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Endara Carlos H.

Era considerado un diletante en 1927, es decir, una persona aficionada a las letras, más que propiamente un escritor profesional, pero dirigía la revista “Fígaro” en Quito, donde apareció el 25 de mayo el poema “Mademoiselle Satán” escrito por Jorge Carrera Andrade, con el retrato de una Conocida hetaira dibujada por el pintor Moreano, el escándalo conmovió a la recatada ciudad de Quito. Carrera Andrade fue expulsado de su casa paterna y tuvo que andar durmiendo en los portales; su padre le puso como condición para que regresara el que pidiera disculpas a la ciudadanía y aceptó. Luego el periodista Jorge Diez sacó una copia y al público en el Comercio, sin que su autor lo supiera. “Fígaro” no volvió a salir y Carlos H. Endara anduvo por los techos algunas semanas, hasta que todo se comenzó a olvidar. Carrera Andrade tenía otros poemas más, baudelarianos, como el ya anotado, que había titulado “Los frutos prohibidos” y que respondían a un momento crucial de su existencia, cuando atrapado en el mundo de las drogas y del licor, creía encontrar su futuro en el maligno deleite de la droga heroica. Luego, dicen que “Los Frutos prohibidos” se perdieron con motivo de su viaje a Europa, lo cierto es que nunca más se ha sabido de ellos. 
Endara Crow
Los trenes no solo están presentes en sus cuadros, sino que el mismo fue un ferrocarrilero, hasta que ingresó a estudiar arte en la Universidad central de Quito, ciudad en la que nació hace 52 años. Solo entonces comprendió que su tarea no era la de estar trepado en los vagones sino, más bien, la de crear caminos en el cielo para que los trenes vuelen.
Siendo aun estudiante expone, por primera vez en la Galería de Arte de la Alianza Francesa, desde aquel momento su obra ha sido admirada en Perú, Colombia, Venezuela, México, Cuba, entre otros lugares en los que el público y la crítica han acogido su pintura con inusual entusiasmo. El pintor ecuatoriano obtuvo en 1984 el primer premio público en la Bienal Internacional de la Habana, y el primer premio del Jurado de Les Trois Lasquenets D’Or y el primer premio del público de Lasquenet de Bronce en el concurso suizo de pintura internacional 1988.
Ha recibido numerosas condecoraciones y distinciones en reconocimiento a su quehacer artístico. Además, está presente en las más importantes casas subastadoras del mundo, asi como en museos, instituciones y colecciones particulares. Su pintura esta en un continuo movimiento, no a través de cambios bruscos de estilo, técnica o temática, sino por medio de una evolución en la que se conservan los elementos populares. Su permanente búsqueda de la belleza lo ha llevado ahora a utilizar primeros planos que conmueven, que se fijan en la memoria para siempre.
Trabaja también en esculturas y en murales. Vive en cálido pueblo cercano a la capital ecuatoriana: La Merced, en donde tiene su taller en el que trabaja desde muy temprano, con una pausa al mediodía hasta que el último rayo de luz natural se pierde por los amplios ventanales de su casa de adobe y tejas coloridas. Es Gonzalo Endara Crow, sin duda, uno de los máximos exponentes de la plástica latinoamericana.
Gonzalo Endara Crow dio su obra plástica me es harto familiar. Y claro, ya la había conocido o la había descubierto en esa infancia que de tanto alejarse nos reencuentra. Esto es cuando el  pintor, que yo aseguro tener, debió también conquistar el cielo con cometas o disputar el espacio terrestre con canicas y rayuelas.
Nada sabía él, entonces, de sus técnicas y secretos artísticos, que lo han hecho famoso. Pero, lo cierto es que allí estaba, precediéndolo, ese mundo naturalmente mágico. Y, sobre todo, esos colores tan vivos que, por supuesto, no los inventó con largas paciencias en su laboratorio también llamado taller, sino que los tomó prestados ¿no está mejor decir que los heredó?- del entorno que lo había venido seduciendo.
Embarcarse en un tren que salía de la estación ferroviaria de Durán, nuestra <<vecina orilla>>, apenas dejábamos las sombras, ya agónicas, que nos acompañaban, en el cruce del río, era meterse en un cuadro de Endara. Se hacía necesario que ese largo gusano de hierro y madera que nos transportaba, levitara en buena parte de su irreal trayecto. Y es que así tenía que ser para el niño que se iba abriendo paso entre climas y topografías, en una rápida sucesión de novedades botánicas, desde las lanceoladas hojas de la caña de azúcar hasta el plátano con cabeza de medusa (¿no es verdad García Lorca?). El ascenso no podía ser lógico. Y el realismo se nos iba de pronto de las manos cuando nos elevábamos aun más en La Nariz del Diablo. Entonces los ríos comenzaban a hacerse sonoros a nuestras plantas y aunque voláramos nuestro destino no era precisamente el cielo ¡Qué va! Lo que nos esperaba y nos cubría, en el cuerpo y en la visión, era el frío con sus plantas rosáceas y sus cerros vestidos de retazos verdes. Montañas que se dejaban acariciar como potros salvajes que, sin embargo, se encrespaban a nuestro contacto, lo que, supongo, puede establecer la relación con esos hipógrafes de absurdos colores que se desplazan hacia ninguna parte.
¿Cómo lograste ingresar al mercado mundial de pintura? Mira, primero hay que pasar por el mercado colombiano, por sus galerías, si tú no logras hacerlo, estás perdido, en términos de rentabilidad. Allí, en Bogotá están los cuatro o cinco más grandes pintores de América Obregón. Manzur, Caballero, Botero, Luego de cumplido este <<requisito><, puedes ingresar fácilmente al mercado neoyorquino, y luego al europeo.