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Huerta Pancho


Quienes lo conocen afirman que sin la palabra no sería Pancho Huerta. La palabra ha sido su mejor aliada y a la vez su más poderosa arma. Cuentan que cierta ocasión, cuando era embajador en Venezuela, llego con bastante retraso a una reunión de colegas. Ni bien entro pidió la palabra. El embajador de España le solicito que, tomando en cuenta su retraso, esperara para hablar. En ese momento Huerta recurrió a su antigua aliada y lanzo un discurso sobre los 500 años de dominación hispánica que dejo sin el menor animo al embajador español.
Huerta, aunque pueda parecer mentira, no maneja. Dice que nunca aprendió porque viene de una familia austera Hombre de gran ingenio, nunca le falta un recurso verbal. Siempre tiene a la mano una frase célebre que puede ser suya, de Aristóteles o de Pasteur. Pancho Huerta es de esos políticos que se perfilan desde sus primeros años. Comenzó como dirigente estudiantil en su natal Guayaquil. Muy joven llega a la Alcaldía de Guayaquil, catapultado por su naciente popularidad y el padrinazgo de Assad Bucaram. Don Buca fue elegido prefecto del Guayas. La dictadura de Velasco Ibarra les puso fuera del cargo.