<< Díaz Granados Saenz José María Indice D
 

Díaz Icaza Rafael

 

“Estatuas en el mar” 1946.- “Cuadernos de bitácora” 1949.- “Las llaves de aquel país” 1954.- “El regreso y los sueños” 1959.- “Botella al mar” 1964.
En 1953estreno el cuento “Las Fieras” volumen que lleva por subtitulo “Cuentos de ver y andar”.
1958 “Los ángeles errantes”. “Los rostros del miedo” novela 1962 “Los prisioneros de la noche” novela 1969.
“Lejana de benjamín Carrión”. Cuaderno del Guayas. Guayaquil (47): 7-8, noviembre 1979.
Por la Tierra: selección de cuentos; introducción de galo René Pérez Quito: Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1978. 215 p. (Colección básica de escritores ecuatorianos; N° 25).
“El general en jefe y el generalísimo” cuadernos del Guayas. Guayaquil (47): 144-146, nov. 1979.
Nació en Guayaquil en 1925. Muy pronto se rebeló como poeta, llegando a las letras patrias con el grupo madrugada. Sus dos libros primeros editados valieron en Santiago de Chile (Academia de letras Castellanas, Instituto Nacional, en 1945, Colonia Uruguay centro Unión Cosmopolita) en 1949 y México (U.F.I.A) en 1950.
El último algo mucho más importante: el prestigio, solido de uno de los mejores poetas de su promoción.
Díaz Icaza se estreno en el cuento en el año de 1953. Por fin su último tomo de relatos le mereció con parecer unánime de tres jurados que cuentan entre las figuras mayores del cuento ecuatoriano.
Ángel F. Rojas, Enrique Gil Gilbert y Adalberto Ortiz, el Premio “José de la cuadra” del patronato Municipal de Bellas Artes de Guayaquil, en su primera convocatoria en 1967.
En el cuento Díaz Icaza es epígono del relato de los años 30.
Su primer libro partía de un criollismo que había heredado del relato de la generación anterior su realismo; su acercamiento a las gentes campesinas, su amor por habla, costumbres y folklore de esas gentes campesinas, sus gustos por los casos tremendos y su aguda captación del dolor. Más tarde, Díaz Icaza trataría de ahondar en estados de conciencia y subconsciencia de enriquecer su repertorio temático e innovar sus modos narrativos forma especiales de montaje, cambios de sujeto en la narración, juegos contrapuntísticos. Pero hasta sus últimos relatos quedara patente que el realismo se le metió muy hondo y le es algo en verdad entrañable. El cuento que damos al lector es el cierra su último libro y novedoso, se integra plenamente dentro del realismo del relato ecuatoriano.
Nace en Guayaquil el año 1825, realizo estudios de bachillerato en humanidades modernas, ha recorrido varios países de Américas y Europa como observador  y representante  de agrupaciones políticas y estudiantes. Desde muy joven ha frecuentado partidos políticos de Izquierda, llegándose a identificar hoy en su actividad cotidiana con los sistemas de profundas transformación social.
Rafael Díaz Icaza es el poeta comprometido con el hombre. Su canto tiene raíces de denuncia; copia al ser en su esencia y lo revela con el dolor de él, hizo su promesa de lucha y se acordó para escribir en la posición de todo ser consiente; la insurgencia. No pudo aceptar que sea solo la amargura sobre la tierra, y mezcla en su mensaje dosis de protesta con su alborozada palabra de libertad y redención. Desde sus primeros libros una sola característica le otorgo dignidad en la poética ecuatoriana, la liviandad metafórica. Sus imágenes tienen vitalidad fulguran no por continua relación sino mas bien por ese aislamiento que ocupan en los versos, pues a pesar de haber prosaísmos, jamás distorsiona la armonía por razón de fuerza figurativa. A veces deja que su imaginación corra rio abajo, sin importarle las reglas métricas. Cuenta en sus versos con la misma llaneza con que al relatar poetiza. Díaz Icaza vivirá siempre en compromiso con las sustancias y seres. Por eso cato al mar y su inicial búsqueda por el ingreso al tumulto del obrero y le ofreció su canto. La sola numeración de algunos títulos de sus poemas: invasores, Denuncia, poema del amor humano, el hombre, hablo de la paz y la esperanza, del pan y su fantasma, la claridad, Vigila de la Patria; nos habla de la preocupación con que Díaz Icaza asiste a laborar el nuevo siglo. Sus cantos a “Orfeo” tienen, a pesar de lo tan manoseado del tema, una vigencia y fuerza capaces de devolvernos en cada línea un sustento de vida pasada legendaria o real. Después de Dávila Andrade es lo mejor del grupo y quizá le supera a este en su última etapa Por ser este estudio únicamente relacionado a la poesía, prescindimos de las otras facetas literarias con que este autor Enriquece nuestra literatura.
