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Flores Juan José


Elizalde hizo cuando pudo por convencer al gobierno de Echanique en 1852 que estaba cometiendo un gran crimen en apoyar económicamente la expedición armada de Flores contra el Ecuador. El Gobierno le ofreció, no la expulsión de flores, sino una internación al Puno o al Cuzco. Siguieron los preparativos, Elizalde torno a sus reclamos, y el Gobierno ofreció mandaría a Flores a Jauja. No era ejecutada ninguna medida. El general ramón Castilla, fuera del Gobierno entonces, firmó y dio un informe al Ministro ecuatoriano, Acerca de la Verdad del Crimen en proyecto: no produjo ningún resultado. Elizalde llevó al Presidente otras así como individuos a quienes se había tratado de enganchar. En respuesta, no se obtenía sino esta frase: “Se ha ordenado a la Prefectura requiera al ex General Flores, su internación en Jauja”. El 4 de julio de 1852, por fin se resolvió a bombardear a Guayaquil. Situó el Buque Chile al frente de la ciudad, a las 11 de la noche, como los piratas de los siglos pasados, y la cañoneó, sin considerar en las personas inofensivas e indefensas. Sus balas mataron al español coronel Reina, partidario de Flores, a dos mujeres y a dos niños. Era el aniversario de la emancipación de los Estados Unidos, y el Ministro de esta de esta Nación daba una Fiesta: todos los concurrentes se alarmaron. Los Generales Urbina, Illingworth y Villamil, acudieron al fuerte llamado Saraguro, desde donde, con los astilleros  el batallón Restauradores, desplegado en guerrilla, resistieron 4 heridos. No se supo cuántos murieron en el buque; pero sí que él fue averiado. Retrocedió y desembarcaron 300 hombres en Machala; y en el estero de Camarones  se tirotearon con una tropa menor de liberales. Pronto ésta fue aumentada, y en corrales volvieron a pelear, y los filibusteros quedaron derrotados.     
“El contrato Icaza-Pritchet, se había firmado el 21 de septiembre de 1857”, dice Moncayo. “En la plenitud de sus derechos no tuvo inconvenientes el Gobierno del Ecuador, en extender el plano de las tierras baldías, que deseaba entrega a sus acreedores, en garantía de su buena fe. Uno de esos planos cayó en manos del General. Flores, y este lo presentó al general Castilla”. Ya tuvo este pretexto; y lo primero que hizo fue mandar a D. Juan Celestino Cavero, como encargado de Negocios a Quito, con instrucciones para que provocara rompimiento, pues era adecuado, por su mala crianza y altivez. J.J Flores el infatigable aventurero, había conseguido en 1857, que el Gobierno de Venezuela le incorporarse en su ejército con el grado de General en jefe: con este motivo, el Presidente de Venezuela, en su Mensaje al congreso de aquel año, ofendía al Ecuador , porque a Flores expulsó de su seno: el Gobierno Ecuatoriano, por medio de su Ministro de Relaciones Exteriores, Dr. Mata Viteri probó al de Venezuela que no eran fundadas sus ofensas, pues Flores había sido “traidor, atrevido, imprudente, desnaturalizado como el más detestable forajido. Entonces Venezuela tuvo por conveniente enviar a Quito al Coronel Andres María Alvarez, para que, como Encargado de Negocios, pidiese al Ecuador  restituyera a Flores bienes que se suponían embargados. Con este objeto tuvieron una conferencia los dos comisionados el 10 de diciembre de 1857. Defendió Alvarez a Flores, siguió una protesta de aquel y una impugnación de Mata, pero el resultado fue de que la reclamación no fue acogida y Venezuela y el Ecuador  quedaron de buenos amigos. Como el Sr. Cavero andaba en busca pretexto para el Perú rompiese con la Nación Ecuatoriana, halló uno y muy satisfactorio en las palabras del Sr. Mata, Concernientes al Perú, en la susodicha conferencia. El 19 de febrero de 1858 reclamó Cavero por aquellas frases, en la nota Diplomática, la que fue contestada triunfalmente por Mata, el 14 de marzo siguiente: Cavero decía que había ultraje al Perú en la frese” recelosos los Estados colombianos de esta sórdida y menguada protección peruana”, y Mata respondía que Flores, para la invasión de 1852, obtuvo el auxilio del Gobierno del General Echanique, y que este auxilio fue sórdido y menguado, no el Perú, porque él no lo prestó. El General Echanique, ya derrocado y proscripto en Valparaíso, público una “Vindicación” en que decía: “volvió a verme el Sr. Espantoso, (agente de Flores), y me dijo: que tenía cartas en que se les llamaba con instancia del Ecuador ; que aun los jefes de los cuerpos estaban comprometidos; que el General urbina estaba enteramente odiado, y que la sola presencia del General Flores en Guayaquil, produciría el cambio; que para esto lo tenían todo arreglado; entonces, mas en la confidencia del amigo que como gobernante, me declaró que tenía hombres, buques y, en fin, cuanto necesitaban fuera del Perú; y que todo lo que se quería de mí, era únicamente que me desentendiese y no me ofendiera de la marcha del General Flores, etc. Por estas razones convine ciertamente en lo único que se me pidió. Volvió otra vez el señor Espantoso a verme; me habló que todo lo tenía listo, pero que les faltaba un buque, y me pidió que yo se lo proporcionara: me negué a ello. Y entonces solicitó de mí una entrevista con el general Flores. Tuvo lugar, y el General, me habló de las facilidades de la empresa. Puesto que me he decidido a hablar la verdad, confesaré también que contribuí, entre otras personas de categoría, comerciantes y hacendados del país, con cinco mil pesos de mi propio peculio para la compra del vapor “Chile”.
