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De la Peña y Zarate Francisco Antonio

 

Quiteño nacido hacia 1790 de la unión natural del Coronel Nicolás de la Peña y Maldonado, nieto del Marqués de Lises y de Rosa Zarate y Ontaneda, dama noble, casada y separada de Pedro Cánovas, quien vivía en una hacienda cercana a Riobamba, de propiedad de Luis Salas. Pocos años después Dr. Rosas queda viuda, en 1795 y contra nupcias con su amante, legitimándose al hijo de tal unión; quien, con el paso de los años, fue mozo arrogante y de gran inteligencia. Estudiando en el Colegio Seminario de San Luis de Quito donde se graduó de Maestro en 1803, para seguir cursos de jurisprudencia en la universidad. El 4 de octubre de 1806 contrae matrimonio con Rosaura de Álava, noble en forma Clandestina y en la Parroquia de Santa Prisca, de Quito, por lo que el Obispo Cuero y Caicedo les siguió juicio eclesiástico condenado a los jóvenes cónyuges mediante sentencia pronunciada el 2 de Febrero de 1807 a que el día 5, en la capilla del Sagrario oigan la misa completa del Santísimo y el 8 se presenten en la misma capilla, a las doce del día, con las cabezas descubierta y en medio de la concurrencia, portando sendas velas de cera vendidas, por todo el tiempo que dure la misa para recibir las bendiciones nupciales y como el mencionado de la Peña y Zarate se hallaba preso en el cuartel, por orden del obispo, se ordena que debía franqueársele la salida, para que cumpla la penitencia y se verifique la velación matrimonial, lo que debió realizarse ante la expectación de los curiosos quiteños, que si gozaban con las escapadas románticas de la época.
Por esta época cursa Antonio de la Peña el tercer año de jurisprudencia y pocos días antes de la revolución del 10 de Agosto de 1809, el 22 de julio de ese año, se graduó de Bachiller en Derecho Civil. De inmediato se alisto con los patriotas quiteños y con ellos soporto dura prisión en 1810, muriendo vilmente asesinado el 2 de Agosto de ese año, en el interior del cuarte del Real de Lima.
Sus padres y la viuda vengaron su muerte, porque toman de parte activa en las campañas del coronel Carlos Montufar, en 1812, hasta que después de la derrota de San Antonio de Ibarra, ocurrida al año siguiente se internan en las selvas de Esmeraldas, perseguidos de cerca por las fuerzas de samano y En la desesperación de la huida, la joven, Rosaura Álava, muere abandonada y enferma, en el sitio San Pedro, al salir de las montañas y el coronel de la Peña y Da Rosa Zarate son fusilado en Tumaco y las cabezas enviadas a Quito, para escarmiento de los patriotas.