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Humboldt Barón Alejandro


Al romántico mozo Carlos Montufar y Larrea lo incluye entre los “jóvenes obscenos y disolutos”, aquellos que arrastraron al sabio prusiano a las “casas en que reina el amor impuro” continuaba: “Se apodera esta pasión vergonzosa de su corazón y ciega a este sabio joven hasta un punto que no puede creerse; este es Telémaco en la isla de Calipso. Los trabajos matemáticos se entibian, no se visitan las pirámides. Mide una base en las llanuras de Quito, aquí viene el objeto de sus amores, o el de cómplices de sus frugalidades. A veces compadezco a este joven, a veces me irrito. Cuando me anima esta ultima pasión, me parece que veo reanimarse las cenizas de Newton, que no llego a mujer, y con un semblante airado y terrible decir el joven prusiano: ¿Así imitas el ejemplo de pureza que deje a mis sucesores? Quieres que vuestro nombre se fije en el templo de pureza que deje a mis sucesores? Y de la Diosa Atharea? No, la gloria no es debida a un corazón que no sabe vencer a esa pasión que os domina. De poner esos instrumentos, ve a pasar una vida oscura y afeminada en medio de los placeres”. Le acusa el hijo del Marqués de haberle seducido a Humboldt a divertirse con bellas muchachas, vísperas del segundo ascenso al cráter del Pichincha. Esto festejaba al escribir: “El señor Barón, se desmayo en el Pichincha”. El 8 de junio de 1802 parten Humboldt, Bompland y Carlos Montufar dirección al Sur.