En 1859 aparece esta proclama suscrita en la ría de Guayaquil; no fue así: fue dada a la estampa en Lima, al día siguiente de obtenidas por García Moreno las promesas de Castilla. En ella llama el más vil de los traidores a Flores: carguen la consideración en ellos los que deseen conocer el alma de un malvado. Como Flores se hallaba en Lima, no bien leyó esta proclama, mandó a su partido Vicente Piedrahita a ofrecer sus servicios al Gobierno provisorio. ¡Qué inverecundo era el tal Flores. 
En 5 de diciembre de 1833 en Babahoyo se entrevistan los representantes del Gobierno de Valdivieso, señores Pablo Merino y José Miguel Carrión; y por parte de Rocafuerte; el General Flores, José Joaquín de Olmedo y Fernando Vivero, no llegando a ningún entendimiento.
El 3 de mayo de 1845 combate de la “Elvira” hacienda vecina a Babahoyo. Las avanzadas se encuentran en el Platanal, bien cerca de la casa de Hacienda, se combate sangrientamente. El General Elizalde se regresa a Guayaquil, con gran cantidad de heridos, dejando en el campo infinidad de muertos.
El 10 de mayo Combate de Elvira. El General Elizalde regresa por segunda vez al frente de grandes fuerzas marcistas. El General Flores llegada de Quito a la Hacienda Elvira, con altos jefes, los que presentan otra sangrienta batalla. Se retira Elizalde a Guayaquil con gran cantidad de heridos y dejando en el Campo muchos muertos. El Coronel Illingworth reemplaza al general Elizalde.
El 18 de junio tratado de Virginia, hacienda frente a Babahoyo. Después de una tregua. Flores celebra un tratado por el cual deja el Poder y se retira del país.
En 1826 Juan José Flores tenía en ese entonces veinte seis años. Yo he conocido pocas personas del exterior que tuviesen más persuasivas y cualidades más amables que las suyas. La talla, mas bien pequeña que grande era bien proporcionada; su cara, notablemente bella, era plena de expresión y de benevolencia; y sus maneras impresas de un graciosa distinción, anunciaban al hombre de mundo hecho a los hábitos de una vida elegante. De un saber sin pedantería, el escuchaba con gusto, hablaba con facilidad y encantos a sus interlocutores, con una voz dulce y armoniosa. Era valiente a toda prueba, y a pesar de su juventud, sus capacidades militares y administrativas, ellas todas le habían merecido ser escogidas por Bolívar para comandar el Departamento Sur de Colombia Flores conocía muy bien el Francés. Lo hablaba y escribía correctamente.
Flores, se embarcó el 25 de septiembre, y fue a unirse con dos divisiones, una al mandó del Gral. Vicente González, y otra al del Cnel. Martínez de Aparicio, fuese al puerto de Pital; y a la de González, al de Cargaderos; el se dirigió también al Pital, como los liberales habían divido también, en ambos puertos las suyas, la mitad de estas tropezó con Martínez de Aparicio y Flores, en el Cochero, cerca de Pital. Trabó el combate, el 29 de septiembre, y no pudo resistir la tropa del Gobierno. Flores fue herido de un balazo; inmediatamente fue llevado a bordo del “Guayas”. Allí ordenó a González uniese su división con la de Martínez de Aparicio. Lo que sucedió, en efecto. El 30 trabaron otro combate, en el que fue el Gobierno vencedor y entraron en Santa Rosa los triunfantes, Flores, a bordo del Guayas, alcanzó a recibir noticia del triunfo. A las 6 p.m., mandó trasladaran al Smyrk, con el objeto de regresar a Guayaquil, y expiro, en medio de padecimientos espantosos, apenas llegó a esa última nave.
El ministro Portales: “Nada hay de más ridículo en la política americana, que ese cadete que llaman Flores”. Encastillado el General Flores en su hacienda de la Elvira y fingiendo obediencia, adhesión y lealtad al Supremo Gobierno, estuvo trazando el plan de destruirlo, y para adormecer la vigilancia de los que podían penetrar sus pérfidos proyectos, aparentó estudiar por primera vez en su vida, las reglas de la versificación, y tuvo la puril vanidad de publicar sus vulgares pensamientos, que mal medidos, pero bien corregidos y casi compuestos por el famoso poeta del Guayas, corren impresos en un cuadernillo con el retrato del Dr. General y novel versificador. Fue muy calamitoso el primer periodo de la Presidencia del General Flores; la nueva Granada; la cuestión Límites con el gabinete de Bogotá; la revolución  del Batallón Vargas; la del Batallón Flores; la desavenencia entre los mismos miembros del Gobierno hasta la separación del Dr. Valdivieso; el desgreño de la hacienda nacional; la malversación de la rentas; el giro de letras sobre los corregidores; la plaga de la falsa moneda de Breguet; la inmoralidad del agiotaje, y el escándalo del contrabando, fueron las causas verdaderas que produjeron el disgusto, la rabia y la indignación de los pueblos contra la viciosa, inmoral y perversa primitiva administración del General Flores. El lujo asiático que desplegó en la provincia de Imbabura, las ingentes sumas que derrochó en las fiestas de Ibarra en vanas rivalidades de años propio con la familia del Dr. J, F, Valdivieso, colmaron la medida de la ira y de la desesperación. De adversión porque abandonaba enteramente las riendas del Gobierno a las manos impuras del Dr. J.F. Valdivieso, muy conocido por el sobrenombre de el Tántulo Lojano, quien ejercía el Ministerio de hacienda y el de Relaciones Interiores y Exteriores, y el de Guerra y Marina estaba a cargo del General Pallares, español de nacimiento. Bien le pesó al impresivisor, incauto y novicio Flores haberse entregado tan ciegamente al hipócrita trapacista Dr. F. F. Valdivieso, pues no sabiendo cómo salir de los enredos pecuniarios en que se había metido, en el tiempo que desempeño los dos Ministerios, ocurrió al trillado ardid de la traición, al de hacerse secretamente popular, a conspirar contra esa misma administración de quien era uno de los miembros responsables. Flores fue barbero de Bobes, asistente de Calzada y paje de Rangel.
