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Encalada Vásquez Oswaldo

La novela de Encalada Vásquez nos reanima en medio de circunstancias harto difíciles, como las que hemos pasado o enfrentamos día a día, sin mayores opciones de que los entontecidos por el dinero y el poder se decidan a pensar. Un libro que nos devuelve el optimismo sin caer en la enajenación ni en el estereotipo, cuando parece que hemos perdido la esperanza y las tiniebla mas dura diluye toda posibilidad de soñar en próximas utopías. Es, repito, un acto que nos conduce por los soleados caminos de Amanta y Gualantambo, que simbolizan la libertad para que el niño que todos llevamos adentro conjugue sus sueños y aventuras con los personajes de “A la sombra del verano”.
La novela, que se inicia con la intervención de un narrador en tercera persona, nos relata la permanencia de los tres protagonista de la historia Juan García, próximo a cumplir los siete años y sus hermanos Moisés y Alberto, que se hallan entre los nueve y los doce años en el pueblecito de Amanta.
No importa el frio de la noche ni las incomodidades del viaje. Lo que interesa es dejar atrás un largo y tortuoso año de estudio y castigo para volver a vivir, respirar el aire de Amante y sentir otra vez, como en los mejores tiempo, el Sol quemante de agosto, curtir la piel, endurecer las manos con la pallca, salir a cazar irlos y chirotes, vengarse de los más grandes, acariciar toscamente las moras y las lagartijas. Volver a aprender en el mundo de la realidad y las ficciones más inimaginables. Volver otra vez al campo y sentir nuevamente la vida.
Junto a los protagonistas, como un personaje inherente a la historia se manifiesta la naturaleza, de muy diversas formas, dentro de un proceso de animación que culmina en una integración dialéctica donde los seres inertes cobran vitalidad. El sol de agosto, el río o el arroyo, plantas y animales se conjugan como parte sustancial de la anécdota.
Es la época del aire, como diría Rulfo en Pedro Páramo, agosto fuerte y tranquilo largo y brevísimo como para motivar la idea de que en el momento menos pensado agonizará junto al carretero de Amanta y se sentirá, otra vez, la angustia del nuevo año escolar, con tediosos profesores como monigotes que obligan a morir un poco cada día con obligaciones y ciencias absurdas, lejanas y aburridas.
Agosto es la verdadera escuela de la vida, donde se aprende las más sofisticadas estrategias, donde se aprende la lealtad, la solidaridad, la técnica más apropiada para manejar una cometa que se eleva orgullosa por los aires vacacionales. Un tiempo en que se desatan las pasiones y los juegos, los comienzos del amor y la sexualidad, porque son aspectos que no se pueden soslayar.
El Sol de agosto es un leit motiv que se mantiene de principio a fin, como un símbolo de la vitalidad, la fuerza, el calor, la piel curtida, el brillo y la transparencia de un mundo para siempre mágico e irrecuperable.
Esta novela evoca los instantes eternizados en la memoria: actos y sentimientos que no podrá borrarse jamás de todos los que amamos la vida de aquella forma. Hay predominio de lo sensorial: los sonidos, los colores, los olores están ahí, siempre presentes. Novela de las cosas sencillas, de la gran cotidianidad convertida en acontecimiento lucido e intenso como el propio Sol de agosto, que se oscurece o se esconde detrás de una nube negra para iluminar, quizá, el extraño como absurdo mundo de los adultos, que únicamente podrán sobrevivir al amparo de sus recuerdos cuando niños

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