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Fierro Humberto


Humberto Fierro “El Laúd en el valle” 1919 y “Velada palatina”, póstumo (1949) es el más perfecto y artista de los modernistas ecuatorianos; una amplia cultura la proveyó siempre de lujosos y variados materiales que el cansancio de vivir ensombreció tanto que solo la austera contención y densidad intelectual separan sus dolorosos poemas de las mas desgarrados de Noboa y Caamaño. Ensimismado, artista y culto, Fierro ejerció enorme influjo entre las gentes jóvenes de la generación. Murió del corazón, muy joven, el poeta modernista.
Y el poeta del dolor austero, que con cierto parnasianismo supo decir a la sordina: Tu caballera tiene más penas que mis años/ pero sus ondas negras aun no han hecho espuma.
Falleció el 26 de agosto de 1929. Carrera Andrade escribió en Paris “Sobre la vida y obra de Humberto Fierro” cuya delicadeza de alma y cuyo señorío se recuerda a un hoy en el país y cuya poesía está llena de colorido a lo Greco y de esbeltez espiritual. En 1947 volvió a escribir sobre Fierro en “El Prisionero de la Soledad”.
Hace 100 años, en 1890 nacía en Quito el famoso versificador modernista perteneciente a la llamada “Generación Decapitada”, Humberto Fierro quien con Arturo Borja, Ernesto Noboa Caamaño y Rematando el grupo, Medardo ángel Silva, formaron esta pléyade de escritores poetas que introdujeron en el país una nueva manera de hacer poesía y de afrontar la vida, con el llamado “Mal taciturno”. Nació al decir del escritor:
En un siglo apartado se quería/ trocar en oro puro los metales/ así como el poeta que sus males/ Transmuta en oro de melancolía.
Pasó largas temporadas en la hacienda de sus progenitores, en “Miraflores”, Cayambe; pero desdeñando la cuestión agrícola para lo que podía estar destinado; se dedicó al culto personal de la pintura, la música  y la lectura en general. Prefirió convertirse a la muerte de su padre en “amanuense” de un Ministerio, antes que a la fortuna que la agricultura le pudo haber proporcionado, ahí en su escritorio público, robándole tiempo al tiempo burocrático, devoró los libros y se nutrió de intelecto.
Simbolismo Parnasiano
Como concia el idioma francés, leyó a los Simbolistas y Parnasianos en su misma lengua, asimilando obviamente su inevitable influencia; en especial la de Charles Baudelaire, quien entre otros reacciona contra un romanticismo exacerbadamente subjetivo y vago, buscando un poema más objetivo, basado en la expresión intuitiva Publicaron una antología denominada “El Parnaso contemporáneo”. Claramente se nota lo tardío que este movimiento entra al Ecuador , debido a la raigambre clasicista que imperaba en la educación.
Era el momento europeo de la concreta y voluntarista música del genial Wagner, y de la pintura científica del impresionismo, que analizaba y estudiaba la luz a través de la pintura. Interesaba pues a los simbolistas los “Colores” los “perfumes” y los “sonidos”, los que al relacionarlos con otros objetos de la naturaleza originaba en función de un simbolismo, este nuevo modo de captar las sensaciones versificadores.
Su Tristeza Viril
Fue un pesimista del espíritu y de la pluma como sus compañeros de movimiento o escuela, po su dolor Raúl Andrade lo ha denominado como “hombre de tristeza viril”. Amante dilecto a la pintura arte que también cultivo de alguna forma. Fue como excepción el editor personal de “El laúd del valle”. Su obra, la misma que es ilustrada con dibujos de su inspiración. Por eso en sus versos asoma claramente pictográfico, como dibujando con la pluma:
Paisajista: Son las tardes de Zafiro/ que idealiza el plenilunio/…Y el Poniente todo brillo/ Se desangra en amapolas/ Propicio a las Barcarolas/ Como un otoño amarillo…
Musical: Y tu palabra es música que el corazón serena/…La magia de tu nombre como una flor perfuma/…Tienes una apacible blancura de camelia
A la Lira del poniente/ Van mil quejas en tropel/ A formar rima muriente, cruel.
También con ella gustamos/ las armonías de Bach….
El Dolor Pensativo
El Dolor de su destino la afronta estoico y, al decir de Francisco Guarderas, es poseedor de “una meditación noble y serena, una queja sin desaliento, sin blasfemia alguna, como no suelen ser las quejas”, es “el dolor pensativo” del que se ha dicho caracterizo a su verso; diferenciándolo de sus amigos de “Lied”. Su poesía es más filosófica, a pesar de las críticas de artificioso y bastante mecánico en la elaboración de su obra.
Solo quedó la tristeza/ Que deshoja la belleza/ En la copa de mi vida
…Y en los banquetes del divino era/ La mejor vianda su Filosofía.
Son muy conocidas sus “Dilucidaciones”, donde la meditación filosófica asoma clara y desbordante:
Quizás la bondad única que recibí el Orbe/ Es la de ver muy claro mi propia pequeñez. /…Desvaneciese el ansia de la sabiduría/ desde que me visitan la Noche y el dolor.
Y todo lo que ahora conozco de la vida/ Es que me encuentro triste de ser y de pensar/...No sé mentir consuelos, ni quiero que me den/…No quiero buscar glorias ni quiero buscar nada.
Me han familiarizado los días de fastidio/ Con la idea rosada de tener que morir.../ Yo no tengo Pegasos…Voy cansado al Exilio/ ¡Y no cantaré nunca la dicha de vivir!