Ha publicado las siguientes obras en poesía” Estatuas en el mar” Guayaquil, 1946 “Cuaderno de Bitácora” Guayaquil, 1949 “Las llaves de aquel país”.
Guayaquil, 1954 “Botella al mar” Guayaquil 1964 “El regreso y los Sueños, Guayaquil, 1959. 

 Rafael Díaz Icaza es un escritor que ya tiene un sitial destacado en las letras ecuatorianas. Poeta, cuentista, novelista, periodista, educador, son las múltiples facetas de un hombre que lleva trajinando en las letras nacionales por más de cuarenta años. Este dialogo, que alguna vez intento ser parte de un dialogo mayor, pretende inquietar a los lectores acerca de los contextos en que se da la producción literarias de Díaz Icaza.
Miembro de una generación de poetas, a la que se denomina Madrugada, es a su vez parte de un grupo de liricos que han dejado una notable huella en la poesía ecuatoriana: Cesar Dávila Andrade, Edgar Ramírez estrada Rafael Díaz Icaza, Jacinto Cordero Espinoza, Hugo Salazar Tamariz, Efraín jara Idrovo (que para muchos forman parte de ELAN, notable grupo de poetas cuencanos, cuya aparición data en la década del cuarenta-cincuenta), Jorge Enrique Adoum, y salvo algunos nombres que se nos escapan, el resto sería poetas de segunda y tercera fila, pues sus trabajos no consignan nada perdurable en la lirica ecuatoriana, en cuanto a aportes temáticos, lingüísticos, etc.
Díaz Icaza, que si tiene una obra solida y por lo tanto de respeto, acaba de ganar el Premio Nacional de literatura “Aurelio Espinoza Polit, que anualmente lo concede la Universidad Católica de Quito, en honor de uno de los más grandes humanistas ecuatorianos de este siglo; este acercamiento periodístico al poeta y cuentista el novelista queda para otra ocasión permitirá ahondar en un trabajo en que el calor humano, el canto a la naturaleza, son llamados permanentes dentro de una literatura que dejo su condición de mera reproductora de la realidad, para dar paso a la alegría, a la imaginación, que es justamente lo que ha tratado de hacer Díaz Icaza en su reciente Libro ganador.
¿Cuáles fueron los elementos que condicionaron tu llegada a la literatura?
En primer lugar, un anhelo de comunicación con mi pueblo. Fue fundamental para mí el contacto directo con la política ecuatoriana. La influencia de la pugna por la división del país entre dos “membretes” diferentes: liberales y conservadores, que en definitiva eran las mismas familias que se diferenciaban únicamente “porque oían misas a distintas horas.” Estos dos grupos, se peleaban durante las elecciones por los amarres para elegir democráticamente a nuestros gobernantes. También influyeron notablemente sobre el naciente escritor los maestros de la generación de los años treinta: Gil Gilbert, aguilera, Gallegos Lara, Rojas, Icaza, De la Cuadra. La novela de mayor impacto en mi fue las Cruces sobre el Agua, porque se unían en ella una gran denuncia social, el estremecimiento por la represión del 15 de Noviembre, y el trabajo amoroso de gran dominio del idioma que desenvolvía Gallegos Lara.
