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Echeverrķa Ruiz Bernardino

Hoy se celebran 50 años desde que recibiera su ordenamiento sacerdotal en la Catedral Metropolitana de Quito un 4 de julio de 1937, Mons. Dr. Fr. Bernardino Echeverría Ruiz, Arzobispo de la Arquidiócesis de Guayaquil.
Su vida y vocación
Mons. Bernardino Echeverría, nació en el seno de una modesta familia, el 12 de noviembre de 1912, en Cotacachi, del hogar formado por don Carlos Echeverría y Sra. Carmen Ruiz. Tiene 3 hermanos: Inés, Carlota y Jacinto, todos casados.
A los 2 o 3 años empezó a sentir su vocación al sacerdocio, según se lo conto a su madre, pues “oficiaba” la Misa con profundo sentimiento y seriedad, con sus amigos de barrio, los que le preguntaban ¿Qué vas a ser cuando grande?, respondiendo: “Yo voy a ser obispo”, inclinación que nació en forma espontanea, pues fue acolito (monaguillo). Los sacerdotes de la época que lo conocían, el P. Ambrosio Escobar, S. J.; el P. Clavijo de San Jacinto de Cotacachi, empezaron a preocuparse por su devoto interés. Es así que estando el niño Bernardino haciendo de monaguillo, de casualidad un Hno. Franciscano, Mariano Coba, que trabajaba recogiendo limosna para Tierra Santa, en una Misa de 6 a 7, lo vio y dujo “este vale”. El Francisco hablo con doña Carmen, mama de Bernardino, y prácticamente fue así como nació su vocación.
Fueron sus maestros el P. Rufino Urtázar, quien tiene 102 años y vive en la actualidad en San Francisco. Asimismo aprendió mucho de los frailes Orvea, Alverdi, Izasi, López de Verásturi, quienes eran buenos músicos, pues “la orden franciscana siempre se distinguió por esta virtud”, dijo Mons. Echeverría.
Su estado de ánimo
Según el P. Ángel Cobo Folleco, rector de La Catedral Metropolitana de Guayaquil, Mons. Echeverría fue celoso guardián de la reconstrucción de las cúpulas de La Catedral y que subía y bajaba periódicamente 40 metros de altura (escalera) y conoce las instalaciones del reloj en la misma iglesia.
Se levanta desde las 04h00 en que hace meditación, rezo del rosario y no descansa hasta las 23h00, cuando se retira y no descansar. Gusta ver de los noticieros y siempre lee el diario, es muy devoto de la Virgen de La Elevación, patrona de la diócesis de Ambato, cuyo Santuario esta en Tungurahua.
Tiene buen sentido del humor y facilidad de dialogo. Además, que se relaciona fácilmente con gente de todo nivel.
Sus gustos
Aunque no tiene preferencia especial por comida alguna, pues come de todo: por las mañanas como desayuno toma una taza de café en leche con una ración de pan. Una sola comida al día (almuerzo) y por la noche solo una taza de té. Es muy sobrio, dijo el P. cobo, y tiene un desprendimiento formidable en cuanto a lo material, además, que el espíritu de pobreza de los franciscanos en el, ha sido vida y ejemplo.
Sus santos y cumpleaños
Su santo es el 20 de mayo, festividad de San Bernardino de Sena, y su cumpleaños en noviembre 12, para los cuales se reúnen sacerdotes, representantes religiosos y laicos de la provincia, en la Casa de Convivencia del clero, ubicada en “La Pradera II” y tienes un programa completo que se integra así:

  1. A las 10h00, rezo de Laudes; 2) Un saludo; 3) Dialogo sobre temas pastorales de la agenda; 4) Misa a las 12h30, concelebrada y 5) Ágape fraterno en el que se efectúa el consabido “Happy Birthday”, con el pastel y sus respectivas velas. Se lleva guitarras y el que sabe entona y canta, no solo canciones religiosas sino de cualquier tipo como los pasillos…

A Mons. Echeverría le gusta mucho las canciones “Ambato Tierra de Flores”, “Guayaquil de mis Amores” y “Al Decirte Adiós….”
