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Farfán Antonio


En la noche del 9 de octubre de la transformación política de Guayaquil fue destinado con un corto piquete de soldados a la atrevida empresa de asaltar el cuartel de un cuerpo de Caballería; lo verifico intrépidamente con la muerte del Jefe español que mandaba el Escuadrón y la prisión de algunos oficiales realista por cuyo hecho remarcable fue condecorado por la Municipalidad de aquel pueblo con la medalla Guayaquil a su libertador. El año 20 a las órdenes del General Urdaneta y Coronel García, asistió en las acciones de Guachi y Tanisagua habiendo salido en esta ultima mortalmente herido. El 17 de julio del año 21 en Guayaquil en la sublevación general de las fuerzas sutiles proclamando al Rey de España: sostuvo seis horas de un combate horroroso con dos compañías del Batallón de su mando impidiendo el desembarco de los rebeldes que trataban de apoderarse de la plaza: a esfuerzos de esta resistencia vigorosa se libró la ciudad no solo de un saqueo general sino también de una conmoción interior promovida por los agentes del traidor Coronel López, que pasó el siguiente día a los españoles con un cuerpo de Infantería. En la Gloriosa jornada de Yaguachi a los órdenes del General Sucre donde nuevamente recibió otra herida. El año 22 en las inmediaciones de Tigsán con 16 cazadores de Yaguachi y 13 granaderos de a caballo asistió en la destrucción de una compañía del Escuadrón María Isabel de los españoles tomándose 36 prisioneros. En la campaña del mismo año para dar la libertad a Quito combatió a la vanguardia del Ejército con el cuerpo de su mando. En memorable batalla de Pichincha fue Yaguachi uno de los primeros cuerpos que afronto al enemigo a sus ordenes hasta haber quedado reducido todo el Batallón a un cuadro glorioso. En este mismo año pasó con el Batallón Pichincha a hacer la campaña de Pasto a las órdenes del General Salóm. En la retirada del Puntal hasta Ibarra sostuvo la retaguardia de los cuerpos con dos compañías del Batallón de su mando, combatiendo diariamente para salvar el Parque y los equipajes de la División. En la gloriosa acción de Ibarra combatió con el cuerpo de su mando a las inmediatas órdenes del Libertador Presidente de Colombia, salió por tercera vez herido: no obstante marchó a continuar la campaba de Pasto. En el paso de Veracruz, Jenoy y otros puntos inaccesibles facilitó el paso a los cuerpos de la División batiendo y desalojando a los rebeldes de todas sus posiciones con tres  compañías del Batallón de su mando. El 23 de septiembre en la acción general de las calles de Pasto los arrolló completamente a los rebeldes hasta hacerlos replegar en desorden al punto de su campamento. El 25 de octubre dl mismo año decidió del modo mas esplendido con el batallón Yaguachi la gloriosa acción de Catambuco, después de una precipitada fuga de los demás cuerpos del Ejército. En la 2 toma de Pasto a las órdenes del general Mires combatió siempre a la vanguardia para abrir el paso a los demás cuerpos del Ejercito. Asistió en la acción general de Mapachico y Chaguarbamba. En la provincia de los pastos a las órdenes del General Barreto decidió victoriosamente con el cuerpo de su mando los combates del Rumichaca, Santa Lucía, Gualmatn y Cerro-gordo. Durante esta penosa campaña diariamente buscaba con el estruendo de las armas la subsistencia de los cuerpos del Ejercito combatiendo mil veces entre las escarpadas rocas de Juamabú, tablón de Gómez, Taminango, Combitara, y otros infinitos puntos que presente aquella inmensa cadena de escollos. Finalmente en esta campaña decidió todas las acciones generales y combates parciales con el batallón de su mando hasta la pacificación completa de aquella belicosa provincia.
El día de la sublevación de la columna de Araure en el Ejido de Quito en medio de un fuego vivo de los facciosos se presentó solo al frente de ellos, los hizo entrar en sus deber y los condujo hasta la plaza en donde después de su nueva sublevación arrastro la inminencia de los peligros al lado del actual general Presidente hasta conseguir la destrucción de los rebeldes en el punto de Machángara, cuyo resto con una escolta de solo cuatro hombres los condujo hasta Pasto.
