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Flor Vicente


El año de 1854 la República permaneció tranquila hasta los últimos meses del año, en que se reunieron las Cámaras el día señalado por la constitución. La del senado Nombró de Presidente al Sr. Manuel Gómez de la Torre, de Vice-presidente al Dr. José Manuel Rodríguez Parra y de Secretario al Dr. Juan de Corral. En la de representantes al Sr. Vicente Flor, al Dr. Pablo Guevara, y al Sr. Francisco J. Montalvo. 
Dn. Vicente Flor, tan patriota como el anterior, obraba de acuerdo con su pariente el Dr. Ante y tomó cartas en la conjuración que fraguaron los quiteños cuando Dn. Juan Ramírez ocupaban la Presidencia 1818. Confinado en Cuenca, el Cabildo de esa ciudad pidió permiso a la autoridad competente para nombra Alcalde, lo que indica que el joven Flor por su conducta correcta se hizo digno de esa distinción. Después descolló en las filas de la oposición contra el primer Presidente de la República.
En hogar rico y noble, nació don Vicente Flor, uno de los próceres de la independencia nacional que, luego de haber prestado relevantes servicios en plena campaña libertadora, fue de los que mayormente contribuyeron a poner las primeras bases de la República, como legislador, como militar y como sagaz político.
De Ambato le mandaron sus padres a Quito, ciudad en la que debía hacer sus primeros estudios. Mientras fue estudiante, le tocó asistir a las primeras manifestaciones de patriótica rebeldía del pueblo de Quito y a la gestación libertaria, entre el 10 de agosto de 1809 y fines del año 12 en el que surgió el grito definitivo de Francia independencia.
Compenetrado, pues de los ideales que alentaban estos movimientos, y obedeciendo a su propio temperamento combativo y con el entusiasmo de su juventud por las buenas causas, entró inmediatamente en la lucha republicana. A los 20 años tomó parte activísima en la conspiración de 1818 conspiración que fuera dirigida por el Dr. Ante y que fracasó en toda la línea.
Aprehendido, mientras se dirigía a cumplir con su deber, fue conducido a una mazmorra y martirizado ferozmente. Por medio de la tortura, pensaron los españoles arrancarle los secretos de la conspiración y los nombres de los demás comprometidos. Pero Flor sufre impasible el martirio corporal, y no dice media palabra sobre el asunto.
 Se le confino inmediatamente a Guayaquil; mas en esta ciudad se pone también en contacto con los patriotas; pero, a vuelta de poco, escapa de Cuenca para tomar parte en el glorioso movimiento del 9 de Octubre de 1820.
Los próceres de Guayaquil tuvieron, pues, a su lado, un fervoroso conterráneo nuestro.
Luego, provino la campaña libertadora. Las huestes de Guayaquil vinieron a la sierra y, por fatalidad, se estrellaron en los campos de Huachi. En este, como en el segundo encuentro, en las mismas llanuras fatídicas, debió de intervenir, pues que su actuación de patriota valiente y de ciudadano entusiasta se prolonga hasta muchos años de establecida la República.
Hacia 1830, ya tenemos patria independiente los ecuatorianos. Pero un militarismo extranjero que absorbía las rentas, en buena parte anti racial y abusivo, vino a constituir enorme peso para los ciudadanos. El mismo Presidente, ya no se hallaba satisfecho con su grado de General. Cuando se trató en la Cámara del proyecto de conferir al General en Jefe, el diputado flor fue uno de los que se opusieron. Y como el diputado Santisteban, autor de la moción, tratara de necios e ingratos a quienes la combatían, Flor, tomando la palabra dio: “llase creído que los que se oponen al proyecto son unos necios e ingratos, pero este raciocino no es exacto, porque los elogios dados al que dispone de las armas y puede dispones de los empleos civiles, no prueban tampoco nada en su favor; cuando en iguales circunstancias se eligió a Tiberio…Esto era en el congreso de 1831. También concurrió el señor Flor a las legislaturas de 1832,33, 35, 37, 39, 46, 47, 53, 54 y alguna otra.
He aquí a Flor como a legislador. En 1832, al reconocerse la existencia política de Nueva Granada y Venezuela, índico que en el arreglo de las relaciones con el Ecuador  se fijará: que estén perfectamente unidos (los Estados) para no consentir que ninguno vería la forma adoptada de Gobierno republicano, popular, representativo. Fue el más celoso demócrata de su tiempo.