El general murió el 1 de octubre de 1864. Dos años después fueron trasladados su restos a Guayaquil y el 25 de noviembre de 1866, con grandes ceremonias, llevados a Quito, Funerales suntuosos celebraron el 26.
Don Antonio fue uno de los que cargó el cadáver hasta la recoleta. En el Atrio de la Catedral, cargó el cadáver García Moreno.
Martínez entretanto había cargado dos o tres veces a la caballería chiguagua de los Francos, y otras tantas caracoleó su regimiento sin atreverse a cruzar sus lanzas con el enemigo. Fue necesario que el General Flores, que observaba esa indecisión, se pusiera a la cabeza del regimiento de Martínez, para hacer pelear a sus soldados. Pero ya la batalla estaba perdida para los chiguaguas. La infantería de Guayaquil yacía acuchillada en el campo sin haber perdido su formación, como doce años antes lo había hecho en la funesta jornada del segundo Guachy. La infantería del interior había perdido sin combatir y la caballería de Barriga había huido desde los primeros momentos en que se trabó la batalla. En tal situación la caballería chiguagua tuvo que abandonar el campo. El general Flores la persiguió sin alcanzarla y se dirigió a Ambato, tomando algunos prisioneros, entre ellos el coronel Juan Francisco Elizalde.
Ni una sola voz se opuso a la nueva Constitución, que se trabajaba en la Convención, hasta la llegada de Rocafuerte que ocupó su puesto de Diputado a mediados de febrero; y sea porque conociese que la opinión no le favorecía para aspirar de nuevo a la Presidencia, o sea movido por su sentimiento de justicia y patriotismo, intento con su ardor acostumbrado inducir a Flores para que desistiese de su pretensiones, cediendo el puesto a Olmedo que gozaba de la mejor opinión de la Republica, por sus dilatados servicios, por su carácter conciliador que daría verdaderas garantías a todos, y más que a todos, al mismo Flores y a los demás colombianos que generalmente no eran bien vistos. El General flores había llegado la víspera. Con la certidumbre de que en Guayaquil se preparaba una revolución, salió de la Capital algunos días antes de que esta se verificase, confiado en que con su presencia lograría impedirla. En Latacunga recibió una fuerte patada de una mula que le redujo por algún tiempo a la cama. De Tacunga se hizo conducir en hamaca hasta Guaranda; allí recibió la noticia de la revolución que le comunico el vice-Presidente Marcos; y por pronto creyó oportuno que el encargado del poder ejecutivo Dr. José Félix Valdivieso, abriese negociaciones con los revolucionarios. En esta vez el general Elizalde sin dividir su fuerzas. Desembarco a pocas cuadras de la Elvira y encargó el ataque por tierra al General Ayarza. Flores dispuso entonces que una fuerte columna saliese de las trincheras con la esperanza de tomar un pequeño cañón desembarcado por los enemigos. El choque le fue desfavorable, por lo que hizo salir nuevos refuerzos por dos veces, poniéndose el mismo a la cabeza de sus tropas que fueron constantemente rechazadas, después de un combate de más de tres horas, en que sufrieron pérdidas superiores a las de sus contrarios. No pudiendo sin embargo forzar las trincheras, se retiró Elizalde a sus primeras posiciones. Sus modales distinguidos, su talento e instrucción, su facilidad para hablar la granjearon muchas e importantes simpatías que muy luego le sirvieron poderosamente para formarse recursos con que vengarse de sus enemigos y satisfacer a un tiempo sus ambiciones miras.
En Lima se le recibió muy bien por el partido aristocrático, a que pertenecía Echenique; y luego se ligó con el Ministro Osma, enemigo acérrimo de la República y de la Independencia Americana. Verdadero monarquista soñaba siempre con las cruces y cordones. A mas de contar con el apoyo del Gobierno y parte de la aristocracia del Perú fue recibido con mayor entusiasmo por unos cuantos colombianos y aun ecuatorianos emigrados o desterrados por haber sido antiguos partidarios.
