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Guardero González Sergio

Sergio Guarderas González es el decano de los pintores ecuatorianos con sus 90 años. Nos mostro en su taller una producción reciente relativamente abundante. Ha adecuado a su caballete una regla móvil para asentar su mano temblorosa y proseguir con su mayor deleite: “hace tiempo  que debo trabajar con este aparato, pues sufro dolencias tales, que otro ya hubiera dejado de pintar”, nos confía.
Nació en Santiago de Chile. Su padre fue ecuatoriano y su madre chilena. La familia retornó cuando Sergio tenía 16 años. Se encontró en Quito, el amor de su vida, pues nadie ha pintado nuestra capital con tanto cariño y calidad. “Tuvimos que venir caleteando, porque durante la Primera Guerra Mundial era peligroso alejarse mucho de la costa”, recuerda. Lo matricularon con los hermanos Cristianos, pero al poco tiempo ya estaba de alumno en bellas Artes. ¡y que alumno! Tuvo el mejor expediente cada año, y al tercero egresó con honores. Sus profesores nacionales fueron Camilo Egas- director de la escuela, Nicolás Delgado y Víctor Mideros, junto al italiano Luigi Cassadio y al francés Paul bar. Sus compañeros más recordados fueron Alberto Coloma Silva y Neptalí Martínez Jaramillo, así como los guayaquileños Antonio Bellolio y Enrique Martínez Serrano. “Antonio y Enrique Vivian en mi casa y compartían mi estudio de San Blas. Allí nos daba clases extraordinarias es gran maestro y artista que fue Luigi Cassadío, verdadero amigo de nosotros. Aparte de pintar y ayudar a mi padre en el control de la Plaza de Toros Belmonte, salía por las noches a tomar apuntes y tragos con los dos costeños y Alberto Coloma. Después ellos viajaron becados a Europa”, nos cuenta.
Aunque Cassadío les dedicó más tiempo en la enseñanza del oficio, la influencia tendencial de Paúl bar fue mayor en ellos, por lo menos en Guarderas . Si sus condiscípulos queridos se fueron a Europa, Europa vino a Sergio con los dos maestros. El italiano les hizo mirar al indio y su cultura, el francés sacó al aire libre a los estudiantes de la Escuela de Artes sita en la Alameda. En el divisionismo, el puntillismo de Sergio Guarderas, esta la mano de bar enriquecida por los movimientos anti academicistas de Los Independientes, los fotólogos y veteranos de Barbizón, que tardíos llegaban a la mitad del mundo. La primera decantación criolla del impresionismo se daba ya con Delgado y León, pero toma en la atril de Guarderas su carta de naturalización. Indudablemente hubo otra emulación en el novel artista “el impresionismo chileno que acompaño su infancia. El grupo plástico encabezado por Juan Francisco González y Alberto Valenzuela Llanos que hacía furor en el meridion del hemisferio. Lo cierto es que la escuela de Monet y sus amigos ha escoltado a nuestro artista durante toda su carrera. Ha dado aportaciones notables a dicha tendencia durante su proceso evolutivo, pero se ha mantenido fiel a ella, así como al tema axial del paisaje. 
“En 1920 conocí Guayaquil. Eran las fiestas del Centenario de la Independencia y había muchos espectáculos. Recuerdo que concurrimos a una ópera italiana”. El ha pintado cuadros de nuestra ciudad, del litoral marino y montañoso y de las poblaciones y campos serranos, pero sobre todo de Quito, Escuchemos qué nos dice acerca del inicio de su carrera: “No había mercado, era un lujo ser artista, pues uno no se podía autoabastecer. Salía la revista Caricaturas con excelentes trabajos del género, pertenecientes a Enrique Terán, Guillermo Latorre y Carlos Andrade Moscoso (Kanela). Ellos me invitaron a exponer mis pinturas con sus obras en el vestíbulo del hotel Metropolitano. Hice unos dibujos pequeños para aquella exposición que fue mi primera como profesional”. Fue la partida de muchas muestras y distinciones que el pintor tiene a su haber: El Salón, mas importante, el Mariano Aguilera, le confirió el Primer Premio en 193 y 1937, el segundo en 1932 y el tercero en 1941; obtuvo el Premio de honor en Viña del Mar (1939) y en 1940 participo en las exposiciones internaciones de Nueva York y San Francisco.