Su ordenación y obispo de Ambato
Mons. Echeverría, profeso solemnemente en la orden Franciscana un 4 de octubre de 1932. Se ordeno sacerdote el 4 de julio de 1937. Su doctorado en el Antoniano de Roma el 20 de mayo de 1939. Se ordeno como obispo de Ambato el 4 de diciembre de 1949 pues Pio XII creo el 28 de febrero de 1948 la Diócesis de Ambato y nombro a Mons. Echeverría como primer obispo de esta.
Autor de himnos
Siendo Mons. Bernardino Echeverría un hombre de letras, fue director de la Casa editorial “Jodoko Rike” (1944), y publico un poemario llamado “El Heraldo del Gran Rey” y la Revista “Paz y Bien”.
Con el padre Agustín de Askúnaga hizo música y letra del Himno a Quito, respectivamente. Escribió el Himno del terciario y Franciscanos. En 1940 cuando regreso de Roma se encontró con la novedad de que en nuestro país se había organizado un concurso a nivel nacional promovido con oportunidad de la coronación de la Virgen del Quinche concurso en el que obtuvo el primer premio. De igual forma obtuvo el primer premio en los concursos para el Himno a Quito y Santa Mariana de Jesús
Anécdotas
El 4 de diciembre de 1959, el clero y los movimientos apostólicos organizaron una conmemoración solemne de los 10 años de vida de la diócesis de Ambato. Una celebración para el recuerdo, constituyo la sesión solemne celebrada por la noche de ese día en el teatro “Lalama”, como intervención final, el señor Arzobispo agradeció el homenaje y discurso. Agradecimiento que conmovió el auditorio Agradecimiento que conmovió el auditorio que estallaba en continuos aplausos. Al terminar don Milton Sánchez Baraona, Ministro de Gobierno de la época que asistía a la celebración, se puso de pie y al felicitarle le dio: “Ahora si entiendo por los universitarios pedían su cabeza…yo también pido su cabeza”.
 
Recién nombrado obispo de Ambato, las autoridades y la comunidad ambateña le ofrecieron una cena, Monseñor Nicolás Alfredo Meléndez, Vicario General de la Diócesis, fue delegado para exaltar la figura del nuevo Obispo y entre otros elogios afirmó: “Eres el Bernardino de Sena del siglo XX”. (San Bernardino es en el santoral franciscano figura de primera plana). Don Víctor M. Garcés, de la feliz memoria, invitado al acto, al finalizar la reunión, pidió permiso al Obispo para decirle un epigrama. Obtuvo la venia y dio: “Dicen que imitas fielmente a Bernardino de Sena, mas la imitación no es plena, pues según yo estoy viendo, la imitación está siendo, más que en lo santo en la cena. (Aplausos). Esta expresión de confianza y simpatía seria la tónica que a partir de su llegada a Ambato como primer Obispo, le guardaría toda la ciudad.
II Arzobispo de Guayaquil
Fue su Santidad Pablo VI, quien nombró a Monseñor Bernardino Echeverría Ruiz, por renuncia del Primer Arzobispo de Guayaquil Mons. César Antonio Mosquera Corral, como Segundo Arzobispo de Guayaquil, el mismo que tomo posesión canónica de su nueva Sede Arzobispal, el sábado 7 de junio de 1969, en ceremonia que se realizo en La Catedral de Guayaquil.
Ha sido fundador de la editorial “Justicia y Paz”, la hoja dominical “Nuestra Iglesia” y la revista “Levántate”.
Se resalta que cuando Mons. Echeverría llegó a Guayaquil habían 62 parroquias y que en el presente ha dividido su Arquidiócesis en 5 Vicarias Episcopales y seis Arciprestazgos que abarcan 153 parroquias.
Con Enrique Maulme Gómez, fallecido, fundo de Corazón a Corazón, institución en beneficio del prójimo con problemas cardiacos.