Como más notables entre ellos figuraban los señores Armero, Ibáñez, Cotes y Espantoso. El capitán sueco no pudo encontrar la escuadrilla en su trayecto a Guayaquil; y dejando la fragata frente a la isla de Puna, subió en bote a verse con el general Urbina. Después  de haber sido atendido y mimado por este general, volvió a la fragata para salir al mar. Pero a poca distancia encontró la escuadrilla invasora, flores que ya sabían cuales habían sido los propósitos del capitán sueco, le envió una comisión en que figuraba Dn. Manuel Carbo, sobrino de Dn. Diego Novoa. No fue menos desgraciado el General flores en las intrigas, con sus pocos partidarios en la ciudad. Entre los ciudadanos figuraba copo principal director el joven Vicente Piedrahita, encargado de entenderse con N. Moreto, natural de Perú, introducido en la plaza como espía para arreglar y llevar a cabo la conspiración. Contaban con seguridad con dos capitanes del Batallón n°1.
Figuraba también la familia del español Dn. Vicente Martín, el mismo que en 1821 conspiró contra el Gobierno, a favor del Rey de España. La familia Martín y otra apellidada Domínguez se encargó de hacer enganches, seduciendo a los soldados del batallón Reserva, compuesto de artesanos de Guayaquil con quienes, por razón de sus respectivos oficios podían tener frecuente comunicación.
Entretanto se había acercado flores a poco más de una milla de la ciudad, fuera del tiro de cañón, sin que nadie lo molestara. El Gobierno estuvo preparando dos buques de vela para batirlo; pero fue tal la negligencia en estos aprestos, que los buques no pudieron servir oportunamente. Flores por su parte, hizo que el 4 de julio el vapor Chile y el Bergantín almirante Blanco, batiesen la fortaleza de Zaraguro, que estaba en completo abandono, pues su jefe el comandante Sánchez Rubio, aquel mismo de que se hablado como gobernador Interino de las islas Floreanas, dormía tranquilamente en su casa. Los buques de Flores no sufrieron ningún daño grave. En la plaza perecieron la mujer del Comandante Patiño y el español Reina, que desde su balcón presenciaba el combate, esperando el triunfo de Flores de quien era entusiasta partidario. Dn. Domingo Elías que urdía en chile sus tramas contra el gobierno del Presidente Echenique, convirtió a Flores en su principal agente, con lo cual adquirió este la protección de Elías luego que Castilla logró dominar el Perú. Se encargó esta legación al dr. Francisco X. Aguirre, quien llegó a Lima a fines del mes de Febrero de 1855 y casi inmediatamente supo que se esperaba a Flores, por el próximo Vapor, autorizado para ello por el Presidente Castilla. Poco después se le aseguró por personas respetables que el Gobierno peruano no alteraría las relaciones existentes con el Ecuador, sin entenderse previamente con él. Estas noticias contradictorias no dejaron de causar inquietud al Ministro del Ecuador; sin embargo y, esperando los resultados, presentó sus credenciales al Ministro de relaciones Exteriores el 9 de marzo, siendo en el acto introducido, en audiencia privada al Presidente Castilla.
Doctor honoris causa, en no sé qué cátedra que le cundiera la Universidad Central de Quito el 14 de Noviembre de 1841 el Dr. Ramón Miño, Rector de la Universidad. Le haya hecho Doctor.
Militar venezolano, general prestigioso, luchó junto a Bolívar en las guerras de la emancipación latinoamericana. Nacido en Puerto Cabello, el 19 de julio de 1800, de origen pobre y oscuro, tuvo pocos estudios, tal vez, únicamente la mala y deficiente instrucción primaria de la colonia. A muy temprana edad (15 años) ingresa como soldado en el ejército español y a su servicio alcanza el grado de sargento. Tomado prisionero por los soldados de la libertad, se convence de la justicia de la nueva causa y desde entonces prestó sin interrupción su valioso contingente a la independencia. Sirvió con celo a su cusa. Sobresaliendo por su valor e inteligencia.
Interviene en gran número de acciones de armas (Araura. Carabobo, sitio de Puerto Cabello, Bomboná, etc.). En 1827 mostró gran habilidad para volver el orden a una parte de la 3º división del Perú que invadió el sur (Ecuador).
En 1829 estableció en el Azuay su cuartel general y contribuyó principalmente al triunfo de Tarqui. Fue ascendido a General de División y negoció el tratado de Girón. Flores continuó la campaña unido a Bolívar. El Libertador se fue a Bogotá y le hizo Prefecto General del Sur y Comandante en jefe del Ejército. Cuando en 1830 nuestro país se separa de la Gran Colombia para construirse en el Estado Independiente del Ecuador, Juan José Flores fue designado como primer presidente de esta recién nacida República. Gobernó hasta 1834 y en este periodo ocurrieron la revolución de Urdaneta, sublevaciones militares que dieron margen a la pérdida de Pasto y la revolución de Rocafuerte, quien se entendió con Flores siendo designado su sucesor a la presidencia. Los partidarios de Rocafuerte siguieron en armas, pero Flores los derrotó en Miñarica, triunfo cantando por Olmedo en 1835. En 1839 volvió a la presidencia de la república y con la idea se perpetuarse en él, convocó una Asamblea, la que redactó una constitución que suprimió las libertades individuales y extendió el periodo presidencial de Flores a 8 años.
Una rebelión lo depuso en 1845.  Partió para Europa y en 1846 organizó en Londres una expedición que no pudo realizarse. Estuvo en Chile y después en el Perú, cuyo congreso le asignó una pensión como prócer de la independencia. En 1860 salió de Lima y se unió con García Moreno para ayudarlo en su lucha contra la anarquía nacional y la invasión peruana. 
