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Huerta y Gómez de Urrea Pedro José


En su juventud tuvo un romance apasionado y romántico con una joven, pero no se sabe si ella murió o le dio agua de guanchiche (se le fue con otro) lo cierto es que el pobre quedo desabrido con las mujeres, retirándose de la vida activa, volviéndose un huraño profesor que vivía solo para los libros, la cultura y sus alumnos.
Desde entonces su vida fue el Vicente Rocafuerte donde paso de bedel a profesor de Historia. Acostumbraba dar largas charlas fuera de clase a quienes quisieran escucharlo y pronto se granjeo el cariño y la admiración del alumnado, que le seguía a todas partes y lo consideraban un verdadero maestro, en el más amplio y generoso sentido de la palabra. Tenía la rara costumbre, además, de obsequiar libros a sus alumnos para motivarles sus lecturas y llevarlos de la mano, sin darse cuenta, pero los caminos para motivarles sus lecturas y llevarlos de la mano, sin darse cuenta, por los caminos de la historia y en eso gastaba buena parte de sus sueldos. De allí que algunos desalmados, viéndole su porte viril y altivo (era delgadísimo y muy bien presentado y su desgano por las mujeres) le apodaban con malignidad “El Cachero”, pero jamás se supo de ninguna aventura de el, ni con hombres ni con mujeres, era lo que se dice, un asceta o lo que es lo mismo, un desengañado. Su cuarto ubicado en los bajos de la casa del Dr. Emilio Clemente huerta, se convirtió, así, sin quererlo, en un sitio de solaz y de cultura, lleno siempre de libros, de manuscritos, de monedas antiguas que él solía coleccionar, aunque por su pobreza, nunca tuvo ni muchas ni muy valiosas. En fin, el Dr. Huerta, paso por la vida haciendo el bien y cuando ya anciano era visitado por contados alumnos, que aun le recordaban y querían, conversaba desde su hamaca grande y central, sin poses, con la decencia y gravedad que proporciona la ancianidad venerable a los hombres de bien, sin dogmatismos pero con gran parsimonia y seriedad.
Nunca pontificaba, más bien seguía el método de averiguar primero y luego de un intercambio de opiniones, lograr la verdad de las cosas. Además, que se supiera, tenía la lengua más sana de Guayaquil, porque enemigo como era de los chismes, no los soportaba ni los agradecía y antes, por el contrario, trataba de cambiar el tema de conversación hacia tópicos más dignos de comentarios. 
Esta ya publicada la historia completa del colegio, con lujo de detalles y datos importantísimos, debido a la inteligente labor investigadora y a la perseverancia ejemplar del Dr. Pedro José Huerta, Vicerrector y catedrático de historia de ese establecimiento.