Mons. Bernardino Echeverría Ruíz Arzobispo de Guayaquil, cumplirás en los próximos meses, 75 años de edad y hoy 4 de julio cumple 50 años de incesante actividad en beneficio de entidades y pueblos, por tal motivo y en reconocimiento a su sacrificada labor al frente de la iglesia guayaquileña, nuestra ciudad rinde homenaje en esta fecha a quien no siendo nativo es guayaquileño por residencia y por corazón.
Nacimiento E Infancia: Nuestro actual e ilustre II Arzobispo de Guayaquil nació en la hermosa y floreciente Cabecera Cantonal de Cotacachi, en la provincia de Imbabura, el 12 de noviembre de1912, en el cristiano y honorable hogar formado por el Sr. Dn. Carlos Echeverría y la Sra. Dña. Carmen Ruiz. Recibió las purificadoras aguas bautismales en la iglesia de dicho lugar en cuya Pila recibió los nombres de Carlos Honorato. Es el 4° hermano de 13 hijos que tuvieron sus queridos padres.
Curso la Instrucción Primaria en la Escuela de su ciudad natal.
Estudiante Franciscano: El 26 de octubre de 1924 ingreso en el Colegio Franciscano, de Quito. El 11 de septiembre vistió el hábito de la Vble. Orden Franciscana y empezó su noviciado bajo la atinada dirección del “santo” Padre Francisco Alberdi, de origen español.
Sacerdote Franciscano: El 4 de julio de 1937 fue ordenado sacerdote, en la catedral de Quito, por el Excmo. Monseñor Carlos María de la Torre, X Arzobispo quítense.
Luego, viajo a Roma el 12 de agosto de 1937 para ingresar en el Pontificio Ateneo Antoniano, en donde después de un brillante Grado fue proclamado Doctor en Filosofía, el 20 de mayo de 1939. La Tesis de su Grado versó sobre el tema siguiente: “El Problema del Alma Humana en la edad Media”.
De regreso a Quito fue nombrado Profesor de filosofía, ciencias y lenguas en el Colegio Franciscano de Quito, Comisario Provincial del Ecuador  y Rector de la T.OF. De Quito.
En 1941 publico en Buenos Aires su Tesis de Grado Doctoral.

En 1942 alcanzó el primer premio en el concurso poético promovido con ocasión de la coronación de la Virgen del Quinche. Fue nombrado Miembro efectivo del Instituto Ecuatoriano de Estudios del Amazonas. Publicó el estudio “Los Franciscanos en la Región Amazónica”.
En 1943 publicó el “Devocionario de los Terciarios Franciscanos del Ecuador” Colaboró en la Hora Católica de Radio El Palomar.
En 1944 fue nombrado Director de la editorial Jodoko Rike por él fundada. Publicó el poemario de “El Heraldo del Gran Rey” que mereció Pergamino y Mención Honorífica del Municipio de Quito. Fundó la Revista “Paz y Bien” y colaboró en las Revistas Ecuador  Franciscano y San Francisco de Quito. 
En 1945 emprendió la restauración del templo de Cantuña, Quito. Organizó el Segundo Congreso de terciarios Franciscanos, cuyas “Memorias” público. Obtuvo el primer premio en el concurso promovido para el Himno en honor de Santa Mariana de Jesús. Fue nombrado Miembro Correspondiente de la Casa de la Cultura en Quito.
En 1946 publicó las “Memorias de las Fiestas Antonianas”, Alcanzo el segundo premio en el concurso promovido para el Himno del Congreso de Terciarios Franciscanos de Lima. Fue nombrado Miembro Correspondiente de la Academia Internacional de Historia Franciscana de Washington.
En 1947 fue nombrado Prefecto de Estudios, Secretario de la Provincia, Procurador de Provincia. Publicó el Drama “Venganza Franciscana”.
En 1948 fundó la obra de la Comunión de enfermos. Fundó la primera Sala de Cine Católico.
En 1949 fue nombrado Ministro Provincial de la Orden Franciscana en el Ecuador , Publicó “La Iglesia en el Ecuador ”, obra de gran valor y utilidad, puesto que es el Primer Anuario que se haya escrito para la iglesia del Ecuador. Fundó la Escuela Franciscana de San Andrés, en Quito.
