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Guerra Castillo José

Corría el año de 1855 y yo comenzaba a pergeñar diminutas croniquillas teatrales y de “farándula”, en las páginas de “El Espectador” de Bogotá, allá en su gran edificio de la Av. Jiménez de Quezada, a cuatro cuadras de la carrera séptima.
Desde “mi” mesa accidental de trabajo, dos veces por semana, miraba un poco lejos a un hombre sobre el que convergía la atención general, como si fuera dueño de un imán misterioso, poderoso, irresistible, era la crónica parlante de todo lo interesante, apasionante y fascinante que se pueda imaginar; cuando se hacia una larga pausa al trabajo en las tardes, los grandes bajaban al Café “Automático” donde pontificaba el enorme y mesiánico León de Greiff, y junto a él, el impredecible y alocado Gonzalo Aragón, profeta y mesías del nadaísmo, y sus jóvenes seguidores. Otros grandes de la Literatura, poetas y escritores se reunían a beber “tinticos”, lentamente y a conversar. Yo me entrometía entre esos monstruos  y los escuchaba…nada mas los escuchaba y echaba a volar la cometa de mi imaginación.
Aquel hombre de grueso bigotes negrísimos y cejas de jeque del desierto, se robaba la película cuando empezaba a contar historias de las cuales no se sabía jamás donde comenzaba la imaginación u donde terminaba la realidad; las entretejía con la mayor naturalidad y muchos de sus posteriores historias llevadas a las páginas de libros que cobraron hasta un premio Nobel, las escuché en fragmentos de sus propios labios. Sus mas íntimos le decían “el turco”, por sus penetrantes ojos y su aspecto de beduino charlatán, pero ese hombre que es ahora una fulgurante estrella en la historia de la literatura, era “solamente Gabo”, el redactor de crónicas apasionantes en las páginas de “El Espectador”, esas crónicas que fueron recopiladas en su primer libro editado por Colcultura en junio de 1976, pero que habían sido escritas desde 1954 aproximadamente. La segunda edición que es la que yo poseo con paginas amarillentas es ya de “Oveja Negra” de nero de 1978, con una dedicatoria breve y cariñosa de Gabo. ¡Un tesoro!...Todavia no era el Gabo de “Cien  años de soledad”, todavía no había echado a volar las mariposas amarillas de Aureliano Buendía…
Sus relatos de entonces, algunos los había recortado del diario y yo los tenias pegados sobre páginas de papel periódico… “La marquesita de la Sierpe”, seguida de “La herencia sobrenatural de la Marquesita”, “La extraña idolatría de la Sierpe”, “El muerto alegre” y otras muchas  mas. Confieso que en el trafago de mis accidentados y maravillosos viajes de cantante, payaso ayudante de mago y actor de carpas ambulantes, perdí esos recortes, pero el libro lo guardo conmigo salvado de amigos “coleccionistas”…luego vinieron sus tremendos artículos sobre “Hiroshima un millón de grados centígrados”,  “El héroe que empeño sus condecoraciones” y las sorprendentes historias exclusivas desde Roma: “Porque no había plata, De Sica se dedicó a descubrir actores” y “La batalla de las medidas”. Sin disparar un tiro, Gina gana a Sofía su primera batalla”, y luego “Terremoto periodístico por la aparición de Cristo. Cómo surgió la noticia de la visión de  Sor Pascualina”, escrito en 1955. Cuando Gabo fue a Europa meses antes de que yo lo conociera, como enviado especial para cubrir datos sobre la beneficiación de Pío XII.
Lo que yo ganaba entonces en “El Espectador” no me alcanzaba para venir, en estos países nuestros tercermundistas, los periodistas legítimos, las que amamos y sufrimos esta profesión de fe, tenemos que realizar muchas otras tareas para sobrevivir. Hay una legión de periodistas de fuste que escriben sobre todo de políticas pero que son o han sido políticos… y mujeres también (en el buen sentido de la palabra)  pero que no cobran nada y abundan en buenos apellidos… Gabo si cobraba y bien. Claro que ahora es dueño de una cadena de periódicos y sus crónicas que se publican periódicamente en cientos de diarios del mundo le reportan millones de dólares. Pero el escribió cien años de soledad, a otros nos toca vivir mil años de soledad y seguimos bregando cargadas las espaldas del fardo de los recuerdos…Sin Amargura, sin  rencor siempre descubriendo cosas nuevas, siempre indagando y bregando para poder vivir de nuestros atrevimientos….