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De la Torre Reyes Carlos

 


Nació en Quito en 1928. Estudio en el colegio San Gabriel, donde fue presidente de la academia literaria y en la Universidad Católica donde fundó y presidio una institución similar.
Últimamente el periodismo ha absorbido a Carlos de la Torre, que amen de dirigir “El Tiempo” desde su función, es “picapiedra”, es decir coautor de la columna más sugestiva, certera, aguda y humorística de la prensa ecuatoriana del momento.
“Ortonautilia” 1951 “Primavera” 1954 “Memoria del Agua” 1956 “La espada sin manchas  Biografía del general julio Andrade” premiada por premio Tobar 1962. “Revolución de Quito del 10 de Agosto de 1809” 1963, recibe premio en el Concurso Hispanoamericano de Historia de 1960 “Piedrahita” 1968 “La máscara” Cuento en 1963.

Ha muerto Carlos de la Torre Reyes. Su desaparición física es una perdida notable para su familia, sus amigos y el país. Intelectualmente de pensamiento profundo y solida sustancia, lejos muy lejos, de la purpurina barata con la que gustan dorarse los mediocres, ha partido sin estridencias ni temblores, con el ademan elegante de toda su vida.
La conocí hace treinta años, cuando era profesor de la Facultad de Jurisprudencia de la U. Católica, en la cátedra de Historia de Derecho que mantenía con evidentes solvencia y capacidad, no exentas de las vetas humorísticas de que gustaba acompañar todo lo que decía y hacia. Fue entonces cuando me invito a formar parte de la Redacción del inolvidable Diario “El tiempo”, del que era Director. En el sentido menguado de la profesionalidad, nunca se preparo para periodista, pero lo fue con brillantez y acierto, ya por su inteligencia, ya por su erudición, ya por su limpieza de miras, ya, en fin, porque sabía que el periodismo es una de las más altas tareas que puede ejercer el hombre.
Creyente sincero en el régimen de libertad u democracia, contribuyo de manera importante para que la Junta Militar de 1963 devolviera el poder arrebatado. Por eso clausura del periódico y las persecuciones de antes y después. Desde su sitial en el diario, impulso la difusión cultural y apoyo todas las manifestaciones del espíritu. Que lo digan si no todos los artistas y escritores que encontraron espacio en las páginas de “El tiempo” y de “La Gaceta”, su suplemento cultural. No quedaría completa la faceta periodística de Carlos de la Torre sin mencionar a “Los picapiedras” de los que fue su gran capitán y conductor. Cuando pasados los años iniciales fui invitado a incorporarme al grupo de los “Pica” aprecie el ingenio de Carlos. Ponía una cuartilla en la maquina y volaba escribiendo los versos de “Aristotelito”, valido a veces de un libro de rimas y de las ideas y ocurrencias de los demás. ¡Cuánta gente tembló a los Picapiedras y cuantos más quisieron saber sus identidades para buscar, seguramente, la manera de halagarles y callarles! Eso nunca ocurrió felizmente ara el país, porque es grave que el periodismo sea atacado, pero es más grave que sea halagado y corrompido por el poder.
Su condición de miembro de las Academias de la Lengua y de la Historia, y por ende sus meritos para serlo y sus obras y frutos en tales campos ya serán debidamente mencionados por otras personas y escritos.

Yo he querido, simplemente, referirme a los terrenos y proximidades en los que tuve el honor de compartir días y años con Carlos. Tengo en mis manos, en este mismo instante, el discurso que pronuncio el reciente 29 de noviembre, para presentar mi libro sobre Nebot, del que era firme partidario. Dijo entonces, en el que fue su último acto público: “El Ecuador  oficial rodeado de instituciones siempre en perpetua renovación, lejano a una administración planificada, debe dar paso al Ecuador  profundo, vital al que están enraizados la identidad histórica, el arte, la cultura Renovemos la fe en el espíritu libertado de las adversidades y que nunca ha abjurado de la esperanza. Es hora de redimir al Ecuador”.