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Fischer Juan


Nació en 1912 y fue ordenado sacerdote en 1939
Cuando el Sr. Obispo Heredia Zurita iniciaba el gobierno episcopal, se preocupó de llamar a su diócesis a sacerdotes voluntarios que quisiesen trabajar en su ex-tesis jurisdicción eclesiástica. Así fue como consiguió al estudiante Juan Fischer, nacido en Alemania, a quien envió al Colegio Pio Latinoamericano de Roma para que se prepare a trabajar en la Diócesis de Guayaquil.
Llegó a Guayaquil lleno de entusiasmo, y contento de poder hablar el idioma alemán con su Obispo de Guayaquil, y con alegría de servir a esta Diócesis. Después de unos días para que se aclimate y conozca un poco el campo de su futuro apostolado, Monseñor Heredia le nombró Párroco de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, en donde estuvo desde el mes de diciembre de 1940 hasta el 14 de marzo de 1948. Construyo la mayor parte del nuevo templo parroquial.
Trabajó con entusiasmo y eficacia haciéndose acreedor al respeto, gratitud y aprecio de los fieles de esta importante Parroquia del corazón de Jesús.
El 12 de abril de 1944 fue nombrado Canónigo Honorario del Vble. Cabildo Catedralicio de Guayaquil. El 18 siguiente fue nombrado Párroco Consultor.
En abril de 1948 fue designado Pro- Secretario de la Rvmo. Curía, pero, estuvo pocos meses, pues, a fines de septiembre fue nombrado Párroco de la Iglesia San Alejo hasta el año 1950, en donde trabajó con empeño. Arreglo los libros del archivo parroquial.
Después de este año, se trasladó a la Diócesis de Portoviejo, en donde el Excmo. Monseñor Nicanor Gavilanes, entonces Obispo de Portoviejo, le designo Vicario General y Canónigo Párroco de la Mercede, que es la iglesia Parroquial de la Catedral.
A fines de 1965 pasó por la Curia Arzobispal de Guayaquil para despedirse de las Autoridades Eclesiásticas y de los amigos, pues, según prescripción médica, debía retornar a Alemania, a causa del peligro que le era realizar su ministerio sacerdotal con la actividad con que lo hacía, pues los caminos y medios de transporte hubieran contribuido al empeoramiento de su salud ya quebrantada. Se regresó con mucha tristeza; así lo manifestó al Padre Luis Arias: “Créame que nunca he tenido tanta pena en mi vida como la que tengo ahora al pensar que me veo obligado a regresar a Alemania, porque el Ecuador , por haber vivido en Guayaquil y en Portoviejo, es mi segunda Patria”.