En 1864 salió a combatir a los revolucionarios que se levantaron contra García Moreno y falleció casi seguida cerca de Santa Rosa a Bordo de Smark (1º de octubre) a causa de la enfermedad que causa de la enfermedad que sufría. Dos años más tarde se trasladaron sus restos con gran pompa a la catedral de Quito, donde actualmente reposan bajo un hermoso monumento.
Nació en Puerto cabello 19 de julio de 1800
Alférez 1815
Teniente 1817
Coronel efectivo 1824
Teniente Coronel 1820
Jefe de estado Mayor de Ejercito de Occidente 1821 jefe Civil y Militar de Pasto 1823
Gobernador de Pasto 1823
General de Brigada 1824
Comandante General del Departamento del Ecuador  1824-1825
Coronel 1823
General de División 27 de febrero de 1829
General en Jefe del Ejército 1829
Prefecto de Guayaquil 22 de julio de 1829
Jefe del apartamento del Sur 1830
Jefa Supremo 1830
Presidente de la Republica 14 de agosto de 1830
Electo Presidente de la Republica 11 septiembre 1830
General en jefe 30 de julio de 1835
Presidente del Senado 1837-1839
Presidente de la Republica 1839 – 15 de enero
General en jefe de ejercito 30 de julio de 1835 1863
Declarado Fundador de la Republica 30 de julio de 1835 declarado Ecuatorianao de nacimiento
Gran Cruz de Carlos III
Falleció 1 de octubre de 1864
El 18 de enero de 1835 triunfó en Miñarica, aldea de la parroquia de Santa Rosa de la jurisdicción y vecindario de Ambato. Y en la tarde de ese mismo día, antes de que Olmedo piense cantarlo homéricamente como a vencedor, el canónigo Araujo de preparó la fiesta en su residencia. Tenia en su ayuda una colección de damas, de esas que van a donde quiera cuando manda o recomienda el cura de la Parroquia. “Con gran trabajo y fatigas se endoselaron los aposentos con coronas de flores y laureles; construyéndose arcos en las portadas y en el extenso patio; se prepararon dormitorios para el general y su numerosa comitiva, comprado y pidiendo a los vecinos y amigos lo que hacía falta; falta muchas señoras las mas entendidas en el arte culinario hallaban dedicadas a la confección de los más delicados y suculentos manares dignos de Lúculo, para regalo de los victoriosos mientras por otro lado se proveía la cantina de Licores y se arreglaba la mesa con el gusto más delicado, cuanto estaba al alcance y costumbre de la época. El buen canónigo se puso con recomendable florealismo a echar la casa por la ventana. 
“A eso del anochecer entró en Ambato el victorioso con un pequeño séquito, entre aclamaciones y los hurras de los partidos políticos, y júzguese el laberinto de calles y plazas con aquel conjunto de gentes de todo linaje, entusiasmadas unas por el triunfo, y consternados otras por la perdida. “El General avanzó triunfante hacia la casa del mencionado canónigo Araujo. El amplio patio combatió en una Babel: relincho y manotones de los impacientes corceles, jadeantes por el cansancio y estornudos por el hambre; el entrar y salir de los ordenanzas, los ternos bien rasgados de los militares, las felicitaciones de los partidarios que recibían al general; los rasgados de los militares, las Felicitaciones de los partidarios que recibían al General refería con pintoresca, la acción sangrienta de la cual fue el héroe, y damas y caballeros, escuchaban con admiración. “Pero aconteció que los momentos preciosos de los obsequios y cumplimientos, un hombre de figura siniestra, alto de cuerpo, espantosamente feo como un demonio, de mirada altanera, imponente ceño, manchado rostro, manos y traje por la sangre de cuantiosas victimas y del polvo de aquel torbellino humano de la batalla, se presentó en la gran sala, asentó la lanza haciéndola cimbrar en el pavimento con ademán feroz y soberbio y exclamó dirigiéndose a Flores en tono misterios: “General he cumplido vuestras ordenes; todo ha terminado solo reta recorrer el campo…” Flores agasajó a su héroe. No sabía quizás, que ese rato llegaba de destripar a un señor Chiriboga en la esquina de la plazoleta de Santo Domingo; pero si se dio cuenta que las damas huían asustadas de ver tan terrible figura. Cando hubo algo calmado aquel laberinto, Flores dijo a Otamendi en tono jovial: Otamendi, eres n espantajo de las damas. “Y se asegura que el zambo, echando interno furibundo contestó: debo estar, mi General: he jugado Carnaval con los chiguaguas”. Al día siguiente el cura de Santa Rosa recogía cadáveres y acarreaba heridos, con la ayuda de los feligreses. En el instante preciso llegó Otamendi al campo de la sangre. Recién había amanecido el día. El General mulato habló de este modo: “¿Qué hace Ud. a esta hora, en este campo, padre?. Señor, contestó el anciano, recogemos a los muertos para darlos sepultura bendita y a los heridos para ver de salvarlos. Respondió aquel hombre de continente feroz: bien está que su paternidad recoja a los muertos y hasta lo permito suputarlos; pero respecto a los heridos no se moleste Ud. ¡carrizo!”. Porque buenas ordenes traigo de mi General…. Diciendo Otamendi y de mas exploradores comenzaron a blandir sus lanzas y rematar con crueldad sin nombre a los heridos, gozándose con fruición diabólica con las contorsiones de las victimas.. Cuando Otamendi se presentó, ¿Qué cuenta me das de los heridos? Que pasaron todos a mejor vida, mi General.
