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Ferrer Rafael


Figura heroica la del padre Rafael Ferrer, que rompe la marcha de los misioneros escritores del XVII quiteño. Nacido en Valencia en 1566, entró en el noviciado de los jesuitas a sus veintiún años y, apenas terminados sus dos años de probación, paso a Quito. Aquí aprendió el quichua y alternó ministerios con blancos y con indios. En misiones apostólicas en Pasto y Cali comenzó a destacarse su fuerte personalidad religiosa. De vuelta en Quito se le ofreció la gran empresa con que soñara su celo entrar en tierras de los Cofanes, donde nadie se había atrevido aún a hacerlo. Tras haber reducido a aquellas gentes a poblado y haber planificado el proveerles de instrumentos de progreso, envió a Quito una petición de herramientas y materiales, junto con un informe, en 1603.
Con más de 3000 indígenas fundo el P. Ferrer San Pedro de los Cofanes. Al año siguiente agrupó nuevas parcialidades en otros dos pueblos que llamó de Santa María y Santa Cruz. En este punto se abrió a su espíritu aventurero un esplendido horizonte.
De regreso entre sus amados Cofanes, empleó los últimos días de 1608 y primero de 1609 “en ordenar sus apuntes sobre todo lo descubierto y observador, y en formar un pequeño catecismo y diccionario de la lengua de los Cofanes”. Pero, antes de ir a Quito con su informe, quiso satisfacer un escrúpulo de estudioso: en su viaje se había el Putumayo y, siempre haciendo sus apuntes, lo recorrió hacia arriba y hacia abajo, Retornó a los Cofanes a fin de año, y se detuvo allí hasta mayo, catequizando y perfeccionando sus apuntes. En junio salió a Quito y entregó su informe tanto al superior jesuita como a la Real Audiencia.
El final de la historia del padre Ferrer es doloroso. Encomenderos y soldados turbaron la tranquila vida cristiana de San Pedro de los Cofanes. Queriendo el capitán del presidio de San Miguel pasar revista de los indios en el pueblo que había fundado el jesuita, este se opuso, y el capitán le puso querella en Quito. Fue el padre ferre a defenderse ante la Audiencia, y lo hizo bien. Pero la obra de San Pedro de los Cofanes estaba herida de muerte y, al considerarla imposible, el superior de los jesuitas optó por retirar a los misioneros. No sufrió esto el padre Ferre, que tanto había amado a los Cofanes. Quiso volver como párroco, y sello todos sus trabajos y empeños con el martirio.
De la compañía de Jesús, nació en Valencia y después de haber profesado, pasó a la Provincia de Quito en la América Meridional, llevado de un deseo ardiente de emplearse en la conversación de los gentiles y entró a reducir los indios Cofanes en la Provincia de Mainas; donde, después de pasar inmensos trabajos con aquellos bárbaros, padeció el martirio a sus manos por la fe católica, en el año de 1602. Escribió la siguiente obra: Información a la real Audiencia de Quito, sobre el descubrimiento de muchos y grandes ríos y de muchas naciones bárbaras que los habitan por las partes orientales del reino.