Siempre que se tocaba a los indígenas, hacia reflexiones humanitarias por su suerte, llegando a crear una comisión en el congreso que remueva todos los obstáculos que se opongan a la ilustración y felicidad de ellos, excogitando medios para su prosperidad.
Constando abusos de Ministro pródigos en las rentas nacionales, para parientes o amigos, obtuvo el que toda pensión no aprobada por la Legislatura, no pueda ser pagada por ningún Tesorero.
Protector de estudiantes pobres: Concédase grados sin costo (de Bachiller, Jurisprudencia y Medicina) con solo una información de pobreza ante jueces ordinarios, fue su proposición, sin ser admitida. El único Representante que se opuso al Proyecto en que se prohibía la introducción de mercaderías similares a las que produce el país, por su criterio de amplia libertad comercial. En un Congreso posterior, al discutirse la ley de Aduanas, fue del parecer que se arreglen las relaciones de comercio por medio de leyes, y no de tratados, porque los últimos se verificaban siempre con perjuicio de las naciones débiles, Bogó por la mayor rebaja en las tarifas puesto que quien viene a vender, viene también a comprar, y facilitar lo primero es fomentar la industria del país.
Ambato carecía de los factores importantísimos: el paso de su río y la enseñanza de la niñez. Pues el H. Flor propuso al indicando Congreso del 32, que se le permita construir un puente de cal y piedra, o de hierro, o en su defecto abrir el socavón iniciado por el vecindario, para cobrar cinco centavos por cada montado y bestia cargada; cuyos fondos sean destinados a la Instrucción Primaria.
Proyecto tan desinteresado y favorecedor tuvo acogida en la Cámara, concediéndole 15 años de privilegio. Mas, actividades revolucionarias en que luego se vio envuelto el proponente, no dieron termino a la obra.
Al congreso del 33 asistió como Diputado por Pichincha y Manabí, siendo miembro de las mejores comisiones: Régimen Interior, Comercio y Agricultura.
Recordó su proyecto del año anterior sobre Protección a los indios, gestionó sin éxito el termino de la contribución indígena, que solo 60 años después debía, siempre tarde, acabar para ellos. Pero ha existido y existirá el afligimiento cobarde y torpe: “quien les castigue por sí, con prisiones, azotes, baños o usare de otros apremios rigurosos o vergonzosos, será castigado con multa de 25 o 50 pesos, y perderá la deuda (los patrones), en la misma que concurrieran los curas doctrinaros, sin perjuicio de los demás castigos que designan las leyes”. Son medidas cariñosas del Señor Flor para las clases más infelices y necesarias. En los primeros días de la República misma, abogó por la libertad de imprentar, con los señores Madrid, Cevallos y Ante, sin restricciones; ni siquiera con las del Ordinario Eclesiástico que censurase previamente materias de religión, como señalaba el Proyecto.
En este año la oposición al Presidente Flores se manifestó abiertamente, sin llegar a medidas de trastorno. El Gobierno pidió facultades extraordinarias al Congreso, el cual quiso concederle de ligero, en una sola discusión; mas el H Flor, uno de los de la oposición, razonando firmemente, se expresó: “Una disposición por la cual se suspenden las garantías, y en las que puede decirse, la vida, honra y propiedad de los ciudadanos, quiere resolverse en una simple discusión. La existencia de algunos periódicos insultantes no prueba la conjuración porque en todos tiempos ha habido quienes detracten las administraciones: aunque la imprenta cause males, son estos menores a los bienes que ella produce; desgraciadamente, los más grandes bienes están mezclados con grandes males, y querer destruirlos por el abuso que pueda hacerse, es lo mismo que querer exterminar el fuego porque puede causar incendios.”
