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Espinoza Mendieta Nicanor Belisario

Nació en Jadán, Prov. Del Azuay, el 30 de mayo de 1873, en el seno de un honorable hogar compuesto de 8 hijos, cuyos respetables padres fueron: el Sr. Manuel Espinoza y la Sra. María Jacoba Mendieta.
Disposiciones de Dios Condujeron a sus señores padres a la costa del Guayas para radicarse en la Hospitalaria e hidalga “Perla del Pacífico” y luego, en la no menos gentil ciudad cantonal de Daule.
El joven Nicanor, decidido a obedecer las secretas voces del cielo que le invitaban al Altar, ingreso en el Seminario de Guayaquil, que estaba situado junto a la catedral. Durante los estudios del Seminario Mayor conoció a Monseñor Isidoro Barriga, administrador Apostólico de la Diócesis de Guayaquil, quien supo valorizar las altas prendas intelectuales y espirituales del joven Espinoza y, de no haber fenecido prematuramente este caritativo e insigne obispo manabita, hubiera sido enviado a alguno de los centros eclesiásticos de Europa, con el fin de perfeccionar sus conocimientos y obtener un Grado Académico.
El 13 de Diciembre de 1892 recibió la Primera Tonsura. Al día siguiente recibió las Ordenes Menores, de manos de Monseñor Barriga y en su residencia particular. En 1893, sirvió en el Tercer Sínodo Diocesano como Hostiario.
A partir del año 1888 se produjo una crisis en el Gobierno Eclesiástico de la Diócesis de Guayaquil, cuyas consecuencias duraron hasta el advenimiento del V Obispo diocesano, en 1912.
En este interregno desfilaron por esta Sede Episcopal eminentes Prelados, en calidad de Administradores Apostólicos. Esta situación y después de la llorada muerte de Mons. Barriga, hizo que los Seminaristas buscasen un Obispo para la recepción de las Ordenes Sagradas. Por eso en 1897. Cuando la Diócesis era regida por Mons. Pío Vicente Corral, sin carácter episcopal, se dirigió a Cuenca, en cuya Catedral Monseñor Miguel León y Garrido, Obispo depuesto, le confirió el Sagrado Presbiterado.
De regreso, se fue a Daule, en donde residían sus queridos padres, con el objeto de celebrar su Primera Misa cantada.
Cargos Desempeñados: He aquí, de un modo cronológico, sus cargos desempeñados:
En 1898, Coadjutor y Párroco Encargado de El Sagrario. En 1899. Párroco de Santa Lucí. En 1901, Capellán del Hospital de Babahoyo. De 1902 a 1909, párroco de Yaguachi. De 1910 a 1916, párroco de Vinces. En 1917, párroco del Purísimo Corazón de María, en Guayaquil. En 1918, párroco de Manglaralto. De 1919 a 1921, párroco de Naranjal. De 1922 a 1943, Canónigo Honorario y Vicario Foráneo de Machala. En 1944 Monseñor Heredia le nombra Canónigo Efectivo, Vocal del Consejo Gubernativo de los Bienes de la Diócesis, Examinador Sinodal. Fue Pro vicario General en más de una ocasión; Dignidad de Tesorero del Cabildo Eclesiástico y Juez Sinodal. En 1958, a raíz del fallecimiento del Deán Ignacio J. de las Heras, fue nombrado Arcediano por S. S. Pío XII, cargo en el cual le ordenó el Señor volver a su lado.
El Rvmo. Sr. Espinoza asistió, pues al tercero, cuarto y Quinto Sínodo Diocesano Guayaquilense.
Sus Cualidades: El Altísimo de dotó de clara inteligencia y feliz memoria, Causaba verdadera admiración cuando con mucha gracia y agilidad mental discurría de filosofía y de teología, dando algunas definiciones y citando algunas clasificaciones de estas ciencias. Causaba edificación ver como en edad octogenaria se preocupaba por las nuevas orientaciones pastorales y litúrgicas, para lo cual, se procuraba libros y revistas, los mismos que si sus propios ojos no podían leer, escuchaba de labios de otras personas que con mucha fineza correspondían a sus deseos. Leía las Encíclicas, constituciones Apostólicas y Decretos del Papa Gobernante. Todos estos son ejemplos que imitar por parte de los sacerdotes que vivimos aun, pues, el estudio no debiera terminar sino cuando muestra mente nada pueda y cuando el hielo de la muerte invada nuestro ser.
Interesante asimismo es saber cuánta capacidad de trabajo tenía el Rvmo. Sr. Espinoza. Tan acostumbrado estaba al trabajo parroquial, que no reparaba en su bien avanzada edad para movilizarse en lancha, avioneta, o corro con el propósito de atender a los requerimientos espirituales de moradores de los distintos recintos y parroquias del Guayas, administrando a veces la Configuración, como una cooperación más a la extensa Arquidiócesis guayaquilense.
El Señor incrustó en el alma del Arcediano Espinoza una notable sindéresis que es la capacidad de juzgar rectamente. Esta Excelente cualidad ejercitó con destreza en las funciones de sus importantes cargos; testigos de ello los Rmo. Sres. Canónigos, en cuyas Sesiones Capitulares el respetable Arcediano, físicamente agotado y perdidos ya los rasgos de su proporcional figura externa de antaño, pero, poseído de singular prudencia y rectilíneo juicio, no detenía sus apergaminadas manos cuando era menester tomar la pluma y presentar en sencillo pliego su ilustrado parecer, resplandeciente de marcada experiencia y pleno de atinadas respuestas y resoluciones.
He recordado por unos instantes al sacerdote amigo, al benemérito Arcediano de la Catedral de Guayaquil, que expiró en la paz del Señor, el 17 de julio de 1965, laborando hasta el último de sus nonagenaria existencia.
Especial Gratitud La postreras frases de estos rasgos biográficos sean para reiterar “post mortem” al Rvmo. Sr. Arcediano Nicanor B. Espinoza Mediante mi profunda gratitud, pues, gracias a este insigne Canónigo he logrado obtener, como de primera y fidedigna fuente, numerosos e interesantes datos para la confección de estos ensayos biográficos de los sacerdotes seculares de Guayaquil.