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Febres Cordero Montoya Francisco


En 1850 don Francisco se traslada a Cuenca, para regentar la cátedra de ingles, francés en el Colegio eclesiástico de esta ciudad. El futuro Arzobispo de Quito, Monseñor Ignacio Ordoñez nos lo describe así: “pancho era modelo de caballero por la elevación de sus ideas, la elegancia, la hidalguía y el garbo de su persona. Hablaba cinco idiomas. Era tal su indulgencia respecto de los demás que, aun en lo más recio de las luchas políticas, nadie le oyó vituperar la conducta de sus adversarios” Por influencia del Dr. Agustín cueva une su destino con doña Ana muñoz Cárdenas el 24 de enero de 1854. En Cuenca permanece pocos años y pasa a Guayaquil para ocupar la gerencia del Banco Nacional y de otras instituciones comerciales hasta su establecimiento en Lima. Al comienzo le fue viento en popa, mas las desgracias y complicaciones políticas en que se vio encerrado, no tardaron en causarle muchos disgustos. Siempre animoso lucho contra la suerte adversa, y su casa de Guayaquil continuo siendo tan hospitalaria para los amigos y los cuencanos que iban a visitarlo. El carácter inquieto del Sr. Francisco Febres Cordero, le ha llevado a reuniones de dudosa ortodoxia política, viéndose enredado en desordenes que agitan a Guayaquil.
El otro Gerente del Banco del Ecuador, francisco X. de Santistevan, de acuerdo con el Interventor de turno, Eduardo M. Arosemena, resolvieron, a mediados del 72, poner en práctica una drástica reducción de los créditos en cuenta corriente. Remedio Clásico, que implicaba un giro de 180° con respecto a la política del joven González. Por su puesto esto ocasionaría una pugna interna que culminaría con la renuncia de Santistevan y su reemplazó Francisco Febres Cordero, en agosto 18 de 1872.
Este artículo, atribuido al Dr. Clímaco Gómez Valdés, gerente del Banco crédito Hipotecario y Director de la Bolsa Mercantil ocasionó la renuncia de otros dos directores de esa entidad. En efecto, Francisco Febres Cordero, gerente del Banco del Ecuador  y Tomás Carlos Wright, presidente del mismo y personero de la Casa Luzarraga, se sentirían aludidos siendo como era Luzarraga, el accionista principal del Banco.