<< Dávila Juan B. Indice D
 

Dávila Andrade César

13 Relatos Quito casa de la cultura Ecuatoriana, 1955
Poesía Cuenca; ediciones del departamento de Extensión Cultural del Municipio de Cuenca, 1968
Boletín y elegía de las mitas Cuenca; Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo de Azuay, 1968.
Versión al quechua ecuatoriano por Manuel M. Muñoz Cueva.
Arco de instantes Poesía Editorial Casa de la Cultura Ecuatoriana Quito 1959
Oda al Arquitecto (cuadernos de poesías) Quito, Edit. De la Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1946. (Grupo Madrugada N°1)
Cuenca universidad de Cuenca

Presencia de la Poesía Cuencana 34 (Selección y Nota de Rigoberto Cordero y León). “Anales de la Universidad de Cuenca” Cuenca 1963.
13 Relatos Quito Casa de la Cultura 1955
1 vol. 19 ctms. 188 págs. Cartulina
Relatos-Quito-Ecuador -1955-Talleres Gráficos de la casa de la cultura Ecuatoriana-Quito-188 páginas índice.
Relatos El cóndor ciego Ateneo Ecuatoriano num 6 abril de 1955
Fray Vicente Solano, el Combatiente sedentario-Casa de la Cultura Ecuatoriana Quito num 4 enero Julio de 1947
Viaje al centro del espejo Casa de la Cultura Ecuatoriana Quito num 4 enero- julio de 1947
Viaje al centro del espejo casa de la cultura Ecuatoriana Quito 1-1 y 2 quincena de abril de 1945
El semblante y la sangre –casa de la cultura Ecuatoriana Quito num 5 agosto de 1945
Constitución del agua casa de la cultura Ecuatoriana Quito num 7-15 de octubre de 1945
Carta al poeta Carrera Andrade Casa de la Cultura Quito num 7-15 Octubre de 1945
El niño que está en el Purgatorio Casa de la Cultura Ecuatoriana Quito num 8 noviembre de 1945
Poesía de la soledad y el deseo-Casa de la Cultura Ecuatoriana Quito num 9 diciembre de 1945
Evocación de Omar Kayyan-Casa de la Cultura Ecuatoriana Quito num 11 enero de 1946
La catedral salvaje letras del Ecuador  Quito num 73-74 noviembre- Diciembre de 1951
Sauce lloron Letras del Ecuador  Quito num 77 marzo abril de 1952
Origen Letras del Ecuador  Quito num 80 octubre-noviembre de 1952
Pastel de novios-letras del Ecuador  Quito num 100 noviembre diciembre de 1954

El elefante- letras del Ecuador  Quito num 101 enero-marzo de 1955
La corteza embrujada-p- Letras del Ecuador –Quito num 102 abril junio de 1955
1968 Boletín y elegía de las mitas. Mita tarja huiquillapish
Versión al quichua por Manuel M. Muñoz Cueva
Cesar Dávila Andrade nació en Cuenca en 1918 y murió en Caracas en 1967. Toda una vida marcada por la “conciencia de su destierro” y una profunda vocación metafísica. Siendo el arte en muchos casos el reflejo de la problemática existencial del hombre, su poesía se convirtió poco a poco en una búsqueda de doctrinas y verdades que al mismo tiempo lo iluminaban y cegaban, en una lucha por alcanzar un estado de autoconciencia liberada, a la que no pudo llegar porque la fatalidad del destino lo atrapo en la opacidad de la vida cotidiana. Pretendiendo dar nombre a sus vivencias, traslado al reino de las palabras el desgarramiento de sus contradicciones existenciales.
Siempre huidizo, taciturno, reservaba a la escritura la mayor parte de sus confidencias; sin embargo su poesía siempre giro en torno del mundo, de los pequeños seres que lo habitan, del hombre; es un universo antropocéntrico y su travesía poética aparentemente solitaria y dolorosa es para quienes saben comprenderla lucida y solidaria.
En procura de una respuesta a sus inquietudes espirituales, consagrase al estudio de disciplinas esotéricas: filosofía indostánica, rosacrucismo, martinismo, se acerco a todas las formas de hermetismo, magia y parasicología, intelectiva y emocionalmente. Al final de su vida se convirtió en un teórico del Budismo Zen. Estos conocimientos que lo volvieron más extraño y solitario constituyen uno de los pilares fundamentales de su producción poética y narrativa en lo que tiene de misteriosa y simbólica.
Juan Liscano, amigo personal de Dávila, y director de la revista venezolana “Zona Franca”, opina al respecto: “la enseñanza de gurdjieff y de Pior Ouspensky no le era desconocida. Ni las practicas de “conciencia de si mismo” de “recuerdo de Si”, de “estado de alerta”; ni la noción de “hombre despierto” ni la de “desconocimiento” propuesta por Krishnamurti, quien en su opinión era un Zen. Dávila Andrade también leyó a Jung, a los teósofos, a Fromrn, a Suzuki. Toda su atención giraba en tomo a esta realización de si mismo y no sabemos qué estados alcanzo, en los momentos de contemplación silenciosa, de autoconciencia. Dispersas en las páginas de nuestra revista están sus colaboraciones referentes a esos temas, sus lecturas comentadas, sus reseñas, sus secciones de divulgación…”
“Esta exploración desordenada de si mismo consumió por entero su energía de convivir y de resistir. En vez de liberarse mediante la obra, la padeció, se hundió en el sufrimiento múltiple, hecho de asco y de bondad atormentada, de visiones y enceguecimientos, de vuelos y de caídas, de florecimientos y de terribles sequias. Además estaba solo. Además bebía periódicamente. Su experiencia era incomunicable, sobre todo cuando se expresaba en el poema, cuyo hermetismo desconcertó a muchos lectores. En el la escritura y el estilo vestían una experiencia anímica y un cuerpo de ideas metafísicas y místicas que para su cabal compresión requerían algo mas que un simple interés por la belleza, por los juegos de la inteligencia, por la existencia misma del poema, como forma estética limitada. Sus versos trasmiten retazos de sus misiones, de sus experiencias espirituales, de sus vivencias. Son notas, esquemas, testimonios angustiadas, apuntes, explosiones de conciencia…”
La vida terrena fue para Dávila Andrade un constante rito expiatorio, “Una imposible fuga hasta caer cautivo en la que no se viene a vivir sino a dormir  ya a soñar”. Sin embargo a este pobre ex –dios, lo venció el mundo y contra su indiferente superficie se estrello como un águila con las alas rotas, como un viajero sideral que no supo o no quiso encontrar el camino de regreso; oigámosle en la derrota de su empeño inútil: “Comprendí que había perdido de un solo golpe lo ilusorio y lo real, el cielo y el abismo, lo angélico y lo tenebroso y en la boca me quedabas un solo una cascara inútil”. Decide quedarse con el hombre, rechaza todo espejismo y empieza a padecer el drama del mundo en carne propia de esta nueva posición surgía “Boletín y Elegía de las Mita”
Ratifica su elección vital en el poema “Transfiguraciones”: “Yo elijo una vez más la bestia impura que ha de conducirme a la nada”, el precio de este “Pacto con el Hombre” será su propia vida.
Miembro del grupo cultural Elam. Discípulo de Cesar Andrade y Cordero, su pariente, en el Colegio Benigno Malo. Era esotérico y por eso los Carriones (Manuel Benjamín y Alejandro) lo negaron, porque ellos eran críticos cartelistas.