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Guayasamín Oswaldo

Tiene veintitrés años este artista que ganó el primer premio Aguilera de 1942 y el segundo del mismo torneo en 1941. Ha triunfado rápidamente. Ancio en Quito y, como la mayoría de los pintores nacionales, estudio en la Escuela de Bellas artes, de donde estuvo expulsado temporalmente, por asuntos de disciplina. Egresó de la Academia en 1940.
Casi todas las horas laborables del día dedica al trabajo de taller. Es pintor y escultor. Pertenece a una modesta familia. Sus ideas sobre estética y sobre las artes un tiempo fueron extremistas, aun cuando no, eran muy consistentes.
Guayasamin hizo su primera exposición individual al año siguiente de haber egresado de la Escuela de Bellas Artes, en abril de 1941, en los salones de la Galería Caspicara. El Cuadra al cual el artista concedió mayor importancia titulaba: “El Tiempo del Desprecio”. Este mismo nombre bautiza una novela del escritor francés de filiación comunista, Andrés Malreaux. Este cuadro es una alegoría. Consiste en unos largos hombres esqueléticos, sobre un fondo gris amarillento y parece que estuvieron desprendidos del espacio, como cayendo constantemente a un abismo. Son los representantes de los hombres de la época actual, condenados a fracasar, metidos en un callejón sin salida, desprendidas por ser hombre, precisamente. Claro que, hablando honradamente, hay que forzar un poco la imaginación para conseguir que coincida esta explicación con el cuadro.
En la misma exposición había un oleo conformado con dos indígenas bañándose, un cuadro todo agua y follaje. Tiene un valor, como si dijéramos, anecdótico. En esta exposición mereció la atención de los artistas un boceto para un fresco titulado: “Éxodo”. Lo forma una hilera de indígenas evacuando el campo. Esto era seguramente lo mejor de la exposición. Asociaba ese conjunto de cabezas, en hilera, una evocación de las pinturas góticas anónimas.
Cuatro meses después de su primera exposición particular, Guayasamin se presentó en la exposición Aguilera y los cuadros con que se concurrió habían mejorado tanto que, para todos, el joven pintor fue una revolución. Se le concedió el segundo premio, habiéndose otorgado el primero al Sr. Pedro león, Director de la Escuela de Bellas Artes. Para nuestro parecer nunca estuvo Guayasamín mejor que en esa exposición. Despertó entusiasmo su óleo titulado “Páramo”. Es hasta la fecha presente el mejor cuadro que ha pintado Guayasamin. Sobre un fondo verde y gris de los páramos andinos se destaca la figura solitaria y maciza de un indio, figura sombria y fuerte sin detalles; produce una ilusión escultórica; su poncho nnegrusco hace pocos y grandes pliegues; o es un cuerpo entero, sino una figura hasta la mitad superior. El artista quiere sugerir una unidad telúrica-humana, una conformación del hombre al paramo macizo. La tristeza del páramo y la tristeza del hombre. Para conseguir el efecto escultórica ha empleado la espátula, pero sin abusar de este recurso; en su pintura posterior parece que Guayasamin abusó un poco del espatulado.
Otro de los cuadros de Guayasamin expuestos en el torneo Aguilera de 1941 es “Cantera”. Se requiere acomodar el artista en este óleo a la composición de los descendimientos de la cruz de los pintores renacentistas, con la diferencia de que en el presente caso el Cristo es un trabajador, un picapedrero que trabaja en las minas de piedra y que es sostenido por varias personas. Este cuadro vuelve hacia el anecdótico. Es  sombrío en sus colores y sintético en la ejecución de sus figuras. Una serie de angulosidades formadas por las cabezas de las figuras y por los pedrones de la cantera le proporcionaron una extraña severidad. Los trabajadores de este que puede tener un sentido doctrinario en las figuras mismas no se compagina muy bien con la idea de un episodio, que es lo que el cuadro, en definitiva, quiere ser.
En el óleo “Hombre Fumando” hacer resaltar, sobre el fondo, al huesoso hombre que fuma, a la manera de un bajorrelieve, a fuerza de amontonar pintura y de usar la espátula. El rostro del hombre que fuma parece un tronco de árbol seco; la mano que sostiene el cigarrillo esta agrandada, como para dar idea del vicio de ese hombre consumidor de nicotina y de sueños. En dicho óleo Guayasamin hace esfuerzos por ser original y entonces ya no tiene el cuadro esa espontaneidad tan generosa que ánima a “El Páramo”. En la segunda exposición individual de Oswaldo Guayasamin, realizada en 1942, se revelaron nuevos aspectos de la actividad de este pintor.