Con réplicas y contrarréplicas se termino concediendo aquellas facultades, Irguió se el Diputado señor Vicente Rocafuerte y desde su cama que le retenía enfermo pasó airadísimo una nota protestando por esa concesión “arrancada de un Congreso corrompido, compuesto de clérigos aspirantes, empleados serviles y de monopolistas interesados en la continuación del agiotaje y los estancos”. Claro, se destituyo al arrojado Representante del Guayas, a quien defendieron cinco compañero, inclusive su intimo amigo Flor, alegando la inviolabilidad en las opiniones de un Diputado. Flor discurría “No es extraño que la Constitución del Ecuador  declare inviolables a sus diputados, cuando las de Europa, declaran inviolables a su Rey; una y otras tienen sus origen en la voluntad nacional, a quien el Cuerpo Legislativo debe prestar sumisión ciega”.
Pero, la verdad, el Señor Rocafuerte había pasado de opiniones a improperios.
Don Vicente Flor ya no tuvo límites en su oposición: amenazó con la protesta si el Cuerpo Legislativo entrarse siquiera a discutir el Art. 21 de una Ley sobre reducción de censos. Esta imposición, del todo inusitada mortificó al Presidente Sr. Marcos, quien llamó al orden al Diputado, manifestando que había notado cierto espíritu de facción, contrario a las funciones del Cuerpo Legislativo, del salón de sesiones al campo revolucionario, era de rigor en una persona de la integridad del Sr. Flor que a sus palabras ponía el sello de la vida practica, en toda manifestación.
El Quiteño Libre fue una sociedad brote del alma ecuatoriana para cambiar la situación sofocante del militarismo extranjero. La élite de los ecuatorianos era su componente. Desgarrada en vil engaño la noche del 19 de octubre, sus miembros y más desafectos al Gobierno escaparon perseguidos, a la Nueva Granada, y con ellos Don Vicente. Para regresar en el año siguiente con una columna a órdenes del General Sáenz, Organizada a expensas de todos ellos, la misma que fue desbaratada en Pesillo donde salvó el Señor Flor milagrosamente su vida, pues el General, rendido, y con bandera blanca, fue muerto en el acto.
A continuación, los pueblos del Norte se insurreccionaron en masa, tomando parte activa el mayormente enconado Señor Flor, con eficacia, por cuanto era vinculado en ellos por su padre ibarreño, y por grandes intereses económicos hereditarios. Esta insurrección llegó a ocupar Quito, y mandar un ejército hacia la costa. El jefe Supremo Sr. Valdivieso convocó una convención en la cual tomó parte Dn. Vicente, y como siempre “trabajó con espíritu práctico porque se hiciera algo que verdaderamente sirviese para sostener el gobierno provincial: pero sus esfuerzos chocaron contra la indiferencia de los unos y la fatal de experiencia y tino de los otros, doliéndole de que el tiempo se malgastara en varios discursos, como dice el señor C. Destruge. Tumultuosa esta Convención, frente al enemigo, hubo momento en que la fogosa exaltación del señor Flor, ofreciera 1.000 onzas de oro por a cabeza de Flores.
Luego, como en toda guerra, surgieron las comisiones de paz. Se reunieron los de Quito, Señores Matheu, Merino, Flor, Malo y General Elizalde, con los del General Flores, en Chimbo, sin llegar a ningún acuerdo. No quedó sino el recurso militar: los Ejércitos se vieron en Miñarica, para ser las fuerzas de Quito desbaratadas del todo, y luego asesinadas.
“La noticia (de Miñarica) causó en Quito una gran exasperación. La Asamblea se reunió en tumultos y deliberó en medio de la mayor confusión. Algunos propusieron buscar el apoyo del Gobierno granadino para refundirse en el antigua Patria”
Don Vicente no emigró como sus compañeros, sino que continuo tranquilamente en Quito, y hasta tratado por el General Flores con especialista consideraciones”
La sagacidad del General para enemigos de Valía sin duda, el que tomara este partido.
Con Rocafuerte cultivaba íntimas relaciones de amistad, desde antaño, de ahí que le llamara al Congreso de los años 37 y 39 sin parar atención en haber estado de campo contrario el 35, y seguramente en la conspiración que produjo la subversión del N° 1 en Riobamba valiéndole esta su destierro al Perú.
Otros cargos de importancia en que desenvolvió sus grandes aptitudes fueron el de Concejal en Ibarra, de cuyo territorio fue representante al mayor número de Legislaturas, como alguna vez de Manabí; Colector de indígenas en Ambato y Gobernador de Pichincha (1848). Presidente de Diputados lo fue el 39 y el 54.
Falleció en Quito en 1857