Me toco además, ser testigo distante de los días de la Segunda guerra Mundial cuya finalización espere en la Redacción de Diario El Universo, madrugada tras madrugada, en mi carácter de titulador de las noticias del cable internacional. Pasaba frente a mi escritorio hasta las cuatro de la mañana, esperando de un momento al otro la noticia de que había finalizado el enfrentamiento bélico. Hasta que un día finalizo aquella guerra y comenzó otra, al ahondarse la división entre cultura y técnica, permitiendo que un país altamente tonificado como Estados Unidos lanzara la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki. Esto influyo, tanto como las circunstancias domesticas, sobre la sensibilidad del naciente escritor y lo ratifico como hombre comprometido con su tiempo.
Un hecho fundamental es tu vinculación con Joaquín Gallegos Lara. Sabemos que tanto su obra literaria como su praxis política influyeron en tu formación, a tal punto que prologa uno de tus libros ¿Cómo se expresa esa relación en tu obra general?
Positiva y negativamente. Positivamente porque es para mí el personaje inolvidable. No he visto un individuo con tan clara visión de los vínculos entre el hecho literario y el hecho social. Esto se refleja en su obra de narrad, aunque con exageraciones no solo literarias, sino también políticas. En lo positivo, porque tal vez ese fervor social contagio a la gente de mi generación. Y en lo negativo, porque fue Gallegos un escritor extraordinariamente comprometido en el estilo con lo tradicional, un tasador de la palabra, un gran trabajador de los vocablos. Más, esa influencia paso. Mi relación actual con Gallegos permanece como admiración hacia uno de los hombres más limpios, mas enamorados de su Patria y de la familia humana.
En cuanto al prologo a que haces referencia, fue mas una actitud fraterna del crítico serio y exigente. El creía encontrar excelencias en mi libro Estatuas en el Mar. El afecto que me profesaba no le permitió ver que la obrita tenía poco valor. 
Al margen de esta admiración a Gallegos Lara que fue muy notoria en varios escritores de tu generación. ¿Qué intelectuales influyeron en tu obra que obra, que libros, que acciones políticos-sociales externas condicionaron tu actividad de escritor?
 En primer lugar, varios hechos ocurridos hace aproximadamente 30 años: el nacimiento de algunos países socialistas como la republica Democrática Alemana, y la Fundación del consejo Mundial de la Paz; posteriormente el triunfo de la Revolución Cubana. No descarto la influencia a su tiempo de la literatura del realismo socialista, tan cuestionado hoy, pero que cumplió su función de ofrecer testimonios vitales, imposibles de separar de nuestra existencia. En libros y autores señalo unas cuantas preferencias: Tolstoi con La Guerra y la Paz; Dostoiesky, un muestrario de la humanidad; luego los grandes escritores franceses del realismo; el genial cuentista normando Guy de Maupasant; ese apóstol de las paz que fue Romain Rolland, con su novela-rio Juan Cristóbal, que abrió surco profundo tanto en lo que se refiere a la sensibilidad como al mensaje de lucha por la paz. Todos estos factores influyeron en mi obra literaria y sobre mi posición humanística.
Nace en Guayaquil, 1925 Lcdo., en Periodismo, Ejerce la docencia. En poesía ha publicado: Estatua en El mar (1946); cuaderno de Bitácora (1949): las Llaves de aquel país (1954-9; El regreso y los sueños (1959); Botella al Mar (1965)-, Zona Prohibida (1972); Señas y contrasueños (1978); selección poética (col. Rosa de papel, 1985), Los Ángeles Errantes (1953); Tierna y Violentamente (1970); Porlamar (1977); por la Tierra (Antología, 1978).
Novelas: Los rostros del Miedo (1962); Los prisioneros de la noche (1967, 1968).
Novelas: los Rostros del Miedo (1962)
Premios: algunos obtenidos en el exterior.
Nacionales: Medardo Ángel Silva
(Poesía), 1969; Ismael Pérez Pazmiño
(Poesía), 1974; José de la Cuadra
(Cuento), 1967 Aurelio Espinoza Polit (cuento), 1985.