Primer Obispo de Ambato: Con sencillez, patriotismo y amor a su querida Orden Franciscana venía trabajando el Rvmo. P. Ministro Provincial de Franciscanos en el Ecuador, cuando inesperadamente para la mayoría de los eclesiásticos ecuatorianos, se supo la grata noticia del nombramiento de Primer Obispo de Ambato en la eminente personalidad de tan distinguido sacerdote franciscano, quien recibiría este anuncio del Santo Padre como algo increíble y tal vez imposible. Pero, así son los designios de Dios.
La Diócesis de Ambato, por cuya creación tanto trabajaron los propios ambateños, fue creada por S. S. Pio XII el 28 de febrero de 1948.
Fue nombrado a la vez Administrador Apostólico de la nueva Diócesis el Excmo. Monseñor Carlos María de la Torre, entonces Arzobispo de Quito. Sin embargo, aun no se conocía, por tanto, el nombre del primer obispo. Por eso, el autor de estas líneas, estudiante del Seminario Mayor, en Quito, tuvo la oportunidad de escuchar algunos nombres de sacerdotes ilustres del Ecuador  que según “Vox populi” merecían llegar a tan alta dignidad. Sucedieron tantas cosas, entre ellas, el terremoto del 5 de agosto de 1949, que asoló a la noble Provincia del Tungurahua, dejando el terrible saldo de seis mil muertos, que muchas personas decían: ahora sí, la fundación de la diócesis de Ambato quedara para las Calendas grecas, esto es, para tiempos mejores. Mas Cristo, fundador de la Santa Iglesia, que precisamente muriendo en la cruz es cuando triunfo y venció a Satanás, decidió también nombrar al fundador de la Santa Iglesia, que precisamente muriendo en la cruz es cuando triunfo y venció a Satanás, decidió también nombrar al fundador de la Diócesis de Ambato el 25 de octubre de aquel fatídico año, o sea, después de casi tres meses del horrible flagelo, para que por una parte, este gesto del Santo Padre sirviera de consuelo para el pueblo tungurahuense, como buen Padre de la Cristiandad, y por otra parte, para fustigar la desobediencia y la falta de heroísmo de algunas personas, exaltando, al mismo tiempo. Al humilde al que nunca soñó en ser obispo, y menos, primer obispo de Ambato.
Así apareció en el orbe católico el nombre del Ministro Provincial de Franciscanos en el Ecuador  para fundador de tan heroica Provincia Civil del Ecuador.
Antes, el 8 de agosto de 1949, el Excmo., Sr. Nuncio Efrén Forni se dirigió a la ciudad de Ambato, y publicó oficialmente el Decreto por el cual quedaba creada la nueva Diócesis.
Este Ilustre Sr. Nuncio apostólico del Ecuador  consagró Obispo de Ambato al Rmo. P. Bernardito Echeverría Ruíz, en la Iglesia San Francisco, de Quito, el  de diciembre de ese mismo año.
El 10 de diciembre siguiente viajo a su sede episcopal a tomar posesión canónica, en una inolvidable y solemne ceremonia presidida por el.
El 11 de diciembre coronó a la Imagen de Nuestra Señora de la Elevación y a esta buena Madre del Cielo Consagró su ya querida Diócesis.
