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Fernández de Cevallos Pedro


Don Pedro Fernández de Cevallos desempeño una importante comisión en el oriente y mereció ellas ser propuesto para primer Corregidor de Ambato: mas sus achaques, y el deseo de dedicarse a sus negocios particulares fueron motivo para excusarse de aceptar el cargo.
Dn. Pedro Fernández de Cevallos fue natural de Mariquita, en el Nuevo Reino de Granada. Donde se dio a conocer por sus conocimientos industriales y por su afición a la milicia. El Presidente de la real audiencia de Quito, Dn. José Diguja, apreciando sus actividades y su don de gentes, con que se conquistaba generales simpatías, le destino a Ambato para que ejerciera el cargo de teniente general y Justicia mayor por once años. Acertada fue esta designación por años. Acertada fue esta designación por que Cevallos contribuyó a firmar el orden en las poblaciones, donde los indios se sublevaron contra las exacciones de los blancos y la carga de los impuestos, Administró con honradez los bienes de los jesuitas, pertenecientes a la Residencia o Colegios que fundaron en nuestra Villa, cuando la Junta de Temporalidades ordenó que se los vendiera en pública subasta, Cevallos adquirió las haciendas de Gualcanga, Chiquicha y el Chaupi que después constituyeron el patrimonio de su hijo Dn. Mariano Cevallos.
Los Presidentes de la Real Audiencia, desde Diguja, premiaron su lealtad y rectitud de carácter. García León y Pizarro le nombró Juez Conservador de rentas y Comandante de Milicias en los Cuerpos de Infantería y Dragones de Ambato; Villalengua le conservó en estos empleos y le confió comisiones importantes; Mon y Velarde le fue más deferente, y se unió a él para favorecer las empresas de Oriente indicando a la Corte de Madrid como medida eficaz.
La adhesión de Canelos al Corregimiento de Ambato. El Maruqés de baja-Mar en comunicación datada en Madrid el 23 de enero de 1792, decía al Presidente de la Real audiencia a nombre del Soberano que para el Corregimiento de nueva creación se proponga a un sujeto capaz de cooperar a la explotación de la canela y que asistiendo tan buenas cualidades a Cevallos se le debería dar este destino en premio de su mérito y servicios.
Estos servicios están detallados en el informe que elevó acerca de su expedición al Oriente, el año de 1776, entre los que sobresale el haber reducido a un gran número de familias en los tres pueblos de las Misiones, San José de canelos, San Carlos del Pastaza y la Plama, auxiliado por el celo de los P.P. Sebastián Godoy y Santiago Riofrio, de la Orden Dominicana. El ilustre historiador azuayo P. Alberto María torres nos refiere que el General Dn. Manuel de Aguilar Erza, primera autoridad de la Villa de Ambato nombró Procurador General a Cevallos, y que como tal suministró entre otras cosas un trabajo estadístico acerca de la población: “Esta jurisdicción, dio en 1772, se compone de cuarenta a cincuenta mil almas según el plan que V.M. mismo ha indicado, y este lugar de diez mil a doce mil almas.
Cevallos se había casado en Popayán con Doña María Josefa Ayerve. Vivió separado de ella treinta años, por atender a las obligaciones de sus empleos y a los negocios que realizaba en Ambato, Guayaquil y Lima. Cuando ocurrió por la esposa, valiéndose de su apoderado Dn. Mariano de Lemos y Hurtado, se recibió la noticia de su muerte, confirmada por el Presbítero Juan Mariano de Grijalva, único médico que había entonces en Popayán.
Dn. Pedro Fernández de Cevallos murió muy anciano en la casa de su propiedad, cuya fachada ostenta hoy una lápida de honor de su ilustre nieto, Dn. Pedro Fermín.
Dn. Pedro Fernández de Cevallos natural de Mariquita, añadió a sus antecedentes nobiliarios el honor con que se desempeño cumpliendo en el Reino de Quito importantes comisiones. En otra sección de este libro, hemos trazados a grandes rasgos la biografía de este personaje. Fomentó el cultivo y la explotación de la cannel en el Oriente; ayudo a debelar las sublevaciones de los indígenas de los pueblos circunvecinos de Ambato; como teniente General de Corregidor de la Villa, hizo valer con celo los derechos de Patronato de la Monarquía en asuntos eclesiásticos, y administró diligentemente los intereses de la Junta de temporalidades que pertenecieron a los Jesuitas.