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Del Pozo Marín Roberto María

 

IV obispo (1884-1888)
Mons. Juan María Riera Moscoso O.P. (1912-1915). Una vez fallecido el Mons. Isidro barriga el 22 de febrero de 1894, fue nombrado Administrador Apostólico de Guayaquil el Canónigo maestrescuela, doctor Pio Vicente Corral, quien rigió la Diócesis hasta el 10 de octubre de 1901 en que feneció. Luego de este año hasta el 19 de enero de 1912 en que S.S Pio X preconizo a Mons. Riera como V obispo de Guayaquil, fue Administrador Apostólico Mons. Federico González Suarez.
Su Vida
Nació en la ciudad de Ambato el 28 de enero de 1866. Hijo legitimo de Carlos Riera y de Dolores Moscoso, fue bautizado por el Pbro. Juan Bautista Vaca el 30 de enero siguiente, con los nombres de Carlos Antonio Reinaldo. Recibió el sacramento de la confirmación de manos del arzobispo de Quito, Mons. Ose Ignacio Checa y Barba. Su educación primaria la efectuó en Ambato y luego en Latacunga. Ingreso a la orden de Santo Domingo de Quito en septiembre de 1880. Profeso el 10 de octubre de 1882. Recibió la Tonsura y órdenes menores en 1884. El Diaconado   lo recibió de manos del Excmo. Mons. Miguel León y Garrido el 13 de julio de 1890, y el 3 de agosto siguiente, recibió la ordenación sacerdotal de manos del mismo obispo de Cuenca, en el Azuay.
Obispo Portoviejo
Fue nombrado Obispo de Portoviejo por Su Santidad Pio X en 1907. Fue consagrado en la catedral de Quito por Mons. Federico González Suarez, en 1908.
El 19 de enero de 1912, S.S. Pio X Expedia en Roma las Bulas de traslación del obispado de Portoviejo al de Guayaquil para Mons. Riera quien  se hallaba ausente en Quito. Tomo posesión de su Diócesis por medio de su apoderado el Rvmo. Mateo Viñuela, nombrado vicario General el 29 de junio, en solemne ceremonia en la Catedral de Guayaquil, en presencia del Cabildo Diocesano, sacerdotes del Clero secular y regular, religiosas y un numeroso concurso de fieles de toda condición social.

Mons. Juan María Riera Moscoso falleció el 19 de noviembre de 1915.

Después del fallecimiento del Sumo pontífice Pio IX fue exaltado al solio Pontificio el Cardenal Joaquín Pecci, el 22 de mayo de 1878, con el nombre de león XIII, quien después de siete largos años que la Diócesis de Guayaquil había vestido de luto, proveyó la vacante, con la elección del R.P. Roberto María del Pozo Marín, jesuita, como IV Obispo de Guayaquil.
Personalidad de Monseñor del Pozo: El Ilmo. Sr. Del Pozo era vástago de una familia distinguida. Nació en Ibarra el 25 de agosto de 1836 y fueron sus padres el Sr. Manuel del Pozo, la Sra. Antonieta Marín. Desde sus primeros años de edad el niño Roberto María se mostro modesto, devoto y circunspecto, ocupado en el servicio del altar y del sacerdocio.
 El 5 de febrero de 1851 fue uno de los primeros que ingreso en la Compañía de Jesús comenzado su vida de religioso con paso firme y aprovechando al máximo las sabias enseñanzas de eminentes sacerdotes jesuitas, algunos de ellos, expulsados por el Gral. José Hilario López, Presidente de Colombia, un año antes del ingreso de Roberto María.   
Cuando apenas contaba un año y medio de Noviciado, un decreto del Gobierno de entonces le arranca de la Patria, y a las 12 de la noche del 22 de noviembre de 1852 acompaña en el destierro a cerca de 40 hijos de S. Ignacio de Loyola quienes, después de largo y penosísimo viaje de seis meses, llegan a Guatemala donde les esperaban los restantes sacerdotes jesuitas expulsados de Bogotá.