Finalmente, con el recorrido por su Diócesis con la reliquia de la verdadera cruz en la que expiro el Salvador del mundo, comenzó el arduo trabajo pastoral en su naciente diócesis, en medio de muchos sufrimientos, amarguras, penas y calumnias, pero, fortalecido por estos mismos puntos negativos, que fueron para su apostólico y episcopal corazón fuente de alegría y de gloria, cuya inmarcesible corona engastada con perlas finas compuestas por el perdón fraterno, la compresión, la caridad sin límites para sacerdotes y fieles, su desgaste, cual otro Francisco de Asís, por reconstruir los templos derrumbados por el terremoto, la creación de la Imprenta, diario y Emisora, y otras obras de beneficio, nadie, nadie podrá arrebatarle de sus laceradas sienes, centro vital de tantos bienes como dejó en la Diócesis de Ambato, pues, Monseñor Echeverría Ruíz hizo realidad aquellas perennes ideas de S. Pablo: “Por eso, para que no me enorgullezca, me ha sido dada una espina en mi frágil vida, un emisario de Satanás, para que me dé de bofetadas, para que no me engría. Tres veces pedí al Señor que la alejase de mí; y el me dijo: Te basta mi gracia; que en la debilidad se muestra perfecta la omnipotencia. Así que muy a gusto me gloriare yo de mi debilidad, para que resida en mí la fuerza de Cristo. Por eso me complazco en las enfermedades, en las persecuciones, en las angustias sufridas por Cristo, pues, cuando soy débil, entonces soy fuerte”. (II Cor. 12, 7-10).
Así con amor a Dios y a sus hermanos aceptó el honor y carga de ser Presidente de la Junta de reconstrucción del Tungurahua.
Organizo la curia Diocesana Celebró mediante inteligente preparación, el Primer Sínodo Diocesano, del 13 al 17 de febrero de 1952, que tantos beneficios hizo a la Diócesis, procedido asimismo por el histórico recorrido con las reliquias de Santa Mariana de Jesús:
13-31 de mayo de 1951.
El 1° de enero de 1953 publico el Boletín Diocesano. Asistió en 1957 al Primer Concilio Plenario de la Iglesia Ecuatoriana.
Concurrió desde 1962 a las 4 etapas del Concilio Ecuménico Vaticano II representando a su diócesis con feliz éxito.
Durante su permanencia en Ambato escribió muchos Decretos, Exhortaciones y 30 Cartas Pastorales, de gran contenido teológico, filosófico y social.
Practicó la Santa Pastoral visita en 1952; en abril de 1856 y en 1961.

Escribió asimismo numerosas Circulares y pronuncio Oraciones fúnebres, discursos y oraciones gratulatorias en las que comunico luz y vida a los oyentes.
Asistió a los dos últimos Congresos Eucarísticos nacionales del Ecuador: en Guayaquil y en Cuenca.
Erigió algunas Parroquias, decretó algunas erecciones de capillas y conventos finalmente trabajó mucho por la cuestión Social; hizo posible la ayuda de los organismos de beneficencia del Episcopado alemán a todas las diócesis ecuatorianas, entre ellas, la de Guayaquil, con cuyo auxilio se hicieron los Centros de salud, Maternidad del Suburbio y ha socorrido a algunos dispensarios.
Pero, sobre todo se adentró en el alma y en la vida de los tungurahuenses hasta el punto de parecer un ambateño más. El dolor de ellos sirvió para conocerlos y amarlos más; los sufrimientos y maledicencias sufridas por motivo de la construcción del Tungurahua sirvieron para hacerles el mayor bien y trabajar más por su adelanto y progreso. Son ellos mismos los testigos de lo que yo escribo aquí, y no, algunas personas, a la distancia.
Fundó los Seminarios “San Pío X” y el de Misiones “Pío XII”.
Segundo Arzobispo de Guayaquil; “A cualquier otro obispo del Ecuador  hubiera preferido suceder, menos a Monseñor Mosquera”, suele pronunciar con frecuencia tan humilde como notable Prelado que preside actualmente la Arquidiócesis de Guayaquil.
Si la noticia de su elección para Primer Obispo de Ambato de llenó de asombro y confusión, mayor aun debió haber sido la noticia de su elevación a la Silla Metropolitana de Guayaquil, como su II  Arzobispo, Era tan grande en muchos aspectos el Primer Arzobispo, que tal nombramiento anonado a Monseñor Bernardino Echeverría Ruíz. Pero, como ha sido fraguado en el rojo vivo del sufrimiento, todos los malignos comentarios y frases pocos corteses pasos por alto, porque sabía que estaba cumpliendo la voluntad de Dios en la augusta persona de S. S. Paulo VI que le enviaba a Guayaquil, luego de la sensible renuncia de Monseñor Mosquera Corral. Si nada hizo por ascender al Arzobispado por vanagloria, que iba a temer, ni que va a temer.
