<< Dumes Manuel Indice D
 

Dumma Juan

 

Dumma, apuest regulo del Sidsid y valiente caudillo, capitalizo la defensa general cañare, y asumió de hecho la jefatura Suprema de la guerra. La acometida incaica fue recia, brava, arrasador. Pero, la tropa cañare no solo contuvo al chiflón de las hueste de Tupac Yupangui, de 50.000 guerreros, sino que desinflo el orgullo de los cuzqueños con una sonada derrota que le hizo retirar y guarecerse en Zaraguro. Aquí paso largo tiempo el ejercito imperial en planes de rehacimiento y nuevos preparativos bélicos de contraataque en grande. Mejores mancebos orejones engrosaron las filas del comando tus nuevos contingentes, avezados a fiero combate, llegaban en cordón intermitente hasta los cuarteles de los subyugados Paltas. Tanta gente hormigueaba en los caminos lojanos, tanta que “henchía los campos”, en verismo del insuperable Cieza de León. Algo así como 250.000 “hombres diestros en guerra”, si crédito merece la “Relación de los Incas, de Sarmiento de Gaboa. Dumma y su plana mayor de Curacas cañares quisieron aprovechar de la coyuntura, Carcomía a los Paltas subyugados la derrota y crecieron su odio y venganza Falta y Cañares parlamentaron secretamente con el objeto de planear la rebelión y, en común frente aniquilar a los soberbios invasores y desaguar la tierra de tanta gente opresora. Convinieron incluso en la eliminación del divino Tupac Yupangi. Desgraciadamente, los Paltas, tras de un tanteo ritual de la suprema voluntad de sus dioses, dieron pie atrás. En tales circunstancias, imposible pareció a Dumma detener la carrera tribunal de Tupac Yupangui. Inútil cualquier sacrificio, y necio suicidio, la defensa. Facto con el jefe supremo de las fuerzas invasoras, y le ofreció el camino allanado hacia el norte, pues, los Orejones ansiaban dominar Quito.
En muchos corazones  cañares esta alinaza indino, y exacerbo el patriotismo.
Por doquier se condeno la cobardia y defeccion de Dumma, y en los cuatro puntos cardinales se atizo el fuego de la rebeldía. La encabezaron los régulos Pizarcapac, Canarcapac y Chicacapac. El primero tenía ascendiente sobre los demás y había concertado de antemano la ayuda de la confederación del norte, que con Pillahuaso del Panzaleo, estaba en pie de guerra, un florido ejército se formo al conjuro de los intereses de la patria. Los rebeldes cañares hicieron blanco, para aguijar al enemigo cuzqueño, en la persona del Gobernador que en el cañare, representaba al Emperador del Cuzco y, luego, en la guardia extranjera de orejones. Comenzó la reconquista, patriótica, altiva y desafiante: estaban en su patria y la defenderían. Con sus innúmeros millares de soldados y con diabólico denuedo batió el Inca al animoso ejército confederado. No a mano ni cuando el cuadro cañare se hundía en sangre. Ni perdono vidas venerables a inocentes criaturas. Era la furia de huracán Bárbaro. Quienes salvaron de la sanquinaria conflagración, fueron deportados muy lejos: al Cuzco, al valle de Jauja y a Titicaca; y mas era: al Panzaleo del Norte (Cotopaxi), con destino al ensayo de los campamentos de mitimaes. Las crónicas mas contestes registran quince mil Cañares en exilio, con sus jefes rebeldes,. Durante los ocho días del placido descanso en Tomebamba, los curacas señores de las provincia, Leopulla y Dumma, ofrecieron, sinceramente rendidos, su contingente, y el cacique Chaparra, enemigo acérrimo de los Quitus, facilito a Benalcazar el plano del Reino Shiri, dibujado en delicada tela con todos los sitios estratégicos, los caminos y las diversas entradas y salidas, así como revelo la estadística de las condiciones, número y clase de guerreros que rodeaban a Rumiñahui, el titán de la resistencia India. En coronación de la entrega cañare, se ajusto solemnemente alianza con la participación de trescientos guerreros. No solo combatirían contra los de Quitu sino que limpiarían el terreno de los obstáculos; serian atalayas y espías para denunciar las intenciones, planes y movimientos de la patriótica compactación quiteña. A los sequito oficiantes españoles, en grupo perplejo, acompañaban los principales indios curacas cañares con sus vistosos atavíos, destacándose don Fernando Leopulla, Alcalde Cacique de cacique, don Juan Dumma, Don Diego Duchipulla y don Luis Chabancayo, cacique de Tarqui. Casi no entendían la lengua de los fundadores. Pedro, ladino indio cañare, hizo de intérprete.