En Guatemala pronuncio el joven del Pozo sus primeros votos religiosos el día 30 de mayo de 1853, e hizo a satisfacción de los superiores los estudios de humanidades y Filosofía y juntamente los de latín, del griego, del francés e Ingles. Fue enviado luego a Bogotá a regentar algunas cátedras de segunda enseñanza, cuando en virtud de un decreto del Sr. Presidente Ospina Pérez restablecía la Compañía de Jesús en Colombia en el año 1856.
Como nuevamente y luego del triunfo del Gral. Tomas Cipriano Mosquera en 1859, fuesen expulsados de Colombia el Nuncio Apostólico, sacerdotes y religiosos, regreso a Guatemala el joven estudiante jesuita en compañía de varios sacerdotes de su Comunidad, el 31 de julio de 1860, en donde termino sus estudios de Teología.
Luego del triunfo del Dr. Gabriel García Moreno para la Presidencia del Ecuador, este eximio Magistrado restableció la Compañía de Jesús. En consecuencia, vino acá un primer grupo de sacerdotes jesuitas, en 1863. Al año siguiente llego otro contingente de Padres españoles, italianos, colombianos y ecuatorianos, habiendo quedado el P. del pozo en Guatemala concluyendo sus estudios; poco tiempo después recibió las Ordenes Sagradas hasta recibió la Ordenación Sacerdotal.
Ejercicio el ministerio sacerdotal en las Republicas de Guatemala, San Salvador y Panamá, en esta ultima nación, en compañía del P. Jesuita Telesforo Paúl, que mas tarde llego a ser obispo de Panamá y luego Arzobispo de Santa Fe de Bogotá, mientras que días después el P. del Pozo regresaba al Ecuador  para residir en Guayaquil, en 1876.
El Canónigo Navarro luego de comentar el regreso del P. del Pozo a Guayaquil, prosigue: “Aquí desplego su celo apostólico en tanto grado, que el Presidente de la republica Sr. Dr. José María Placido Caamaño, le presento a la Santa Sede para Obispo de la Diócesis de Guayaquil, y a principios de 1885 fue consagrado en Panamá por su co-hermano y compañero el Ilmo. Prelado Monseñor Telesforo Paúl”.
Monseñor del Pozo, bien conocido en Guayaquil antes de ser elevado al Episcopado, trabajo con mucho empeño y cariño en su Diócesis habiendo sido correspondido por sus amados diocesanos, admirando en su Pastor el Custodio más celoso de sus vidas. Predico infatigablemente, como lo había hecho en centro América, difundiendo luz y ciencia admirables por doquier. Fortifico la vida conventual entre las diferentes Comunidades Religiosas existentes entonces haciendo una especie de competencia entre sus miembros que se aplicaban en observar con más nitidez sus constituciones, todo lo cual redundaba en beneficio espiritual de los fieles.
Se preocupo grandemente por el culto de la catedral a la que obsequio una variada y valiosa paramentacion.
Dificultades Surgidas y Fin de Su Administración: El Deán de las Heras dice en su artículo: “El Gobierno de Monseñor del Pozo, desde el principio de su Episcopado, por causas diversas fue muy agitado y turbulento. Por caridad fraterna, que debemos tener para con todos, nos abstenemos de formular juicio alguno. En abril de 1888 se vio obligado a ausentarse de su Diócesis y de la Patria”.
León XIII en un momento de su pontificado abrió el Archivo del Vaticano a todos los estudiosos, y manifestó el sabio Pontífice que la Iglesia no tiene nada que ocultar. Así fue, incluso historiadores y científicos no católicos han podido documentarse en esas invalorables fuentes de la historia religiosa.
Por eso. Sin duda, el Canónigo navarro Jijón sin hacer juicio alguno ni faltar a la caridad ha escrito con más detenimiento acerca de los dolorosos acontecimientos  en torno al caso delicado que obligo a ausentarse de Guayaquil a tan digno y meritorio prelado guayaquilense.
Su destierro voluntario empezó por el hecho de haber nombrado al Dr. Miguel ortega Alcocer para una Silla Canonical en el Coro Catedralicio, nombramiento que fue rechazado por el cabildo Diocesano, pues, decía que ese nombramiento correspondía hacer al Santo padre. No Obstante, en contra de los señores Cabildantes que abandonaron sus puestos al ver entrar a Ortega Alcocer. Este tomo posesión de su silla canonical en presencia del Pbro. Español Salvador. Vicario General, el Notario Mayor de la Curia, el Escribano público, el amanuense Ángel Vanoni y el joven Francisco paredes Icaza.
