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Gutiérrez Juan María

Publica el año de 1846 en la antología “La América poética” la edición definitiva de la victoria de Junín de olmedo, y luego, en 1848, en la ciudad de Valparaíso, las “obras poéticas” del mismo cantor guayaquileño, revisadas corregidas por éste, poco antes de morir.
Gutiérrez estuvo sin duda en Guayaquil, donde un hermano suyo, don Juan Antonio Gutiérrez, ejercía de Cónsul de chile y de la Argentina. Este Don Juan Antonio, según me he informado, después de algunas calamidades, hizo fortuna en Guayaquil, pero la perdió luego; y hasta vio no solo turbada su tranquilidad, sino amenazada su seguridad cuando el fusilamiento de Santiago viola, a quien sin duda pretendió aparar. Don Juan Antonio compartía con este compatriota suyo un mismo odio a Rosas. No fue solo por manifestaciones nacionalistas de este odio por lo qe García Moreno le cobro ojeriza al abogado argentino. Les había extendido este a la política ecuatoriana. Don Juan Antonio murió en Guayaquil el 6 de diciembre de 65, año e que don Juan María publico su libro sobre los poetas anteriores al siglo XIX. Si Don Juan María no saco el mismo en Guayaquil la copia tantas veces mencionada, se las pudo mandar su hermano. La copia de Gutiérrez es de una sola letra, que me pareció ser la suya propia.
Del cuaderno autógrafo, que Gutiérrez dice haber tenido en sus manos, tomándolo de manos de un “joven J. María Avilés” según se infiere de un vago apunte incidental puesto en uno de sus borradores.
Encontré pocos hombres que yo pueda poner, por la variedad enciclopedia de conocimientos, al nivel de este ilustre ciudadano de la República Argentina. Poeta y escritor político, se jacta por una oposición enérgica contra Rocas. Obligado a exiliar, el redactaba en Santiago uno de los mejores periódicos de Chile, durante mi estadía en esta capital, en 1851. Tres años más tarde, el llegaría a ser después de la caída de Rosas, ministro de relaciones exteriores en su país natal. La literatura le debe una cantidad de publicaciones remarcables, entre ellas: la América poética, colección de poetas hispanoamericanos, acompañada de juiciosa notas bibliográficas.
Gutiérrez fue ante todo un literato de gran valor y como tal su paso por los países que visitó durante su exilio se dedico a estudiar la manifestación literaria de esas naciones. La América Poética es el fruto logrado de sus investigaciones. En esa obra se recopilo cuanto de notable en lo literario podía exponer América por ese tiempo. El Ecuador le debe especialmente el haber conservado la única obra poética que se ha salvado de la que escribió el célebre jesuita Aguirre.
Un hermano de Gutiérrez, don Juan Antonio, desterrado también, vivía en Guayaquil, y allí formó su hogar. A visitar a su hermano se traslado desde chile el escritor, en 1851. Las impresiones del escritor argentino son curiosas: “aquí tengo, escribe a barros Arana, a mi hermano, un caballo, una habitación cómoda y mis libros. Sin embargo, este clima se excelente para los zambos que crecen aquí con una energía poderosa, pero no para quien ha gozado del calor del brasero y de la chimenea en ese Sur de América, donde está la raza verdaderamente viril.
El Dr. Gutiérrez permaneció poco tiempo en el Ecuador. “Angustiado, escribía en enero de 1852, al ver a que tristes consecuencias y a qué debilidad civil conduce a un pueblo la anarquía; al ver saludado el pabellón español con los mismo cañones con que tanta gloria conquisto bolívar; al ver la suerte de una nación independiente entregada a los movimientos tenebrosos de un cuartel de quinientos hombres, mientras una población entera contemplaba como si se tratase de los intereses de 1 Papa o del Gran Truco. Hijo del padre español y de madre porteña, nació en Buenos aires en 1809. Humanista y científico, pronto derivó hacia su verdadera vocación, las letras que cultivo en sus diversas manifestaciones: poesía, novela, investigación histórica, la crítica y el periodismo, apreciándose hoy como uno de los polígrafos más destacados que dio la Argentina en el siglo pasado. Desterrado político visito Europa y vivió en diversos países americanos, entre ellos el Ecuador, donde desarrolló una brillante labor periodística. Murió en su patria en 1878.