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Dover Tomas

 

Poco se sabe de los primeros años de la vida de Dover exceptuando las propias referencias contenidas en su libro “The ancient Physician’s Legaci to his country” (el legado de un viejo medico a su patria). 1733, todavía de fascinadora lectura.
Se graduó de Bachiller en Artes en el Magdalen Hall de Oxford, pasando después al “Caius College” de Cambrig de donde obtuvo el título de Bachiller en Medicina, no llegando a doctorarse como lo destaca en el libro citado. Por su propio testimonio sabemos, que vivio durante un tiempo con Thomas Sydenham, en calidad de alumno privado de medicina; que fue atacado de viruela, siendo tratado enérgicamente por Sydenham.
Thomas Sydenham (1624-1682) que fue el mayor clínico del siglo XVII, justamente titulado el “Hipócrates ingles”, tuvo muchos admiradores en su tiempo. Uno de ellos fue precisamente su entusiasta discípulo Dover, cuya admiración por su maestro y amigo se manifestó en diversas formas, a través de su larga vida.
Pero el espíritu inquieto de Dover  fue ganado por el afán de los largos viajes con sus peligros, especulaciones y aventuras. A la sazón, buques ingleses, tanto regulares como corsarios, surcaban todos los mares. Es entonces cuando por razones mal conocidas, con algunos ricos propietarios de Bristol y con el concurso de numerosos aventureros que se encontraban en dicha ciudad, organiza una expedición corsaria que financio en gran parte. Hacia los mares del Sur. La Formaban dos navíos. Duke y Duchess, con un total de 56 cañones y varios centenares de hombres.
La Travesía
El 2 de agosto de 1708 partieron de Bristol bajo el mando del capitán Woodes Roger que dejo un relato de la expedición. Dover iba como capitán. Ejercía sobre todo el mando sobre los soldados de marina adjuntos al crucero. Además, antes de zarpar  se le eligió presidente de un consejo que debía controlar los progresos del viaje, arreglar las cuestiones importantes que se presentaran y juzgar sin apelación las querellas que podrían suscitarse. No tenía ningún rol medico de la expedición que estaba por otra parte provista de varios cirujanos y que hasta llevaba un boticario, Samuel Hopkins, hermano político de Dover. Como oficial de ruta revisaba William Dampier, viejo bucanero y uno de los mejores pilotos de los mares del sur.
Los dos navíos permanecieron un tiempo en Cork, donde se completo la tripulación reuniendo aventureros de todas las nacionalidades. La expedición se dirigió primero hacia madera. A la vista de Tenerife capturo un pequeño navío español y después de haber cruzado el trópico, se apodero de otro navío ligero. De allí llegaron a las islas de cabo verde y luego a las grandes islas situadas al sur oeste de Rio de Janeiro. Finalmente se dirigieron al cabo de horno. Llegando cerca de la isla de Juan Fernández, notaron un fuego que brillaba sobre la costa. Dover en un bote se dispuso ganar la costa. Dover en un bote se dispuso ganar la costa. A punto de alcanzarla, temiendo que aquel fuego fuera originado por marinos de buques de querrá franceses cuya presencia se anunciaba en esos parajes, sin bajar volvió a bordo. Al amanecer del día siguiente, reinicio su tentativa y aproximándose a la costa vio a un hombre cubierto con pieles de cabra que avanzaba hacia él. Era Alexander Selkirk que había sido abandonado año atrás en la isla desierta y alrededor del cual se han tejido tantas leyendas, ermitaño forzado que los corsarios recogieron. Tomaron entonces rumbo hacia Guayaquil, que era el verdadero objetivo de la expedición, se esperaba de la toma de esta ciudad resultados considerables y el logro de un botín excepcional, llegaron a ese destino en abril de 1709 en momentos en que la ciudad era presa de una epidemia de peste. Guayaquil fue atacada a hierro y fuego, devastando y saqueando los invasores todo a su paso, pernoctando muchos de ellos en las iglesias que apestaban del olor de los cadáveres recientemente quemados de las víctimas de la plaga, y donde se encontraban a su vez enfermos de peste.
Arrasa la Ciudad
Contrariamente a las costumbres navales y portuarias reza una versión la capitanía del puerto no respondió a la salva de cañonazos disparados como saludo, por las naves corsarias y su comandante en jefe para castigar la descortesía, decidió arrasar la ciudad. Tal atrocidad fue cometida a pesar de que la negligencia de la capitanía del puerto de Guayaquil estaba justificada por el hecho de encontrarse diezmada la ciudad por la peste bubónica y entre muertos, enfermos y fugitivos, había quedado casi desierta. Pero los corsarios poniendo en práctica una diligencia muy en boga en aquella época para determinadas latitudes, ejecutaron su designio (Motta).
Nació en el condado de Warwich, Inglaterra, aproximadamente en 1660, no existiendo datos acerca de la fecha exacta. Su padre era capitán a sueldo del Príncipe Ruperto.
Poco se sabe de los primeros años de la vida de Dover, exceptuando las propias referencias contenidas en su libro” The ancient Physician’s Legaci to his country” (El legado que un viejo medico a su patria), 1733, todavía de fascinadora lectura.
Se graduó de Bachiller en Artes en el Magdalen hall de Oxford, pasando después al “Caius College” de Cambridge donde obtuvo el título de Bachiller en Medicina, no llegando a doctorarse como lo destaca en el libro citado. Por su propio testimonio sabemos, que vivió durante un tiempo con Thomas Sydenham, en calidad de alumno privado de medicina que fue atacado de viruela, siendo tratado enérgicamente por sydenham.
Representante financiero de los organizadores de la expedición que integraba y encabezaba Modes Rogers. Tenía 52 años cuando llego a Guayaquil, pues había nacido en 1657 en la ciudad de Londres. Su carácter un poco agrio y su insistencia por traer en las naves un botiquín completo, le ocasionaron no pocas dificultades con sus compañeros de empresa, quienes le dieron al fin la razón, cuando alejados ya de la ciudad de Guayaquil en ruta hacia las islas Galápagos, enfermo gran parte de la tripulación con aquella “fiebre maligna” de la que habían visto varios casos en la ciudad, y escasearon las medicinas de su botiquín. Mas que pirata fue medico, el hombre de ciencia que aprovecho de los viajes para hacer acopio de conocimientos. Sin duda, fue el motivo por el cual integro aquella expedición de tan ingrato recuerdo para nuestra ciudad.
Este notable medico ingles fue quien dio la orden de prender fuego a las casas situadas frente a la iglesia mayor de la ciudad, falleció el 20 de abril de 1742.