De ese modo, a la vez que los fieles del Ecuador  supieron de la renuncia de Mons. Mosquera Corral estaban también conociendo la preconización como II Arzobispo de Guayaquil en la meritísima persona del Primer Obispo de Ambato, aquel 12 de abril de 1969.
Su Llegada a Guayaquil: El sábado 7 de junio, a las 4 p.m., hacia su llegada a Guayaquil el II Arzobispo de Guayaquil, acompañado de numerosos sacerdotes y fieles que le aclamaban con respecto y alegría.
Inmediatamente se dirigió a la catedral Metropolitana, en donde estaban el Emmo. Sr. Cardenal Pablo Muñoz Vega S.J., Arzobispo XI de Quito, el Excmo., Monseñor Giovanni Ferrofino quien, después de haberse leído los documentos pontificios, dirigió algunas palabras para facilitar al nuevo Arzobispo y al catolicismo guayaquileño por tamaña gracia de Dios, le impuso el Palio, que llegó a Guayaquil con anticipación del Arzobispado guayaquilense.
Estuvieron presentes los Sres. Obispos: de Portoviejo, El Oro, Los Ríos, el Obispo Auxiliar electo de Quito, Mons. Juan Larrea, los Vicarios Apostólicos de El Napo y Canelos, y los Monseñores Ernesto Álvarez y Vicente Cisneros.
Luego de agradecer Monseñor Echeverría al Emmo. Sr. Cardenal, al Sr. Nuncio Apostólico, a los Obispos, al Vble. Cabildo Metropolitano, al clero, Comunidades Religiosas y fieles por tan filial recibimiento, leyó su primer mensaje, pleno de unción de renovado espíritu conciliar, de fraternidad y con su característica sencillez, anuncio que su gobierno será como el lema que ha mantenido durante su episcopado e Ambato, y que nuevamente lo elige: su gobierno Arzobispal será de “Paz y Bien”.
Después de la ceremonia, en el Salón principal, Monseñor Ernesto Álvarez que había actuado como Vicario Capitular, hizo el brindis en honor de nuevo Arzobispo de Guayaquil para desearle feliz éxito y ventura.
Comienzo de su Apostolado Arzobispal: Desde el día siguiente comenzó su actividad. Fue a hacer visitas protocolarias a las autoridades, a los Directores de Diarios, visitó a los fieles del suburbio.
 El 8 de unió hizo interesantes declaraciones para el Diario “El Universos”. Copio algunas de sus históricas frases que pertenecen a un periodista de vocación, como lo es Mons. Echeverría Ruiz:
“Si en algo puedo contribuir al restablecimiento del orden, estoy listo a asumir mi deber”. “Mi respeto, admiración y aprecio por Guayaquil es de ayer, hoy y siempre”. “Mi trabajo por la reconstrucción de Ambato en 1949 se vio compensando con la distorsión de la verdad. Es el momento más crítico en mi condición de ciudadano y misión de obispo. Este punto discutido de mi vida es mi mejor hoja de servicio”. “Estoy listo a entregar lo mejor de mis iniciativas y el aporte sincero de mi buena voluntad a la solución de los problemas del suburbio de Guayaquil”. “Mi misión es la de todo obispo. La de ser el promotor del progreso material, un suscitador de soluciones a los problemas sociales que vive el pueblo. Lucharé por la Verdad, la Justicia y el Amor”.
La Organización de su Gobierno Arzobispal: El martes 1° de julio presidió por primera vez la reunión del clero guayaquilense. En ella leyó el texto de su Primera Carta Pastoral. También manifestó su preocupación por la creación de su consejo de Presbítero, cuyos integrantes fueron proclamados el martes 15 siguiente. Son los sacerdotes que a continuación se anotan: Mons. Antonio Bermeo, Rmos. Sres. Manuel Paz y Enrique Julhes. Francisco Larrea, P. Gerardo Vero OFM., Dr. José Gómez Izquierdo, P. Luis Vásquez CM., P. Agustín González OCD., P. José Abraldes Barros, P. Luis Echeverría OFM. Cap., Dino Pytnam, osé Cifuentes, P. Anicio Lope CMF., y Abundio Velasco, Procurador de sacerdotes vascos de El Oro y Los Ríos.