A su regreso de aquella provincia pasó al cantón del Chimborazo a organizar y tomar el mando de la 2 División del Ejercito contra los decadentes de la 3 división con la hizo la campaña de Guayaquil hasta la completa desorganización de los invasores. El año 27 regresó a Pasto a organizar una División para sostener aquella plaza contra las tropas insurrectas con el derrota del General Mosquera en Popayán y la invasión del ejército peruano al territorio de la República, las tropas que se hallaban a sus ordenes se sublevaron, de cuyo resultado fue hecho prisionero y desterrado a los valles de Patia, en cuyas cárceles y las de pasto arrastró que largo tiempo prisiones superiores, después de haber perdido su equipaje y sus intereses. En la noche de esta fatal revolución obligado estrechamente con puñales a firmar la entrega del tercer Escuadrón de húsares, despreció mil veces la muerte, y sin plegar a las circunstancias preparándose a un sacrificio glorioso logró salvar dicho cuerpo por cuyo hecho remarcable fue ascendido por el Libertador Presidente a General de brigada de los Ejércitos de la antigua República de Colombia. El año 30 tomo el mando de la División establecida en Otavalo y marchó a Pasto, desde donde vino a salvar la República del Ecuador  amenazada por la insurrección general de las fuerzas de mar y tierra. A su llegada a Ibarra obligo al Coronel Franco a una precipitada fuga con el Escuadrón disidente de su mando. En seguida a su arribo a Quito recibió la comisión de marcha cerca del cuartel enemigo a pedir las explicaciones necesarias al jefe que los acaudillaba sobre la agresión que intentaba hacer al territorio de la capital. En su tránsito por el cantón de Ambato logró salvar cerca de 400 fusiles abandonados por algunos jefes del ejército, con los cuales a la vuelta de su comisión levanto montoneras y partidas volantes para contener la marcha de los invasores sobre Quito. Al abrirse a esta campaña tomó el mando de Comandante en jefe de todo el Ejercito, no obstante este cargo marchó repetidas veces cerca del general enemigo a negociar los tratados de paz, la que se consiguió en el punto de la Ciénaga, con arreglo a las bases preliminares que dejo entabladas. En seguida recibió la comisión del gobierno de marchar al departamento del Azuay acompañando al Ejercito enemigo de marchar al departamento del Azuay acompañado al Ejercito enemigo, tanto para proporcionarle recursos, cuanto para hacer cumplir lo estipulado en la Ciénaga.
En su tránsito por Riobamba logró hacer pasar el Batallón cauca frustró con eficacia el plan proditorio de los disidentes de proclamarse por la República del Perú. La noche de la revolución general de los cuerpos enemigos en dicho punto afrontó mil veces la muerte para hacerlos entrar en su deber, como en efecto consiguió reduciendo a prisión el Escuadrón Cedeño con dos compañías del batallón Carabobo. Finalmente con el restablecimiento del orden constitucional dejó aquel departamento en plena tranquilidad después de haber hecho salir fuera del territorio de la República a todos los jefes revolucionarios. A su regreso a Quito encontró sublevado el batallón Vargas, y fue uno de los primeros que se presentó pero sí una transacción favorable con el dinero, a cuyo beneficio logró sacar de los calabozos a los jefes y oficiales que se hallaban en peligro de perder sus vidas, y librar a la vez el pueblo de una catástrofe horrorosa. En este día fatal no economizó ningún peligro por mas inminente que hubiese sido a presencia de todos los habitantes de Quito sufrió varias descargas de un juego vivo, tanto en la plaza mayor, cuanto en las calles del Carmen bajo. A las tres horas de este acontecimiento recibió la orden de marchar a la villa de Ibarra a levantar en mesa a los Pueblos para hostilizar a los facciosos. En la quebrada de las Carretas, ocupada por los sublevados, se abrió paso los jefes que las filas y en medio de un fuego vivo, mientras que los jefes que le acompañaban contramarcharon a la capital. En las pampas del pueblo de tusa con una carga vigorosa que mandó dar con el primer regimiento de Lanceros, logró destruir una parte de los facciosos, y el resto en barbacoas con una columna que mandó de la división de su mando a las órdenes del coronel Otamendi. A su regreso a la capital conduciendo los prisioneros nuevamente recibió la orden de contramarchar a la provincia de los Pastos a organizar una división, lo que verificó a plena satisfacción del gobierno. En este mismo año en la plaza de Tuquerres logró sofocar la revolución del primer regimiento de Lanceros acaudillado por el Coronel Mota presentándose al frente de los sublevados al mismo tiempo que iban a romper el fuego las compañías para batirse unas con otras. El año 32 al poco tiempo de este acontecimiento tomó el mando del ejército como comandante en jefe, aunque en esta ocasión no fueron muy acertadas sus operaciones a causa de haberse desconcertado el plan de la campaña con la defección a su retaguardia de los Batallones Flores y Otavalo, la falta de recursos y sobre todo la insigne traición del comandante Ignacio Sáenz en pasarse al enemigo con la columna de la vanguardia. El año 33 fue nombrado Comandante General del departamento del Azuay donde a su llegada en el término de cuatro días, no solo logró montar todo el segundo Regimiento que se hallaba a pie, sino también proporcionarle a cada lancero caballos de diestro para su marcha a Guayaquil. Del mismo modo el cuadro del batallón N°2 de Loja, puso en el número de 400 plazas con las que marchó a dicha provincia e hizo la campaña en clase de jefe del E.M. Gral. Del Ejército hasta mucho después de la gloriosa toma de aquella plaza. El año 34 regreso al Azuay con la comisión de organizar un cuerpo de Infantería, lo que efectuó en la mayor parte habiendo conseguido antes de llegar a su destino remitir al cuartel General ingentes sumas de dinero y reclutas de los cantones de Guaranda, Chimborazo y Alausí, en circunstancias que el Ejército parecía de miseria. Después de haber evacuado esta comisión fue llamado por el Gobierno a la Capital, en cuyas calles combatió diariamente en clase de oficial subalterno contra los disidentes hasta la aciaga rendición del cuartel: al poco tiempo por disposición del Gobierno revolucionario fue reducido a prisión y después desterrado al territorio de la Nueva Granada.