investidura de doctor en 1768.
A la salida de la Universidad, fue llamado a ocupar el puesto de Canónigo Penitenciario y muy pronto fue electo, sucesivamente para los Obispados de Cuenca, Popayán y Quito.
Fue Rector de la Universidad de Santo Tomas; perteneció  a la célebre Sociedad “Escuela de la Concordia”, fundada para responder a la iniciativa del persecutor Espejo, y ejercía al Obispado.
Cuando el 10 de agosto de 1810 se constituyo la Junta Soberana, uno de los primeros actos, al procederse a la elección del personal gubernativo, fue el de designar al Ilmo. Cuero y Caicedo para Vicepresidente de la Junta. El Obispo se hallaba en una quinta de Pomasqui, no había buscado el cargo y su natural pacifico repugnaba aceptarlo. Cuando le fue notificado su nombramiento}, regreso a la ciudad, convoco al Cabildo y consulto acerca de la aceptación. El cabildo fue de parecer de que ejerciera el cargo.  
Al regreso de las autoridades españolas de la promesas hechas por el Presidente Ruiz de Castilla, los principales comprometidos en movimiento de agosto fueron apresados y se les instruyo el proceso de juzgamiento. Al obispo no se le apreso; pero el Fiscal Arechaga que quería entonces vindicarse a los ojos de los españoles por la conducta de lenidad observada en el anterior proceso de marzo, desde año se manifestó cruel en sus acusaciones, y en el curso del proceso, en abril de 1810, le denuncio como el principal y mayor reo de la revolución, aun cuando sabia que el juzgamiento de esa causa era privativa del Rey o del Tribunal encargado para este objeto.
Cuando el 2 de agosto se produjo la matanza de los próceres, al obispo salió de su Palacio con santa indignación y fue a la casa presidencial a recriminar por las tropelías que se estaban cometiendo y como el pueblo enfurecido por tanta villanía se levantara para operarse a los desmanes de las tropas limeñas y esta reacción patriótica amenazaba convertirse en una carnicería, de la cual ni las autoridades podrían verse libres, pidieron al obispo que usara de su reconocida influencia para calmar el pueblo. Así lo hizo, el pueblo respeto a su pastor, pero exigió la salida de la tropa que Lima y el reemplazo con otra nativa de Quito. Los españoles tuvieron que convenir con estas exigencias que se consignaron en las capitulaciones firmas el día 4 de ese mes poco después. la venida del comisario Regio, Carlos Montufar Larrea, hizo revivir a los anhelos patrióticos. Se instalo la segunda Junta Soberana y cuando de ella se retiro Ruiz de castilla, la exigencia pública hizo que se ofreciera el cargo de Presidente a Cuero y Caicedo, y él se vio obligado a aceptarlo por las instancias de todos, a pesar de que no era de su agrado.
Cuero y Caicedo, fue pues, el segundo Presidente de la Patria. Desde este momento el Obispo asumió la responsabilidad de la situación.
Reunido el Congreso que debía organizar la nueva Nación el Obispo-Presidente en la sesión del 11 de diciembre de 1810, pidió que se resolviera si Quito reconocería al consejo de la Regencia o si por el contrario debía entenderse que en lo sucesivo reasumía el ejercicio de la soberanía. El Congreso, a pluralidad de votos, se pronuncio por la independencia, recomendando las confederaciones con las provincias granadinas. Con esta declaración culminaban las ideas de Espejo y aquellas por las que habían vertido su sangre los próceres de agosto.
 El Marques de Selva Alegre y el Marques de Villa Orellana, don José Sánchez Carrión, Comenzaron a disputarse la preeminencia, con lo que se formaron dos bandos irreconciliables.
Cuando el ejército enemigo se aproximaba a Quito se tentaron esfuerzos desesperados y los partidos parecieron deponer sus odios.
Nada pudo detener el avance de los españoles, que entraron en Quito el 8 de noviembre de 1812. Los restos del ejercito patriota se retiraron al norte con el consiguió también el señor Cuero y Caicedo después de haber renunciado la Presidencia, de la que se hizo cargo el Vicepresidente Guillermo Valdivieso.
En la dispersión que siguió a la derrota, cuero y Caicedo fue a ocultarse en una hacienda cercana  a las selvas de Malbucho.