Las autoridades militares bolivianas se reunieron en Guayaquil para ponerse de acuerdo en las medidas más conducentes a la mejor defensa del territorio. No tenían realmente mucho a que deliberar y convinieron en que el General Flores volviese a su comandancia general del Ecuador  a levantar las tropas que pudiese. También acordaron antes de separarse, solicitar la intervención del General Lamar que se había retirado a su hacienda de Buijo inmediata a la ciudad después de terminada la guerra de la Independencia con la redición del Callao. Se buscaba la intervención de este General, porque se creía que siendo tía del comandante Elizalde que había ocupado a Manabí podría influir en traerlo a buen partido. El General Lamar se expuso de toda mediación porque como general Peruano no debía mezclarse con los asuntos de Colombia.
General flores quien aprovecho de la ocasión que se le ofrecía por sí mismo con el regreso del Capitán ramón Bravo, que después de entregar al General Santander las comunicaciones de Lima envió el Comandante Bustamante se encaminaba a unirse con la 3ª división.
Flores consiguió seducir a Bravo, que continúo su viaje a Cuenca. Bustamante, que llegó logró seducir, luego se apoderó del Batallón rifles, del cual había sido comandante prendió a Bustamante y a López Méndez a Riobamba a disposición del General Flores. Este los recibió bien obtuvo de Bustamante una declaración en que se dejaba traslucir que el gobierno peruano tenía miras sobre los Departamentos meridionales de Colombia.
Enseguida le dio pasaporte para Guayaquil creyendo que por su medio podría hacer una reacción en esa ciudad, como la que por medio de Bravo había hecho en Cuenca. Por esta vez flores quedó burlado en sus planes, pues Bustamante lejos de trabajar como lo había ofrecido, hizo más tarde una retracción de la declaración que había dado en Riobamba.
Sin perder tiempo reunió las tropas contra revolucionarias en Cuenca, elevando con ellos sus fuerzas a 1.300 hombres, con los cuales marchó vía de Guayaquil, incorporándose en Babahoyo el comandante Guevara con las cuatro compañías de ese batallón desembarcando en Manabí con Juan francisco Elizalde.
Despachó Lamar de Comisionados al General Juan Paz del Castillo y a los señores José María Caamaño, y María Santiago de Ycaza, quienes celebraron un arreglo en que se estipuló que los cuerpos colombianos de la 3ª división que ocupaban a Guayaquil serían enviados a otras provincias y que esta ciudad recibiría guarnición de las de flores quedando el general Lamar con el mando mientras el Gobierno nombrase sucesor. Como la Municipalidad se negó a rectificar ese convento, el general Flores continuó su marcha sobre Guayaquil,  mientras que el Jefe Superior, General Pérez, que había regresado a Quito quedaba en Babahoyo, que había fortificado, para conservar, para conservar las comunicaciones en el interior.
Lamar se retiró a Guayaquil descodificado Don justicia de la Lealtad de sus tropas. Flores avanzó hasta la hacienda de la Florida a distancia de cinco o seis leguas. Allí recibió nuevos miembros de Lamar que fueron Dn. Diego Novoa y Dn. Domingo Santistevan.
Ya por este tiempo había sido separado definitivamente de la Jefatura Superior del Sur el General Pérez, quedando el General Flores encargado de las operaciones militares. Con una sagacidad designa de todo elogio, comprendió que podía restablecer la paz sin continuar las hostilidades aprovechando hábilmente de los medios que ya tenía en sus manos para completarlos en ocasión oportuna. Así fue, que combinó con los comisionados de Guayaquil en retirar sus tropas el Departamento del Ecuador , dejando subsistentes las autoridades creadas por la municipalidad, y ofreciendo prestarse a la separación del Sur para formar un estado independiente, en el caso de que el Libertador se retirarse del Gobierno de la República. Hechos estos arreglos confidenciales acompaño a los comisionados que regresaban Guayaquil, donde tuvo una entrevista con el General Lamar.
Cumplidos esos arreglos y restablecida la paz tuvo Lamar que apartarse de Guayaquil para pasar al Perú a encargarse de la Presidencia de la República, a que fue llamado por el voto libre de los pueblos. Con este motivo, nombró la municipalidad intendente del departamento el señor Diego Novoa confirmado al Coronel Antonio Elizalde en el mando de las tropas.
 La conducta del General Flores contribuyó en mucha parte a aumentar esos temores. Joven todavía, buscaba un teatro más brillante en que ostentar su capacidad militar y satisfacer su prodigiosa ambición. Ese teatro era una campaña contra el Perú. Se creía postergado en su carrera con no haber sido llevado a concurrir como otros de sus compañeros a la marcha más gloriosa, que los colombianos habían hecho contra los españoles en ese País.
No dejó piedra por mover para azuzar la discordia entre las dos naciones. Con este objeto estableció en Guayaquil, un periódico a que dio el odioso nombre del Garrote, libelo infamatorio que excitó las pasiones y el orgullo de los peruanos, y que les dio materia para iguales represalias.
Si hubiera precedido algún acuerdo entre Mena y el Presidente hubiera este esperado tranquilo el resultado de la concertada intriga. Sucedió todo lo contrario. Flores no perdió un solo minuto en ponerse en marcha con todas las tropas que pudo reunir, haciendo adelantar aceleradamente al coronel Otamendi con un regimiento de caballería que estacionaba más cerca de la costa.