Nombró Responsable del Culto al R.P. Jesús Jiménez S. J.; Director de Medios de Comunicación Social al Dr. José Gómez Izquierdo, y Jefe del Apostolado Seglar al P. José Cifuentes Romero.
Al Rvmo. Sr. Anfel María Cepeda nombró Vicario General, al Ilmo. Monseñor Rogerio Beauger. Vicario Episcopal de Religiosos y Religiosas, al R. Sr. Pbro. Francisco Larrea, Vicario Episcopal de Pastoral, y al R Sr. Pbro. Luis Arias Altamirano, Canciller de la Curia Arzobispal.
Después de algunas semanas nombró al R.P. Cayetano Tarruell, miembro del consejo de Presbiterio. Al mismo sacerdote salesiano le nombro Director de las obras Pontificias Misionales de la Arquidiócesis. En tanto que al Rvmo. Sr. Eliecer Fiallos le designó Director de la obra Pontificia de las Vacaciones.
Monseñor Echeverría ha hecho cada vez más funcional el edificio del Palacio Arzobispal; ha multiplicado los Oficinas para los distintos sacerdotes de la Curia y de los Movimientos arquidiocesanos, como la Acción Católica, OO. PP. MM., Legión de maría, cuyo Director Espiritual Arquidiocesano es el Rvmo. Sr. Vicario General.
Durante el año 1969 visitó casi todos los pueblos del campo, conociendo bien a sus párrocos y tratando con los fieles algunos puntos de sus anhelos y preocupaciones. El 2 de diciembre estuvo en Roma para presentar su saludo al Santo padre como II Arzobispo de Guayaquil.
El 1° de enero de 1970 fundó el Órgano de publicidad de la Arquidiócesis: el Boletín Arquidiocesano de Guayaquil, Revista Mensual cuyo Director es el Sr. Pbro. Luis arias A.
Dos Ordenaciones sacerdotales: Durante su corto período como Pastor primero y principal de la Arquidiócesis ha ordenado sacerdote a dos varones piadosos: el sábado 30 de mayo de 1970, en la Iglesia de Pedro Carbo, al Rdo. Sr. Diácono Galo Guerrero Vinueza; que a la vez le nombró Coadjutor de dicha feligresía: y al Rdo. Sr. Diácono Dn. Vicente Alberto Tosich Superak, viudo, de nacionalidad yugoeslava, y de 84 años de edad, el domingo 2 de agosto de 1970, en la Iglesia de El Sagrario. Le nombro enseguida Párroco de la Isla Puná.
La Catedral de Guayaquil y El Impuesto: No teniendo más espacio ni tiempo para destacar otros aspectos de su labor pastoral en Guayaquil durante su corto tiempo de gobierno, quiero concluir estos rasgos biográficos con otra actitud que engrandece al II Arzobispo de Guayaquil.
En lo mejor del agrado por llevar adelante la construcción y terminación de la nueva Catedral de su sede arzobispal, e insinuando por los miembros del directorio de la Junta de Construcción de la Catedral, creada el 9 de enero de 1945, acudió a Quito varias ocasiones, para conseguir de algunos honorables legisladores que se dignen apoyar el deseo de los católicos de Guayaquil, cual es el que se prolongue el impuesto al comercio del Cantón Guayaquil por unos 5 años más, puesto que falta de construirse la Catedral y los edificios del Seminario de Guayaquil.
Conocedora de tal Propósito la Universidad de Guayaquil, reclamó para sí el impuesto que hasta el 31 de diciembre de 1970 seguirá percibiendo la Junta de Construcción de la Catedral. Hicieron manifestaciones públicas por las calles de la ciudad, gritando contra la iglesia incluso, y cambien a favor de los enfermos que se han de atender en el proyectado Hospital Universitario.