El presidente español general Toribio Montes, conociendo el prestigio de que gozaba el Obispo, procuro atraerlo a Quito, y como no lo consiguiera, el 18 de diciembre ordeno tocar a Sede Vacante y Seguir el juicio de secuestro y embargo de los bienes.
En junio de 1813 consintió Cuero y Caicedo en regresar al obispo; pero su antigua tranquilidad había huido. Las autoridades se manifestaban siempre recelosas y el Obispo tampoco pudo ocular sus convicciones. Los recelos nunca apagados, en vez de amortiguarse al pasar de los años, fueron creciendo. Se concluyo por desterrarle a España.
Camino del destierro llego a Lima. No pudo pasar de allí: anciano y “sumido en la más terrible miseria  y sin un recurso para lo más preciso de su subsistencia y curación”, falleció en 1815.
En la noche del 7 de noviembre de 1812 del General Toribio Montes entro en Quito y los patriotas huyeron con dirección al norte y entre ellos, el Obispo de la Diócesis Doctor José Cuero y Caicedo. Al día siguiente Montes ocupo la capital con el resto de sus tropas y encontró a la ciudad casi desierta.
El 14 le dirigió un oficio al Ilmo. Cuero y Caicedo instándole para que se presente a responder los cargos que contra el resultaban.
La comunicación fue entregada al Coronel Juan Samano quien se valió del Juez Eclesiástico de Ibarra, Salvador Flor, para que se la diera Presbítero Antonio de Erazo y Rosero, que tuvo que trasladarse a la hacienda del Empedradillo, en la cordillera Occidental para poder verse con Cuero y Caicedo.
El 8 de diciembre de ese mismo el Vicario Salvador López de la Flor contesto a Montes, en nombre del Obispo Cuero y el 18 del mismo mes el General Montes se dirigió al Cabildo metropolitano para que “tocara a sede vacante” y acusada al obispo, con duras frases, de haber abandonado su diócesis.  
Entre las acusaciones de Montes estaba la de haber presidido la Junta revolucionaria y que se había abrogado el Vice Patronato real. El Cabildo sesiono el 19 y luego el 22 designado al Dean para que desempeñe las veces de Provisor Capitular.
El 22 de enero de 1816 el propio Presidente Montes dirigió un oficio al Cabildo eclesiástico para comunicar que el obispo cuero y Caicedo había fallecido en la ciudad de Lima. Murió en el ostracismo, sufriendo la mayor pobreza, pues todos sus bienes fueron confiscados por el gobierno español.
El 4 de agosto de 1810, dos días después de los trágicos acontecimientos, se reúnen los españoles civiles y militares para convocar una Asamblea de notables vecinos.
En esta, el obispo Cuero y Caicedo destrozo el comportamiento del terrible Arrechaga y logro que abandonare la reunión por ser uno de los elementos ingratos para el heroico pueblo de Quito. El Presbítero Rodríguez y Soto dejo escuchar su arrogante verbo para condenar a la asesina soldadesca de Lima y solicitar el inmediato abandono de la ciudad.
También hizo un enternecedor panegírico de las víctimas indefensas del 2 de Agosto.
Finalmente resolvieron en tan memorable fecha: El abandono inmediato de las tropas abascalinas juntamente con su monstruo Arredondo; el olvido completo de todo lo acaecido desde el 10 de agosto, excluyendo a los patriotas de todo enjuiciamiento, confiscación de bienes o persecución; el organizar un batallón compuesto, a quien no demostraban buena voluntad ni Ruiz de Castillas ni las demás autoridades españolas. Lo fundamental estuvo en la resolución de formar una Junta Superior de Gobierno con participación en ella del Obispo cuero y Caicedo, del mencionado Montufar, del Presidente de la Audiencia Conde Ruiz de Castilla, Representantes de los Cabildos Civil y Eclesiástico, del Clero Secular y Regular, de la nobleza y de los distintos barrios de la ciudad.
Esto no se lleva a efecto sino después del arribo a Quito de D. Carlos Montufar. El nuevo organismo no era sino el renacer de la extinguida Junta Soberana, porque en gran parte la integraron los mismos personajes de aquella, a excepción de los que cayeron en la masacre agostina.   
Arzobispo de la Arquidiócesis de Quito; se reunió el 3 de agosto de 1803, en el salón de actos de la que fue Universidad de San Gregorio el Magno, para organizar las Juntas de Vacuna de la Presidencia.

 

 

 

 

 

 
<a