Este infatigable jefe llegó a sabaneta el 20 octubre de 1833, precisamente el mismo día en que Rocafuerte era proclamado Jefe Supremo, sabiendo en ese lugar que el pueblo de Babahoyo estaba ocupando por algo más de cien hombres enviados de Guayaquil a las órdenes del coronel Oses y del Comandante Petit continuó su marcha y los sorprendió por la noche matándoles algunos hombres, tomándose unos pocos prisioneros y dispersando el resto. Entre estos se hallaba el joven Roberto Ascasubí uno de los que desterró el Gobierno y que con sus compañeros Moncayo y Muñiz habían recobrado su libertad con la revolución de Mena.
Lo que ocurrió entonces puede tomarse como muestra aunque pequeña del estado social del Ecuador. Otamendi se creyó autorizado para imponer la pena de muerta a su prisionero. Afortunadamente los amigos del Gobierno que veían con horror semejante atentado interpusieron su influjo. Varias señoras, acompañadas de la esposa de Otamendi, se presentaron en la plazo y al fin consiguieron salvar a Ascasubí que quedó libre bajo la fianza del Coronel sucre, mientras el gobierno disponía la conveniente.
El presidente Flores marchaba entretanto, sobre Guayaquil con el grueso de sus tropas y ocupó a Mapasingue una legua distante de la ciudad el 21 de Noviembre sin que los enemigos saliesen a darle batalla. Mena que apenas podía pasar por una inacción por otra parte se atribuía al proyecto que había formado de embarcarse en la fragata Colombia para ir a piratear a Manila. Sea de esto lo que fuere lo cierto es, que él no tomo medida ninguna para defenderse en la ciudad, lo que dio lugar a que el general Flores casi sin resistencia la ocupase el 24.
Otamendi quedó encargado del paso del Salado y del manglar con 700 hombres y Flores regresó a Mapasingue para atacar simultáneamente de frente por el lado de la Tarazana mientras que Otamendi lo hiciese por la espalda de la ciudad.
Otamendi tuvo que emplear Casi todo el día 23 de Noviembre, para hacer pasar uno a uno a sus soldados por el Estero y el manglar, operación que fue descubierta antes de terminarse, lo que daba lugar para impedirla, acudiendo a tiempo, y para matar o sepultar impunemente en la ciénaga del manglar las tropas que mandaba Otamendi.
Nada de esto se hizo. Mena dándose por vencido, antes de pelear se había apresurado a embarcar en la fragata Colombia todo el armamento, municiones u provisiones que había podido reunir. Tenía hecho el ánimo de fugar; y con sus hechos hizo creer aunque así no fuera que realmente había pensado salir a piratear contra los españoles en las aguas Manila. Sin embargo de esto destacó, bien que ya tarde alguna tropa cuando ya Otamendi había pasado del lado de la ciudad. Empeño un corto combate en la sabana inmediata en que los chiguaguas hicieron poca resistencia huyendo aceleradamente a buscar refugio en la Colombia según estaba previsto.
Otamendi cuyo principal encargo era de atacar de revés las fortificaciones entre el Estero y las colinas, no persiguió a los vencidos y se dirigió a cumplir con las ordenes de su general, quien al mismo tiempo hacía atacar la Tarazana de donde los enemigos apenas le dirigieron unos pocos tiros de cañón, poniéndose también en salvo el abrigo de la fragata Colombia.
Rocafuerte que esa noche asistía a un convite se refugió en la fragata de guerra americana Fairfield. Al día siguiente el General Flores pidió al capitán de ese buque la extradición de Rocafuerte, pretensión que fue negada como era debido.
El general Flores había enviado a la Matanza al Coronel pío Díaz para que debe la orilla hostilizarse en las goletas chiguaguas, ancladas a corta distancia. Al mismo tiempo aprovechándose de la marea mandó al General Pareja con dos goletas y muchos esquifes a atacar las goletas enemigas. Entonces Mena que estaba en las Cruses de la fragata, destacó cinco grandes botes con genete suficiente para reforzar a las goletas. Viendo esto el general Paredes, que había ya comenzado el combate, echo anclas y dispuso que Otamendi con los esquifes retrocediese a encontrarse con los botes enemigos, no tardaron en abordarse y en pocos minutos tomó Otamendi tres de los botes que condujo a la ciudad llenos de sangre; los otros dos botes pudieron salvarse.
Su mala situación empeoro con la completa derrota que los Chiguaguas dieron al coronel Otamendi en las inmediaciones de chandui en que perdió casi todo un regimiento de caballería.
Entretanto el coronel Oses imitando a los Francos levantó su campo del Morro y se encaminó a la Provincia de Manabí, donde se le pasó el comandante Hidalgo que servía al Gobierno en esa provincia. Flores se puso en perseguimiento de los chiguaguas, varias veces logró alcanzarlos, sin que se empañara combate. Se había propuesto hostigarlos hasta arrojarlos de esa provincia y del cantón de Daule. Oses se unió en seguida a Babahoyo con el General Barriga que había descendido de la cordillera con el ejercito llamado restaurador, cumpliendo con las órdenes del jefe Supremo Valdivieso.
Mena se entendió con el General Flores por medio del Coronel padrón que servía a las órdenes de este; y acordaron que en un día señalado Mena sacaría de la Puna todas sus tropas dando lugar para que Flores despache un fuerte destacamento por el estero salado a sorprender a Rocafuerte en esa isla y a traerlo prisionero a Guayaquil. El coronel Ponte encargado de esta comisión la desempeño exactamente el 18 de junio y al día siguiente Rocafuerte, su secretario Rivas, y los coroneles Lavayen y Wright estaban en poder de Flores.