El Sr. Obispo del Pozo estaba en la isla Puna desde principios de enero de 1887 en Visita Pastoral como consta en los libros del Archivo de esa histórica Parroquia, mientras que la toma de posesión de la Silla del Coro por parte de Ortega Alcocer sucedía el 15 de octubre de este año. El Vicario Salvadores ordeno que el Canónigo tesorero, Dr. Pedro pablo Carbo, pagase los honorarios al nuevo canónigo, a lo que el tesorero se negó aduciendo sus razones, por lo cual, el vicario Salvadores le enjuicio por Cisma Interno. El Dr. Carbo recurrió a la Corte Superior de Justicia, la misma que de acuerdo al concordato de ese tiempo, y por haber recibido un oficio sumamente descortés, multo a Salvadores y se dicto su apremio. Encolerizado el Sr. Vicario excomulgo a los Ministros de la Corte extendiendo la excomunión al Dr. Pedro Pablo Carbo, “Como consecuencia, una densa poblada dio una cencerrada a Salvadores y apedreo la fachada, del palacio Episcopal el 23 de enero de 1888”.
Así fue como comenzaron los dolorosos incidentes que siguieron al día siguiente 24, en el que en un enfrentamiento entre el pueblo amotinado que gritaba: “Neira (Abogado de Curia) a la Cárcel Salvadores afuera!” y la policía, dando como trágico resultado la muerte de un oven peruano, quedando heridos de gravedad algunos jóvenes, estando entre ellos un chileno y un colombiano. El 25 de enero la ciudad amaneció de luto.
Ya se puede imaginar el lector cual sería el estado de ánimo de Mons. Del Pozo y las angustias que le habrán sobrevenido por estos dolores hechos. El modesto Prelado que no quería su gloria ni la vanidad de regir su Diócesis en ese estado de cosas, prefirió alejarse de la ciudad episcopal, y se traslado a la ciudad de Lima desde donde renuncio a su obispado en 1905: en tanto que su fenecimiento ocurrió el 5 de mayo de 1912.
Los funerales fueron presididos por el Excmo. Delgado Apostólico acompañado de otros Prelados de Lima y de sacerdotes del clero secular y regular, como también, de un selecto grupo de damas y caballeros de la culta y cristiana sociedad límense, en medio de una sencilla y grave ceremonia religiosa.
Su Figura Moral: El Canónigo Navarro ha escrito así sobre la virtuosa personalidad de Mons. Del Pozo: “Franco en su amabilidad, sin afectación y sin doblez, tenía una alma llena de cristiana benevolencia y quería como la robusta y lozana palmera que todas las desheredadas de la fortuna pudieran guarecerse debajo de ella, al amparo de la caridad cristiana; y como poesía el secreto de vencer obstáculos y allanar los caminos del Señor logro con la fe que iluminaba su inteligencia, con la esperanza de lo alto y con la ardiente caridad que iluminaba su inteligencia, con la esperanza de lo alto y con la ardiente caridad que abrazaba su alma, logro digo que damas ricas, grandes y nobles compartieran con las niñas pobres, péquelas y plebeyas, fundando y organizando con las principales damas de esta localidad esa grandiosa, ilustre y fecunda institución llamada Beneficencia de Señoras, pues sabía que las niñas pobres y por eso quería que el amor cristiano fuese en los ardores de la tribulación, frondosa planta que a todos cobija con su sombra y que a nadie niega sus frutos. Cuantos y cuan copiosos frutos ha recogido esa benéfica institución, en los años que lleva de existencia. Cuantos centenares de niñas se han formado bajo su poderosa agida; cuantas libres de los escollos que a cada paso presenta el mundo, han formado sus hogares donde resplandece la fe pura y los ejercicios prácticos de nuestra santa religión”.
“el Excmo. Y Rmo. Sr. Dr. Roberto del Pozo dio en vida lustre a su familia, honra a la Patria, gloria a Dios y ejemplo de resignación y magnificencia a sus feligreses, enseñándoles prácticamente como debe abrazarse cada cual con la Cruz que el Señor le depara “Justus ut palma florevit”.