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Heras Francisco


(Nota de R.E. Silva zapatero).
Heras Morillo Ignacio José
Ignacio José de las Heras Morillo nació en Robres, provincia de Huesca, en España, el 31 de julio de 1885, fueron sus padres: el Sr. Dn. Mariano de las Heras Pisa y la Sra. Dña. Silvestra Morillo. Fue bautizado en esa misma población por el Vble. Sr. Cura mariano Bara siendo su Madrina la Sr. Dña. Antonia Lasierra.
Ingreso en el Seminario conciliar de Sta. Cruz, Huesca, en 1898, en donde dejo gratos recuerdos por su preclara inteligencia.
El 9 de marzo de 1909 recibió el orden Sacerdotal de manos del Excmo. Monseñor Miguel Supervia y Lostale, quien en 1910 lo envió a Riglos, de cura regente. En 1911 paso a Zaragoza como Capellán del Colegio de los Hermanos Maristas y Profesor e Inspector del Colegio San Felipe.
En compañía de un cohermano suyo, el Rdo. Sr. Pbro. José mallada obtiene el permiso de su obispo para trasladarse a América, a fin de ayudar en la Tarea salvífica de las almas a sus hermanos sacerdotes de este Continente. Se despidió de los suyos y se dirigió al Perú. Llego a Trujillo y luego, a Lima, sirviendo en las dos ciudades des 1912 a 1917.

Se despide en este año de la ciudad de los Virreyes y llega a Guayaquil, en donde se alejo para siempre de su colega el P. Mallada, que se regreso a España.
He aquí los cargos desempeñados por este activo e ilustre Canónigo que fue de Guayaquil.
El 22 de marzo de 1918 es nombrado Profesor del seminario Menor de S. Ignacio y del Colegio Seminario “San Luis” y a la vez Capellán e Inspector y Director Espiritual de los centros.
El 11 de mayo de 1920, Capellán de los hermanos de la escuelas Cristianas. El 16 de agosto del mismo año, Secretario del Obispado regido por Monseñor Andrés Machado, VI Obispo de Guayaquil.
El 9 de febrero de 1924, vocal del consejo Diocesano de Administración. El 11 de febrero, Promotor de Justicia Fiscal general; luego, Defensor del Vinculo y Asesor de la Curia de Gracia y Administración.
El 22 de abril de 1924 viajo a España para visitar a su señora madre y hermanos.
Desembarco en Barcelona y el 26 de julio llego a Zaragoza. En este viaje cumplió una misión encomendada por Mons. Machado, en enero de 1925 estuvo de regreso a Guayaquil.
El 25 de marzo es nombrado Provicario General, y el 5 de marzo de 1926 fue nombrado Secretario de la Curia.
El 31 de diciembre de 1929 tomo posesión del cargo de Párroco de la Iglesia del Purísimo Corazón de María (La Victoria) hasta el 15 de junio de 1931.

El 8 de junio de 1932 fue nombrado Cura de Vinces. El 16 de noviembre de 1933 de nuevo es nombrado Párroco del Purísimo Corazón de María. El 30 de abril de 1934 fue constituido Párroco de S. Alejo.
El 19 de marzo de 1938 fue designado secretario de Cámara y Gobierno y secretario de Cámara y Gobierno y Secretario de Temporalidades. En el IV Sínodo guayaquilense, presidio por Monseñor José F. Heredia, actuó como Secretario del mismo. Tuvo lugar en esta ciudad en los días 6, 7, 8 y 9 de octubre de 1938.
Su muerte
A las 7 y 30 a.m. del domingo de Ramos, 30 de marzo de 1958, dejo de existir el Rvmo. Sr.
Deán de las Heras, asistido por el Rmo. Sr. Ángel María Cepeda León, después de haber desplegado un ardiente apostolado a favor de Guayaquil, por el espacio de 40 años sus buenos ejemplos y con elocuentes palabra de orador notable y excelente guía de la Acción Católica.
Al fallecer este ilustre Canónigo destacamos el hecho de que él ha ganado su inmortalidad en la tierra que le vio nacer, pues, el ayuntamiento de Robres unánimemente lo ha nombrado Hijo Predilecto de esa ciudad, acordando dar su nombre a la calle de San Blas y del Deán de las Heras”, autorizando colocar en la fachada de la casa “Santia”, en donde nació una placa con la inscripción: El Deán de las Heras (en Guayaquil), Ecuador, nació en esta casa.
Un Favor  del Cielo: Antes de cerrar estas líneas dedicadas a tan respetada memoria, me permito referir un favor del cielo en bien Sr. Deán de las Heras, quien algunas veces me narro lo siguiente:
“En el segundo año de mi estada en Guayaquil, si mal no recuerdo, me puse de gravedad con no se qué fiebre, hasta el punto que Sociedad Española pensó en hacer los preparativos de mi mortuoria y de mas arreglos. Ta casi desahuciado, una tarde, mirando hacia la ventana de mi aposento con un tune recuerdo nostálgico de los mios y de mi Patria, de repente, contemplo con asombro y admiración que se abre la ventana y entra por ella un obispo esbelto de talla, con una faz serena y con aires de un enviado celestial, se acerca directamente a mi lecho de enfermo, me sonríe complacido, me acaricia suavemente y me consuela y me da a entender como si lo que tenia no era grave. Yo emocionado quise abrazarle, preguntarle quien era, mas, la visión desapareció; pero desde ese instante, me sentí como restablecido, con ánimo, funcionaba mejor mi memoria, y pleno de emoción me sentía alegre, y sollozando crecia en verdad que había curado, al dia siguiente me visito mi Medico y me encontró con sorpresa suya que el peligro había desaparecido y que estaba mejor. Yo no conté a nadie. Guardaba en secreto y concierto temor. Más en una ocasión no soporte esta emoción que sentía y conté a un ilustre sacerdote, Prelados y Obispos del Ecuador, y me dijo: “A ver si uno de los sacerdotes que están en esta fotografía se parece al que vio Ud. en su enfermedad grave”. Yo comencé a examinar una por una. Y cuando encontré la fotografía de un Obispo, exclame muy emocionado: este era, este era el que se apareció. Entonces, aquel sacerdote me dijo que se trataba del Ilmo. Monseñor Juan María Riera, V Obispo de Guayaquil, que murió con fama de santidad”.
Y este ilustre Deán añadió con todo gusto estaba dispuesto a declarar en el Proceso que se estableciese algún día acerca de este santo Obispo Riera, como algunas personas le suelen tratar.  
Su Biblioteca: por disposición del Dr. De las Heras paso al poder del Vble. Cabildo Metropolitano de Guayaquil.