Entre los pintores que se dedicaron a buscar los rincones maravillosos de Quito, se destaca Sergio Guarderas. Ha puesto su atención principalmente en los interiores de las casas coloniales.
La casa colonial tiene un hondo significado artístico y social. Para sus tiempos fue algo que correspondía lógicamente a la organización de la familia. Por entonces, en aquellos lejanos días de la colonia, la familia. Por entonces, en aquellos lejanos días de la colonia, la familia era un mundo perfecto y cerrado, una mónada. La familia era una pequeña organización monárquia en que el jefe absoluta era el padre. La casa es cerrada con pequeña ventanas y tiene adornos solo en la puerta; en cambio, tiene un enorme patio interior. La casa colonial tiene un extenso patio que es como un gran pozo de luz. No se encontró otro medio de ennoblecer el patio que empedrándole con guijarros, dándole una apariencia granulosa. El patio es como el desahogo de la casa colonial. Fue una manifestación del vivir en el sentido de la profundidad, del hermetismo, que caracterizó a la colonia. 
Sergio Guarderos ha comprendido la importancia emotiva y artística del interior colonial y es por eso que en la mayor parte de sus cuadros predomina este tema. Se ha deleitado en linear los lienzos con una lluvia de luces violáceos sobre las piedras de los patios o con luces crepusculares que adornan el silencio de la vieja arquitectura. Pintó pasillos sombríos y largos, pasillos cercados de columnatas, rodeando a los patíos. Otro de los motivos de preferencia del pintor Guarderas ha sido el de ropa lavada en los patios. Era y es común en las cosas de tipo colonial de secar la ropa colgándola de largos perchas, de un extremo a otro del inmenso patio. Hay cierta poesía secreta en esas hileras de ropa de colores, brillando al sol como banderolas el día de fiesta. Hay en eso cierto intimismo poético que hace pensar en la familia, en los quehaceres cuotidianos, en la sencillez de la vida.
Guarderas ha hecho hincapié, si cabe, con sus lienzos, en la importancia de las escaleras de la casa colonial. La casa colonial tiene escaleras operativas, torcidas, sombrías escaleras que tienen algo de escondite o encrucijada; a un pintor este tema le proporciona material para buenas composiciones.
En el aspecto pictórico, cromático, la escalera colonial da lugar a caprichosidades. Pues, los cielos escenográficos de Quito están filtrándose entre los laberintos de las casas, creando fantoches y monstruos mágicos que el pintor ha sabido buscarlos ávidamente. Un punto de originalidad en la arquitectura quiteña encuentra el dibujante en los techos. Los techos de la ciudad forman los conjuntos más raros, más absurdos. En los techos como hongos gigantes, parecen estar derrumbándose a un lado y otro. San techos que parecen lomos de camellos. Además tienen alero enorme y mal recortado, de modo que las líneas se entrecruzan, se amarran, se enmarañan; los amplios techos de Quito están danzando una especie de locura sísmica; y, entre ellos, los gatos vigilan el cielo con sus ojos desorbitados. Guarderas ha puesto verdadera dedicación para pintar estas techumbres borrachas. Cuando la arquitectura colonial haya desaparecido completamente, siendo reemplazada por la algarabía arquitectónica de hoy, las personas que quieran recordar el pasado de Quito tendrán que acudir a los documentos inestimables que son los cuadros  del pintor Sergio Guarderos. El ha sabido retener en sus lienzos la imagen y el espíritu de una ciudad antigua que cada día se va.
Sergio Guarderas nació en Santiago de Chile, hace cuarenta años. Por completo se ha incorporado a la vida artística del Ecuador. En nuestro país realizó sus estudios, pasó por la Escuela de Bellas Artes de Quito y ha formado su hogar en la capital ecuatoriana. Hasta el presente lleva pintados unos quinientos cuadros. Es autor de un álbum de grabados con motivos indígenas y especialmente hecho para difundir el arte indígena en las escuelas. Esta obra de enorme importancia pedagógica y artística se agotó muy pronto.
Además de la pintura, Guarderas demuestra aptitudes especiales para las artes aplicadas; constantemente está forjando diseños para nuevos tipos de muebles; esta ideando nuevos tipos de juguetes; en suma, es apreciable su habilidad mecánica y su fantasía practica. Hay desempeña la dirección de la Escuela central Técnica de Quito, escuela fundada por García Moreno para la enseñanza de oficios. Hoy este establecimiento es un centro científico, donde estudian las posibilidades que tienen las industrias en Ecuador.
El pintor Guarderas tomó parte muchas veces en la Exposición Mariano Aguilera, que es el único torneo oficial del país en lo que al arte se refiere. Obtuvo los siguientes premios: segundo premio de pintura en 1932; primer premio de pintura en 1933; primer premio de pintura en 1937; tercer premio de pintura en 1941.
Organizó y realizó algunas exposiciones particulares. Concurrió en 1939 a la exposición de Viña del Mar, en Chile; en ese torneo se le concedió un premio de honor. Participó en las Exposiciones Internaciones de Artes Plásticas de Nueva York y San Francisco en 1940. Pintó varios cuadros con motivos quiteños para un barco alemán que llevaba el nombre de la ciudad de Quito. Fue uno de los fundadores de la Sociedad de Artistas de Quito, institución que por algunos años desempeño importante papel en la cultura nacional.

Sergio Guarderos es un artista de espíritu entusiasta; demuestra tenacidad en las empresas en que toma parte. Es una de los pintores más estimados de Quito por su sencillez y franqueza.