Rocafuerte permaneció preso y con grillos hasta el 3 de julio 1835 en que celebró un tratado con Flores para poner término a los males de la guerra. Por ese tratado quedaron unidos los dos caudillos en estrecha amistad y alianza.
El gobierno de Quito de José Félix Valdivieso, jefe Supremo, dirigió al Presidente Flores una comunicación el 21 de julio 1835 en la cual le ofrecía la paz, anunciándole que para arreglarla había nombrado una comisión compuesta de los Doctores Pablo Merino y José Miguel Carrión. Estos señores se reunieron en Babahoyo el 4 de agosto con los Doctores José Joaquín Olmedo y Luis Fernando Vivero.
Los primeros propusieron la reunión de una Convención y los segundos la de un congreso extraordinario para que este la acordase, entendiéndose, que si no llegaba a  reunirse el congreso por el mismo hecho se procedería a instalar la Convención. El negociador Merino rechazó esta proposición conciliadora. Lamado Rocafuerte por ellos convino en la reunión inmediata de la convención ofreciendo influir con el Presidente flores para que la aceptase. Este no acepto y las conferencias cesaron.
Entonces el general Baarriga retrocedió a ese pueblo; y Flores que no creyo conveniente dar batalla dentro de la población, se retiró al llano de Guachi. Allí se avistaron los dos ejércitos 16 de enero de 1835. Pero antes de llegar a las manos propuso flores una suspensión de armas mientras llegaban de Guayaquil los señores Juan Avilés y José María Santiestevan, comisionados por el jefe Supremo Rocafuerte para hacer arreglos de paz. Barriga acepto la suspensión de hostilidades, después de consultar con los Generales de paz. Barriga aceptó la suspensión de hostilidades, después de consultar con los Generales Vicente Aguirre y Manuel Mateus que le servían de consejeros o directores. Celebrado este convenio, Barriga e situó de nuevo en Ambato y Flores en Santa Rosa, esperando la resolución del Gobierno de Quito, o más bien de la Convención reunida en esa ciudad desde el 7 de Enero.
Nació en Puerto cabello Venezuela, el 18 de julio de 1800, tomo parte activa en la campaña de los treinta días, como fue denominada la Batalla de Tarqui. Y según Bolívar y Sucre, es a flores en realidad a quien se debe la victoria del 27 de febrero de 1829, por su participación activa, valiente e inteligente. El 13 de mayo de 1830, se declara jefe Supremo encargado del mando civil y militar del Ecuador, Murió en Puna el 10 de octubre de 1864.
El General venezolano Juan José Flores traiciono a América con su doble intento de reconquistar para España sus antiguas colonias, y de convertir a Costa Rica en un Protectorado de Inglaterra Borró, así cualquier mérito que pudo haber adquirido en las guerras de la Independencia. Traicionó en modo particular al Ecuador, Estado fundado por el para satisfacer sus ambiciones personales después de haber hecho asesinar al Mariscal sucre y de destruir la obra gran colombiana de Bolívar con sus reiteradas tentativas de invasión armado, ora al servicio de España, ora al servicio del Perú, desde que fue arrojado del poder por la Revolución Guayaquileña del 5 de marzo de 1845, hasta cuando, en 1860, García Moreno lo acogió como su mejor colaborador. 
Aduciendo su condición de “ciudadano venezolano por nacimiento” por intermedio diplomático al del Ecuador , a fines de 1857 y principios de 1858 apenas dos años antes de regresar al Ecuador  llamado por García Moreno la devolución de sus propiedades mal habidas con indemnización de perjuicios y hasta de sueldos no percibidos. El Gobierno de Quito rechazó con altura esas pretensiones atentatorias a la soberanía nacional, como proveniente de un “reo de Estado” y de un “Criminal que hizo armas contra la Patria” “Recordó los ofrecimientos de varias naciones hispanoamericanas de ayudar al Ecuador  contra Flores.
Inclusive Venezuela misma.
El Bloque peruano
En obediencia a la ley que dictó la asamblea Nacional el 27 de septiembre de 1852, autorizando al Poder Ejecutivo la cancelación de la “deuda inglesa” contraída en las guerras de la independencia, dando “en pago, arriendo a venta los minerales no explotados, los terrenos baldíos y cualquier otros de los bienes nacionales afectados por la ley de Crédito Público”, el gobierno del General Robles llegó a un arreglo el 21 de septiembre de 1857, después de largas negociaciones, por las que se hacia la adjudicación de tierras baldías ecuatorianas del Litoral y de la región amazónica, en pago de dicha deuda.
Desconociendo el tratado de 1829 que señala al Amazonas como limite entre el Ecuador  y el perú, y amparándose en la Cédula Real de 1802 que tiene la especifica finalidad de determinar la jurisdicción militar, modificar los territorios de los Virreinatos vecinos, el Gobierno peruano presidido por el Mariscal Castilla, se opuso a aquellas negociaciones: y para impedirlas, decreto el bloque de los puertos, bahía, caleta y desembarcaderos de la República del Ecuador , con fecha 26 de octubre de 1858, y le llevó a cabo el 1º de noviembre.
Victima principal de ese despiadado bloque fue el puerto de Guayaquil, que soporté catorce meses de penalidades indecibles por la escasez de víveres y agua