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Elizalde Vera José Domingo

En 1865 García Moreno
En Guayaquil hostilizaba a D. Pedro Carbo, a D. José Domingo Elizalde Vera, al Dr. Carlos Antonio Andrade, y no consentía que se formasen Sociedades patrióticas. El Sr. Carbo, quien no era de borrascas, se vio obligado a buscar asilo en el Perú. El Sr. Elizalde Vera, Consejero Municipal, había pronunciado un discurso, relativo a obras públicas, desfavorable al tirano, quien llegó a tener de él conocimiento; con arrogancia, mando pedir el archivo del consejo, ordenó la prisión de Elizalde Vera y lo condenó a ser expulsado a las selvas del Napo.
También fue reducido a prisión el Dr. Andrade, Rector del Colegio de San Vicente, y amigo y confidente de Elizalde: ambos por dicha, fueron puestos en libertad merced a la mediación de amigos: pero Elizalde fue confinado a una hacienda.
El primer periodiquito satírico de que se tiene noticias fue “El Duende” de pequeñísimo formato, e impreso y distribuido con todo el sigilo del caso; lo cual se comprenderá por el hecho de que apareció después del triunfo de los provisorios, cuyo ejército ocupó esta plaza el 24 de septiembre de 1860.
El duende estaba destinado a mortificar a García Moreno y al General Flores Sentimos no disponer de un solo número: pero si estamos ciertos de que fue escrito con chispa, sal y verdadero gracejo; y era tanta la travesura de sus distribuidores, era tan listos sus agentes, que había casos en que, por ejemplo, estando en un reunión el General Flores, al sacar el pañuelo del bolsillo, hallaba, con él, un número de El Duende, o al ir a tomar su sombrero, al despedirse, allí estaba dentro de él, un ejemplar de El Duende; sin que nunca se sorprendiera a los autores de tales travesuras. Se supo, sí, después que, en esa empresa arriesgada, tenían parte Dn. Adolfo Hidalgo, su hermano, el chispeante y graciosísimo versificador Federico Hidalgo, Dn. José Domingo Elizalde y otros.
Eran colaboradores activos de “El Tiempo”, escritores bien acreditados, como Dn. José Domingo Elizalde Vera.
“Diario de Avisos” tuvo desde su fundación 1888, un gran núcleo de colaboradores, de lo más distinguido entre los escritores liberales de todo el país, y literatos de otra escuela política; y entre ellos podemos citar a Dn. José Domingo Elizalde Vera.   Hasta poco antes del 19 de marzo de 1914, se vaía ambular por la principales calles de Guayaquil, a un anciano respetabilísimo. El semblante siempre bondadoso, amable del patriarca; su conversación animada e inteligente; sus modales cultísimos; daban a entender con claridad, que aquel varón venerable, era un viejo caballero, de noble estirpe, vasta ilustración y acrisoladas virtudes cívicas. Escritor documentado y entendido, el señor Elizalde Vera trató siempre lo más arduos temas en materias de contratos nacionales, de ferrocarril, de colonización, y hasta de casera política; dándole al énfasis de sus afirmaciones la autoridad de su maestría, de su impecable patriotismo, de su números; sumándolos, restándolos o multiplicándolos, sacaba la prueba inconcusa de sus cálculos y hacia patentes las conveniencias o inconveniencias de las operaciones de orden nacional; en un afán desinteresado, integro, donde nada ponía en menoscabo la pureza de su intención, y su capacidad virtual. Plausibles fueron sus empeños porque nuestras legislaturas declararan por abandono de cumplimiento, la canceladura del Contrato Pritch. Ministro de Estado, después del 5 de Junio de 1895, pronto se retiró a la vida del hogar, donde le llamaban su bufete de escritor y su bien cortada pluma; y volvió al mañanero paseo por nuestras calles, donde su blanca silueta, y su tardo paso, cuando no trémulo, eran bien conocidos y queridos por todos los hijos de Guayaquil. El Concejo, en 17 de abril de 1914 tuvo el justiciero rasgo de aprobar, por unanimidad de votos, el siguiente acuerdo: “El Consejo Municipal de Guayaquil, considerando Que el Sr. José Domingo Elizalde Vera, así por sus virtudes públicas, como privadas, fue un ciudadano de mérito; Acuerda: Colocar en la tumba del Sr. Elizalde Vera, una lápida en homenaje a su respetable memoria”. Pero ocurrió que, por no haber encontrado en ese entonces el mármol de la calidad que deseaba el Consejo para labrar la mencionada lápida, no pudo cumplir oportunamente la resolución antedicha; transcurrieron algunos mese, y en el entretanto, la familia del preclaro difunto, puso en la bóveda donde reposan los restos del Sr. Elizalde Vera, la losa que existe al presente.
el consejo, en sesión de 10 de septiembre del propio año de 1914, expresó el sentimiento que el causaba no haber sido dable realizar a su debido tiempo, el homenaje póstumo acordado en honor del señor Elizalde Vera, si bien en el orden moral quedaba reconocida y exaltada la preeminencia del fervoroso patricio

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