Monseñor Echeverría, sensible al dolor humano y comprensivo con la situación actual del mundo, reunió a los miembros del Directorio de la Junta y a distinguidos caballeros y sacerdotes de Guayaquil, en la tarde del jueves Santo, 26 de marzo de 1970 en la que Monseñor acepto el criterio de todos los concurrentes.
 En la Misa solemne concelebrada del domingo 29 de marzo, fiesta de la Resurrección del señor, Su Excia. Mons. Echeverría leyó el texto de su Segunda Carta Pastoral que está en consonancia con la Declaración que se publicó en los Diarios matutinos de la ciudad el día 29, y que fue entregada a los señores Periodistas el día sábado 28.
Entre otras frases que contiene tan histórica como cristiana Declaración se lee la siguiente: “Por sobre el Templo de piedra está el de la carne, animada por el espíritu, el templo del hombre”.  
Así concluyo una posible lucha social en Guayaquil, y el prestigio del Sr. Arzobispo Echeverría subió de quilates. Die Prestigio? En verdad, no es mi expresión, es la de un educado y culto caballero de Guayaquil, quien al entrevistarse con nuestro actual arzobispo, le dijo: “Señor Arzobispo, Ud. Es un eminente Prelado, esto dicen numerosas personas que tal vez no son tan piadosas ni muy creyentes; Ud. En Guayaquil es tan querido que en Ambato, y goza de mayor prestigio que en aquella ilustre cuna de los tres Juanes”. Y sepa el lector que, el caballero que así pronunció, en verdad no pertenece a ninguna organización católica de la ciudad, y es más bien un cristiano modesto, pero que se distingue por decir la verdad en todo tiempo, y que por su venerable ancianidad, no sabe distinguir lisonjas ni tampoco se expresaba así para obtener del Sr. Arzobispo algún favor, como suele acontecer de ordinario.
Ultimo Proyecto: Después de haber escrito las últimas líneas anteriores he leído en la prensa, que Monseñor Echeverría anuncia que el Excmo. Sr. Nuncio Apostólico Dr. Giovanni Ferrofino se retirará de sus elevadas funciones el mes de septiembre, y que tal suceso retrasarán los nombramientos de los Obispo Auxiliares para Guayaquil. Pero, que hasta tanto, pondrá en Milagro y en la Península un sacerdote con el título de Vicario Episcopal, como preparación de la inmensa gracia que recibirán ambas secciones del Guayas, esto es la presencia de un Obispo como Vicario Episcopal del Arzobispo de Guayaquil.
Luego ha anunciado que la ciudad de Guayaquil va a dividir en cuatro Arciprestazgos para la mejor atención de los católicos.
Que el señor y la Virgen de las Mercedes, para la cual alcanzó del Papa el decreto por el que se le nombra Patrona del Litoral Ecuatoriano, le protejan y bendigan.
El martes 11 de agosto de 1970. Reunidos los miembros del Presbiterio, eligieron al Rdo. Sr. Pbro. Francisco Larrea, Vicario Episcopal de El Milagro; y al Rmo. Sr. Enrique Julhes. Vicario Episcopal de santa Elena. El primero tomó posesión de su cargo el sábado 12 de septiembre de 1970; y el segundo, se posesionó, en Santa Elena, el sábado 26 de septiembre de este mismo año.

Finalmente, destaco como una de las gentiles y patrióticas obras del II Arzobispo de Guayaquil, la valiosa ayuda que me ha dado para publicar la presente obra. En primer lugar, Monseñor Echeverría me pidió preparar un trabajo similar al actual para que esta Arquidiócesis contribuya literariamente también al Sesquicentenario de la Independencia de Guayaquil; y en segundo lugar. Su Excia. Reverendísima ha sido la más eficaz ayuda de esta obra que sale a luz entre privaciones, sacrificios y alegrías. Por lo cual, desde esta líneas le rindió al triunfo de mi más profundas y eterna gratitud.